Se pueden encontrar cientos de argumentos de por qué es mala (especialmente) esta vacuna “anti-covid”. Pero no quiero que nos centremos en la información sobre el origen, composición y finalidad de este líquido que quieren inyectar en el cuerpo de más gente posible, sino en la forma de cómo plantarle la cara de modo eficaz.

Recordaré sin embargo dos cuestiones de vital importancia, y una consideración posterior: esta vacuna – así le llaman – se desarrolla en parte a partir de células de un feto abortado. ¿Cómo uno puede permitir que sea necesario matar a un ser humano para curarse? No debería haber más razones para una persona cabal e íntegra para negarse a recibir semejante brebaje.

Otro elemento a tener en cuenta es que nadie puede meterte nada en tu cuerpo sin tu consentimiento. Ni luego coaccionarte si no quieres aceptarlo. Algo elemental y de racionalidad obvia, que sin embargo vemos amenazado por todas partes: que si no podrás viajar si no te vacunas, que si no podrás a determinados trabajos, que en otros en los que ya estás empleado o te vacunas o te vas, etc., etc. Llegando hasta afirmar algunos de los fanáticos de la necesidad de la vacunación que habría que recurrir a la fuerza si fuese preciso.

[La Corte Suprema de Brasil, con 11 votos a favor y en contra, sentencia (en contra del parecer de Bolsonaro) que la vacunación en Brasil podría ser obligatoria. Multas y restricciones para los que se oponen.]

Por último, piensa al margen de lo mencionado incluso: ¿quién te quiere vacunar? Esta misma gente que te quita la libertad más básica a su antojo; los que te encierran para luego darte la vitamina D en el hospital; los que quieren prohibirte que veas a los tuyos si están lejos, los que te imponen toques de queda, siendo estos inexistentes en las fronteras. Esta gente que promueve leyes de muerte, desde el aborto hasta la eutanasia, que te apesta – suavemente dicho – si te atreves a decir abiertamente lo contrario a las televisiones del gobierno,  esta gente dice que te quiere curar. En definitiva, la gente que no te quiere, y te miente. ¿Y tú vas a creer a estos? Con esto solo basta no querer vacunarse a precio que sea.

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[Siervos globalistas, obispos “católicos” americanos, consideran que vacunarse es una obligación moral. Sí, supuestos representantes de una ONG la construcción de vuestras mentes a la que pretendéis llamar “Iglesia Católica”, que es bien otra cosa, hay clara obligación moral de resistir a esta inicua imposición; tomando vuestras palabras al revés, habéis dicho bien: los católicos lucharemos en el sentido opuesto al vuestro mal consejo.]

Entonces, ahora se plantea la pregunta de cómo plantarse ante la amenaza de vacunación coactiva. Porque una cosa está clara: si dejan a la gente decidir libremente, no se vacunan ni la mitad. Incluso en España actual tan obediente al querer socialista. Hay que obligarles, pues. Y es aquí donde se va a producir el hundimiento de los españoles. Cuántos decidirán resistir como sea y con todas, no lo sé, pero me temo que una minoría no mayor de dos décimas partes. O incluso que sea uno de cada diez.

Pero siguen siendo muchos. Con un 10% de la población dispuesta a dar batalla, a no aceptar vacunación bajo ningún concepto, a precio de vivir en la miseria, de la pérdida de empleo, de exilio, o incluso de la cárcel del cual intentarían en el mejor caso huir a alguna parte del mundo; con esta parte tan solamente de la población opuesta no hay sistema que podría ganar el combate al pueblo humillado y torturado.

Resumiendo, una cosa está clara: con estos guerreros, dispuestos a sufrir por la causa en la carne propia, se gana la batalla.

Esto es lo que quiero yo, y a esto te invito compañero.