Se llega tarde, pero más vale tarde que nunca. Esto hay que solucionarlo porque no se puede esperar más. Ni se cumple la ley, ni hay un programa político más allá de la conculcación de derechos fundamentales, la improvisación y la cesión a los partidos independentistas para sus programas identitarios. Pero no solo cede el Gobierno, aquí cada poder e institución del Estado está a lo suyo, mayormente al beneficio de las personas que ocupan dichos poderes e instituciones.

España registró este mes un crecimiento anual de inflación de un 5,4 %, acumulación que se encuentra en un 5 % por encima del año pasado. El precio de la luz ha alcanzado una media de 229 euros/KWh. Sigue sin haber una política de vivienda, cuyo precio sigue estando en manos de una especulación abusiva. El único medio que dice tener el Gobierno para recuperar el objetivo del PIB es la subida de impuestos. Las pensiones no están aseguradas con el actual sistema. Y la mejora salarial como máximo llegará al 1 % en las nóminas de los españoles. Todo esto, con una tasa de paro absolutamente insostenible, sobre todo entre nuestros jóvenes

Ahora bien, se nos dice que no nos preocupemos porque llegará dinero de Bruselas, que es de lo que hemos estado viviendo desde 1986, pero que no se engañe nadie, porque toda esa cantidad de dinero no será solo a fondo perdido, más de la mitad se nos dará como préstamo a pagar. Con lo que la estela de la “super” expansiva política monetaria, que nos ha creado déficit e inflación, aparte de otros problemas sociales, seguirá teniendo unas consecuencias muy negativas.  De lo que se deduce, que España, país de recursos escasos, necesita planificar sobre sus posibilidades, dando preferencia a aquello que mejor sirva al bien común, todo ello coordinado con serenidad, orden y firmeza.

Por si no fuera suficiente, añadimos: una oleada inmigratoria que no es sino una invasión desde todas partes del mundo, con un repunte de llegada durante la pandemia de un 155 % respecto al año pasado. Una posición geopolítica respecto a Marruecos muy complicada, de la que el Moro abusa y nosotros consentimos. Una pandemia viral que a todas luces está sirviendo de experimentación social. Y un Gobierno a la deriva, cuyos socios solo pretenden destruir España.

El tiempo manda, y no es baladí considerar que este es el momento en el que nos lo estamos jugando todo. Por eso, lo primero sería: tumbar el Gobierno. Quitar competencias a las comunidades autónomas, porque de la España plural y transversal que confeccionaría el Estado de las Autonomías hemos desembocado en el Estado imposible, paso previo para la balcanización de España. Que el Poder Judicial sea independencia respecto al sometimiento ideológico por cuotas. Liquidar el Tribunal Constitucional, cuyos miembros no merecen otro calificativo que “vividores”, siquiera sea porque el recurso de inconstitucional de la ley del aborto lleva 11 años en los cajones de este alto órgano consultivo. Implantar una política estatal energética que nos haga suficientes, soberanos y autónomos, sin despreciar de momento seguir utilizando el carbón. Acometer el urgente y pospuesto Plan Hidrológico conforme a las necesidades de todas las regiones de España. Eliminar toda injerencia ideológica en la escuela. Aplicar la cadena perpetua. Juzgar a los activistas que ayuden a los inmigrantes a llegar a nuestras fronteras. Y finalmente, reformular el poder de la Corona más allá de que todos sus actos tengan que estar refrendados, o que su función de árbitro y moderador esté limitada a denunciar la gravedad de la situación, pero sin hacer críticas o juicios de valor respecto de culpabilidades.

Lo importante es, que a pesar de una realidad llena de problemas y perplejidades, en la que no se pueda evitar cierto margen de duda metódica y de experimentación, los españoles seamos capaces de considerar que necesitamos una Revolución como la que predicó José Antonio y otros. La de quienes no miran sólo el pasado, sino principalmente el porvenir. La de quienes creen que España puede ser un país nuevo después de estos años aciagos (1976-2021)

DE FRENTE… ¡AR! no es una llamada a quienes no les corresponde asumir la situación en su totalidad, en cuya parte de responsabilidad han estado desaparecidos. Es una llamada a la sociedad española en general, porque somos los españoles en su conjunto quienes debemos dar ese “paso al frente” para remediar el descalabro de España si de verdad queremos tener futuro. Lo demás es palabrería. Palabrería de la que llevamos viviendo 40 años…