Quizás nos despertemos algún día con la noticia de que los programas informáticos que supuestamente se han empleado para manipular las elecciones norteamericanas fueron usados anteriormente para amañar las nuestras y que el fraude es el padre putativo (en el mal sentido de la palabra) de este Gobierno socialcomunista que nos está llevando a  todos los españoles –menos a sus dirigentes- a la más absoluta de las ruinas.  Y acaso nos enteremos también de que uno de los financiadores de tan descomunal engaño sea ese magnate apellidado Soros, el mismo que acudió a la Moncloa a felicitar a Sánchez tras su victoria de junio de 2018 manteniendo con él una conversación cuyo contenido no ha trascendido. Total, un hombre capaz de pintar de negro un miércoles del almanaque británico de 1992 -embolsándose 1.000 millones de dólares a costa de hundir la libra esterlina- es perfectamente capaz de embadurnar con el mismo tinte todo nuestro calendario para sus tenebrosos fines sin que nos enteremos, pues no en vano es uno de los personajes más ricos, influyentes y siniestros de Occidente. Ya conocemos bien la agenda globalista de este falso filántropo cuya fortuna depende de nuestro simultáneo empobrecimiento, de la erradicación de todo principio moral que huela a cristianismo y de la eliminación de toda frontera en Europa que pretenda  impedir o contener  su  colonización por el colectivo de desheredados del planeta Tierra, a los que este hombre proporciona un pasaje solo de ida. Y esta agenda, como regalo especial de ese ministro plenipotenciario de Satanás a los gerifaltes de España, incluye el  desmembramiento paulatino de nuestra nación en otras varias cuyo nexo político común sea la persona de un monarca cuya única prerrogativa consista en leer por televisión el día de Navidad los discursos de la ultraizquierda para blanquear con la mayor solemnidad su espantosa negrura. Naturalmente, todo ello con carácter provisional, en tanto que ese grupo de malhechores que nos gobierna consiga la mayoría parlamentaria suficiente para reformar la Constitución y mandar al Rey a freír monas con aceite de oliva. 

Pero esos objetivos no se consiguen de la noche a la mañana. La izquierda lleva mucho tiempo preparándose para dar, por la vía democrática, ese gran asalto al poder que le hará retenerlo en sus manos –aliándose con el propio demonio si es necesario- por los siglos de los siglos hasta el juicio final,  y no va  a  echar a perder su sibilina y paciente estrategia lanzándonos de golpe toda su artillería para que los españoles ofendidos reaccionemos como Viriato al toparse  con una legión romana. El señor Echenique ya nos ha pedido a las personas de bien que dosifiquemos nuestra rabia porque hasta ahora solo nos han servido un frugal aperitivo, una breve muestra de su maldad, y tenemos que estar preparados para poder digerir en los próximos años sus platos  más mortíferos, que paso a enumerar y a comentar: 

1ª) La legalización de la eutanasia, que convertirá en una actividad cotidiana el asesinato y el suicidio asistido.

2ª) Nuevas leyes que profundicen  en la promoción de los intereses de los colectivos gays y que contribuyan a desterrar los valores cristianos de nuestra sociedad, último objetivo de su programa de ingeniería social.

3ª) La derogación de la reforma laboral de Rajoy, con objeto de dificultar   los despidos de los trabajadores improductivos y provocar una rigidez en las modalidades de contratación que desincentive a todo empresario o emprendedor.

4ª) La radicalización de la legislación sobre memoria histórica, que tendrá como finalidad silenciar con multas y penas de prisión a las personas de ideología conservadora y cristiana que compartan los valores que impulsó Franco y de alguna manera defiendan su legado o simplemente hablen bien de aquella España que conocieron. Desarrollada esta política mediante el adoctrinamiento en las aulas previsto en la Ley Celaá, dentro de pocos años viviremos inmersos en una dictadura marxista que será imposible revertir.

5ª) La regulación de los alquileres, que supondrá  en la práctica no una deseada contención del actual abuso –cuya causa principal es la inseguridad jurídica que sufre hoy día un arrendador-, sino una grave limitación de la rentabilidad del mercado del alquiler de viviendas que conllevará  a una escasez en la oferta, solo perjudicial para el candidato a inquilino. Si a esto le sumamos la anunciada reforma de las leyes procesales para paralizar o suspender sine die los desahucios por falta de pago, el resultado no puede ser otro que una vulneración flagrante del derecho constitucional a la propiedad privada; es decir, una confiscación pura y dura de un inmueble al estilo bolivariano, modelo legislativo que sirve de oportuna referencia ideológica a nuestros gobernantes.

6ª) Las sucesivas subidas del salario mínimo interprofesional, que abocarán al cierre a decenas de miles de pequeñas y medianas empresas incapaces de soportar tal carga en una situación de crisis económica galopante como la provocada por la actual pandemia y las medidas de confinamiento impuestas para tratar de contenerla.

7ª) La eliminación de lo que llama “paraísos fiscales interiores” que, hablando en plata, significa la eliminación de bonificaciones y reducciones fiscales en las Comunidades Autónomas  donde no tienen el poder, como las de Madrid y Andalucía, para que los ciudadanos no puedan heredar los bienes de sus padres y demás parientes, pues la carga fiscal que recaiga sobre las herencias haga inviable su aceptación, y sea el Estado el que se apodere de ellas. Y ya sabemos que un Estado socialcomunista está ávido de recaudar impuestos o de apropiarse de los bienes de sus leales ciudadanos: es necesario subvencionar a sus miles de paniaguados para que les voten, pagar altísimos sueldos a sus dirigentes y despilfarrar el remanente que hipotéticamente pudiera resultar.

8ª) La derogación de la Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana o “Ley Mordaza”, que debe tener por interés despenalizar los asaltos y agresiones a los templos católicos, el vandalismo contra cruces, estatuas o monumentos que por su significación contraríen los postulados de la izquierda radical y, en general, las algaradas callejeras y los estragos causados por el populacho que constituye, en definitiva, el grueso de su electorado, así como eliminar la prisión permanente revisable para que los delincuentes más peligrosos salgan pronto de la prisión y siembren el pánico en las calles por tener el mérito de haber asistido con aprovechamiento a un curso de repostería en la cárcel. Y es que la defensa del orden público es una cosa muy fascista que hay que desterrar de la política.

Y 9ª) La extensión del “ingreso mínimo vital”, que no es otra cosa que el proyecto de legalizar a varios millones de inmigrantes sin papeles (con su efecto llamada correspondiente) y concederles una asignación mensual que desincentivará por completo su intento de encontrar trabajo y ganarse el pan con el sudor de su frente. De todas formas no habrá trabajo para tanta gente carente de cualificación alguna, por lo que sus bolsillos serán un pozo sin fondo. 

Estos son todos los platos del menú especial que según Echenique vamos a tener que digerir obligatoriamente en los próximos años a la manera venezolana, es decir, con una cartilla de racionamiento. No quiero imaginarme si hay postre después. Pero yo ya me he empachado solo con el olor de estas pretendidas exquisiteces y tengo que terminar mi artículo dedicándole a este pinche de las cocinas del infierno un poema en rima ondulante con un tono ciertamente execrativo.  Pero es que se lo merece. 

¡Ojalá le despeluque

haciendo birlibirloque,

y dándole yo un penique

él a mí me firme un cheque

que de la ruina me saque!

¡Ojalá que se desnuque

su cabeza de alcornoque 

y que el Congreso la ubique

donde se orine y defeque

y así callada destaque!

 

¡Ojalá que se acurruque

como un tierno albaricoque

en su silla,  modifique

su actitud y no se obceque 

en entrar al contraataque!