Se vuelve a repetir a día de hoy la pregunta entre las clases populares. ¿Dictadura o democracia? .

Desde 1978 hemos asistido a un derrumbamiento que va desde lo político pasando por lo social y hasta lo ético. Aquello nos ha terminado trayendo a esta misma pregunta que se hacen muchas personas. Quisiera centrarme concretamente en dos puntos, el primer punto es la censura.

La censura en tiempos de democracia es algo que en si, lleva un contrasentido. Lo lleva debido a que el termino “libertad” apellidado en la propia palabra democracia, lleva consigo una letra pequeña que la gente parece ser que está empezando a leer ahora. Las leyes que se supone, debería representarnos. No lo hacen directamente, sino que pasa por unas leyes que son redactadas en los propios despachos a espaldas del ciudadano. Nosotros solamente hacemos el trabajo sucio que se basa en ir a votar cada cuatro años. Esto no es algo que nos pille de nuevas, ni mucho menos. Sabemos de sobre que somos ese “juguete” que quiere el aparato estatal. Ocurre que quien se atrevió a denunciarlo y una vez hecho. Llega a las cortes como representación de una parte de los Españoles. Aquello que dijo que iba a denunciar, entre otras cosas. Ha terminado por apoyar a sus mismos “enemigos”.

En una dictadura, las prohibiciones están escritas en las puertas de la ciudad. Sabes a lo que no debes enfrentarte. Con este sistema en el que vivimos, no sabes por donde van a salir los tiros. No sabes a lo que te puedes llegar a enfrentar. Se tira de prohibición de forma rápida, somos por ello molestos y se pretenden desde el primer momento ponernos palos en ruedas. Es así de fácil, como por ejemplo en el asunto de la defensa de la unidad nacional frente a las intenciones separatistas por parte de ciertos gobiernos autonómicos y todo ello con la figura de un jefe de estado que parece ser, no le importa que esto pase. Vemos censura con aquellos que defienden la dignidad humana frente a la barbarie del aborto. Aquellos que se ven sumidos en un sistema que fabrica esclavos en el ámbito laboral y que cuando te atreves a dar la cara y a denunciar, te ves censurado. Vemos también censura frente a lo que se supone, debería ser la defensa de una justicia social que carece de protagonismo en nuestro país. Cuando hablas de ciertos temas que no “casan” con lo que está vigente. Eres apartado de todo medio de comunicación. No estoy hablando ya del asunto que tienen que ver con el terreno, llamémosle, Patriota. Me refiero a gente que incluso tienen que ver con el mundo artístico por poner un ejemplo y que de la noche a la mañana se ha visto apartado de las tablas por haber demostrado su opinión en ciertos aspectos. También ocurre en los círculos literarios. Los miopes intelectuales siguen estando presentes.

Esta censura es la que actúa mediante los intereses personales, de unas minorías del momento. Decía hace unos años aquello de que en un sistema liberal, la nación avanza mediante decretos que en su mayoría son artificiales, modas por así decirlo, traídas y desarrolladas por personas que actúan a espaldas del pueblo. Ahí es donde nace la censura. Debemos recuperar el verdadero sentido de la libertad del ser humano que a su vez sea consciente de que sólo en un clima de orden, como núcleo de convivencia, pueda estar viviendo en armonía. Un orden que ahora, en estos momentos, no figura y que solamente estamos asistiendo a una verdadero desorden en todos los factores, un desorden teñido de demagogia. Se vuelve a repetir la tónica que he dicho unas líneas más arriba. Esto sólo puede llevarse a cabo mediante un sistema que de verdadera representación popular, que no esté basado en normar artificiales que como estamos viendo recortan nuestra forma de pensar. Solo así la gente dejará de formularse la pregunta de que si dictadura o democracia. Luego tenemos esa división que se encuentra invernando en el palacio de congresos. Este es el segundo punto que habría que tratar.

La cosa es tan sencilla para poder cambiar lo que nos está transformando cada vez mas en una masa de borregos acomodados y que los que somos capaces de ver aquellos que nos está perjudicando, somos como he dicho, callados por ser demasiado rebeldes, cosa que para nada nos incomoda. Solo basta con ojear ciertos episodios ocurridos a los largo de la historia. Desde los tiempos de la ilustración, se desarrolló la idea de Izquierdas y derechas como la división ideológica entre aquellos que buscaban la idea de justicia social por una parte y los que pretendían la conservación de las esencias tradicionales, olvidando las necesidades del pueblo. Semejante planteamiento se vio alterado por los que pensaban en el siglo XX en que aquellos valores tradicionales que defendía la derecha, venían, como es cierto, del propio pueblo. Esta idea debía ser defendida con el añadido de que la lucha por la justicia social debía también llevarse a cabo. La separación entonces, entre izquierdas y derechas se ve con esto alterada. El tiempo nos ha terminado dando la razón. Sobre todo cuando vemos como a día de hoy tanto izquierdas como derechas toman unas posiciones que van directamente a seguir los pasos de instituciones como la OTAN o la mal llamada Unión Europea. Aquellos valores que han hecho grande a las naciones, siguen siendo despreciadas tanto por una parte como por la otra.

Juan Carlos Monedero dijo en cierta ocasión, que la derecha había olvidado a Ramiro de Maeztu. esa división, alterada de forma como vemos, negativa. No ha desaparecido, como debía de haber sido de forma natural, sino que se ha terminado fusionando, dejando unas diferencias que son meramente superficiales y que sirven para poder darnos una razón por la que votar a uno o a otro. Queda tanto por hacer…