Quien dude de la “superinteligencia” de Lucifer, ignora el pensamiento católico que da por supuesto el haberle concedido Dios la más poderosa de las inteligencias angélicas creadas; el hecho de su precipitación en el Infierno no la afectó y, precisamente, esa excelsa cualidad hace más terribles sus sufrimientos en ese lugar de tormentos eternos, creado para los ángeles rebeldes. Ahora la utiliza para procurar llevar  al Infierno con él todos los hombres que pueda. Desgraciadamente,  la creatura predilecta del Creador --si nos atenemos al Evangelio—olvida su fin último y la razón de su existencia, descuida la oración, la penitencia, el ayuno y, en consecuencia,  carece luego  de fuerzas para enfrentarse a tan temible e inteligentísimo enemigo. Cristo murió para que nos salvemos todos, pero nos advirtió:  “Muchos son los llamados y pocos los escogidos” , “¡vigilad y orad para no caer!…”

Espero que los párrafos anteriores nos sitúen y nos ayuden a comprender la “Ley de la Historia” pues nos ayudará a comprender la razón por la cual “nuestro enemigo mortal” lleva varios siglos derrotándonos. La  “Ley de la Historia” la definí en mi tesis de grado como:  la “guerra a muerte entre las ‘DOS CIUDADES’…” (que el genio de San Agustín nos descubrió, mostrándonos toda su importancia).

La “Ciudad de la Tierra” (“ciudad de Satanás) está venciendo a la “Ciudad de Dios”, porque a lo largo de dos mil años ha sabido organizarse con tal perfección que,  hoy,  se mueve la sociedad  al ritmo, marcado por ella,  mientras que “nuestra Ciudad” –la de Dios— maravillosamente organizada durante la Edad Media y gran parte de la Moderna, empezó a ser “minada desde dentro” a partir del siglo XIX y se culminó esa obra de zapa, en el Vaticano II, donde se destruyeron los “baluartes” que la habían hecho inexpugnable.

El lenguaje sibilino y satánico fue haciendo mella, a partir del “asesinato de la Filosofía” por Descartes y Kant,  anulando la inteligencia humana mediante el  “subjetivismo” pues los hombres de hoy lo han incorporado como fundamente de su raciocinio  que “ha dejado de serlo y para convertirse en un pobre  “consumidor o usuario  de tópicos”, a todos los efectos en un “irracional”.

Este es el gran fundamento del triunfo satánico sobre el hombre (y, sobre una gran parte de la  propia Iglesia). Tenemos una Jerarquía que da pena. San Pío X y los últimos papas preconciliares,  intentaron evitarlo, pero triunfó la traición de los modernistas infiltrados a pesar del previsor juramento “ANTIMODERNISTA”, hecho obligatorio en la consagración de los obispos impuesto por el gran papa Sarto, y santo a principios del siglo XX (y ¡anulado a toda prisa! por el Vaticano II, ¿cómo iban a permitir los modernistas que “lo controlaban mediante un “golpe de estado” verse “denunciados”?)  Juramento neutralizado nada más nacer, pues los obispos perjuraron, los seminaristas fueran escuelas de Modernismo y hoy pagamos los platos. Y nos quieren convencer de las maravillas de la “Nueva Iglesia Católica”… “dialogante con el Mundo o sea con Satanás.

Si han captado la “Ley de la Historia” no les costará entender mi postura ante la guerra contra la Sinagoga de Satanás, contra ese Poder Supremo “sin rostro” que,  en la Moncloa aplica a rajatabla su plan para la aniquilación de España como nación. Por eso seré uno de los que maldigan –como Cristo maldijo a los “escandalosos”—al Rey y al Ejército si no se apresuran a impedir (cuando aún hay tiempo) que esos cabrones  arruinen la economía española. La mierda de Democracia que “nos dimos”—yo voté no—, lo primero que hizo fue cerrar los astilleros, acabar con la ganadería para importar la leche y la carne de Europa, clausurar los Altos hornos de Ensidesa, de Sagunto, vender las compañías que nos surtían de electricidad,  etc. etc., o sea, que resumiendo: hemos vivido de rentas (de la “grasa acumulada” bajo el franquismo”),  de la “liquidación de las fuentes de riqueza” creadas por el Régimen del 18 de julio bajo la dirección del Caudillo y,  ahora,  los cretinos responsables de los gobiernos, todos –el nacional y los  de las “Comunidades” regionales—se dedican a no dejar ni una sola fuente de riqueza.

En este cuarto escrito bajo el título de “Nuestro enemigo mortal” desearía convencer a mis lectores de esta realidad incontestable: Sánchez, y su equipo sólo tienen un objetivo por ser la condición que la Sinagoga de Satanás a través de Soro le ha impuesto para asegurarle la permanencia dictatorial en la Moncloa durante años (¿los de Fidel?) y es este: “Destruir todas las fuentes de riqueza españolas”. Cuando España deje de existir, y el hambre, la hambruna y la esclavitud imperen en la antigua España, Falconetti podrá crear un estado nuevo, cuyo nombre ya le darán.

Y no me digan que esto “es imposible, porque ¡está Europa!”  ¡Ilusos!, si Europa ayudará a la desaparición de nuestra Patria…, lo llevan deseando y buscando  desde hace medio milenio. Los ingenuos siempre tienen ese argumento… “¡No es posible!” Eso mismo  me decían los cubanos en los años cincuenta cuando les avisaba: ¡Vais de bruces al comunismo!

¡Sí!, esa era la respuesta que me daban siempre…pero, luego, en los años sesenta, cuando iba a Madrid,  en el “Centro Cubano” de la calle Claudio Coello, a veinte metros de la calle Goya, sus palabras eran otras: “Si te hubiéramos hecho caso, Gil…” Y, les respondía con un refrán de mi tierra. “¡A burro muerto, la cebada al rabo!”  Esto mismo, sin duda,  tendría que decir –pero ya no estaré—cuando lo anunciado se cumpla,  si el Rey y el Ejército no toman cartas en el asunto.

Amigos lectores: No pierdan tiempo leyendo los artículos magistrales sobre la situación actual, fuercen “hechos”, ¡imitemos a los romanos!: “Facta, non verba”.

Aunque lo veo difícil con tanta generación amariconada como ha producido la Democracia, ¡en  la nación y en  la Iglesia! La España de los Tercios ha degenerado en la España de las mariquitas.

No tomen a broma y por lo tanto no lo consientan  la actuación del traidor de la Moncloa cuando va impidiendo que las empresas trabajen, que el turismo funciones, que la construcción se reactive, que las exportaciones sean posibles, que se amplíen los mercados exteriores, que se trasvase el agua a la huerta del Sur.