Nos encontramos sin duda alguna en el peor momento de la historia del mundo y de la Iglesia católica. El mundo se hunde en una espiral conflictiva y retadora, determinada por el desconcierto, el miedo y la polarización en las sociedades, en los países y los continentes. 

    En orden a la cuestión que más nos interesa abordar, el declive tan generalizado y rápido de la fe en Occidente, la razón, como ha dicho el cardenal Robert Sarah, es: “La tibieza de los cristianos es sin duda la raíz más profunda de la apostasía que estamos viviendo”. La causa, la que refiere el cardenal: “Occidente ya no puede mantenerse en pie, porque ya no sabe arrodillarse”.

    El punto álgido de esta crisis, sin descartar España, lo ostenta Alemania, que ha rebasado ampliamente las líneas rojas, situación calificada por Georg Bätzing, presidente de la Conferencia Episcopal de dicho país, de “conmoción”. Casi 360.000 personas abandonaron la Iglesia católica en Alemania en 2021, según datos presentados este 27 de junio. La cifra es un récord absoluto de abandono de la institución. El número de bautismos se ha reducido a la mitad y los casamientos a menos de la tercera parte.

    ¿Qué ha hecho Francisco como máxima Autoridad de la Iglesia ante esta situación?

    El cardenal Gerhard Müller (de 2012 a 2017 prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y presidente de la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei”, de la Comisión Teológica Internacional y de la Pontificia Comisión Bíblica), lo dice muy claro: “Roma (esto es, Francisco) ha reaccionado tarde ante las maquinaciones anticatólicas de la Herejía Sinodal Alemana, que se oponen diametralmente a la fe católica”.

    Si lo conocido por nuestro entendimiento y lo expresado por medio del lenguaje forman un todo armónico en la teoría del conocimiento. Este no ha sido el sentido de muchas de las cosas que ha dicho y sigue diciendo Francisco.

    Francisco inquietó desde el minuto siguiente a su elección y, lejos de rectificar, ha seguido impertérrito en esa línea de comportamiento, bien es cierto que atemperado por las críticas que de todos lados ha recibido. Vino para “crear lío”, según él mismo dijo, y pidió que ese “lío” se hiciera a escala planetaria. Y aunque suponemos que se refería a reformar muchas cosas que estaban mal o que eran mejorables, en su simpleza no acertó utilizar el concepto exacto. No lo hizo, porque el “lío” no es otra cosa que una situación o asunto confuso, desordenado, problemático o difícil de resolver. Que es en definitiva lo que ha creado.    

    Por eso inquieta, y lo hace cuando calla y las más de las veces cuando habla. Inquieta todo el tiempo. Va en su naturaleza, y en su tiple condición de hijo de inmigrantes, argentino y jesuita (nueva hornada). Más aún, en su visión teológica más cercana al pueblo que a la doctrina.

    Hagamos referencia a dos casos de última hora, y vengamos en ver la actitud de Francisco de una irresponsabilidad de enorme calado.

    1º. El 17 de junio, Francisco recibió en audiencia a treinta y tres monjes budistas de las escuelas Theravada y Mahayana, junto a sesenta budistas laicos y a varios representantes de la Iglesia católica en Tailandia con motivo del 50º aniversario del histórico encuentro del 17º patriarca supremo budista de esta nación con el Papa Pablo VI, el 5 de junio de 1972.

    Francisco dirigiéndose a ellos les dice: “En un momento en el que la familia humana y el planeta se enfrentan a múltiples amenazas, el diálogo amistoso y la estrecha cooperación son aún más necesarios. Lamentablemente, de todas partes se oye el grito de una humanidad herida y de una Tierra desgarrada. Buda y Jesús comprendieron la necesidad de superar el egoísmo que genera conflictos y violencia”.

    ¿A qué Papa, más aún, a qué cristiano se le ocurriría asimilar a Buda -a quien Francisco pone en primer término o lugar- con Jesús?

    2ª. Tras la decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos de fecha 24 de junio de 2022 que anuló la protección del aborto como “derecho constitucional”, vigente desde 1973, devolviendo a los Estados de la Unión capacidad de legislar sobre el mismo. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, católico y, según hace ostentación, practicante, declaró que fue “un día triste para al país, porque la salud de las mujeres ahora está en peligro”. Remarcando en su discurso, que derogar el aborto como derecho constitucional es un “error trágico”, resultado de una “ideología extremista”.

    ¿Qué ha dicho Francisco respecto de Joe Biden, tan amablemente recibido en el Vaticano junto con su esposa, amabilidad que Francisco no dispensó al presidente Trump, cristiano contrario al aborto? 

    Vayámonos ahora a Canadá, último periplo de Francisco por la “periferia”…

    Pues, aparte de pedir perdón 7 veces, que ya puestos tendría que haber sido 140 veces (70/7), Francisco ha seguido en su misma línea, a la que nos tiene tan acostumbrados: la de Vicario de Cristo y la del argentino jesuita populista izquierdista. Siendo esta segunda naturaleza la que repudiamos, censuramos y no nos cansaremos criticar.

   Sin descartar que la Iglesia como hija que es de su tiempo haya cometido errores, no es menos cierto que su labor tanto en Canadá como en el resto del mundo ha sido y sigue siendo impresionante. Aparte de que la deconstrucción de la cultura indígena se debe más a la acción política que a la labor pastoral de la Iglesia. Para terminar diciendo una estupidez de las suyas, dicha a la misma Iglesia de la que él es Pastor: “Nunca más la idea de una cultura superior”.

    ¿Cómo que no hay culturas superiores a otras? ¿Acaso no es superior la cultura católica a la de cualquier tribu de Canadá?

    Con todo, se abre un rayo de esperanza. La posible renuncia o dimisión de Francisco al Papado. Lo ha apuntado él mismo a su vuelta de Canadá: “No creo que pueda seguir a este ritmo”. Deja pues, Francisco, la puerta abierta a su dimisión: “La puerta está abierta. Es una opción muy normal”. Ha manifestado.

    Por cierto, ¿hay alguna necesidad “superior” para que los Papas viajen tanto? ¿Es necesario que Francisco viaje en la situación física en que se encuentra? ¿No sería más prudente y lógico que ahorrará energías para su labor de Apostolado?

   Si finalmente se marcha, si dimite… Que se vaya con sus “líos” y sus confusiones, y volvamos a recobrar la paz. Siempre recordaremos que Francisco no siguió la estela del impresionante legado de san Juan Pablo II y Benedicto XVI.