Casi como si de un sueño se tratase, nos encontramos de forma involuntaria inmersos en una geopolítica borgiana. Sí, nosotros como actores de una tragedia carentes de la conciencia suficiente de ser parte de esta. Empleando las propias palabras del maestro Jorge Luis Borges, últimamente intuyo la realidad en que vivimos como un laberinto de símbolos o un invisible laberinto de tiempo en el que estamos atrapados.

De esta nueva geopolítica laberíntica, casi onírica, forman parte dos naciones europeas estrechamente ligadas, España e Italia. Sus vínculos milenarios, antropológicos, políticos y sociales, forjados en un ida y vuelta cultural a través de una historia entrelazada, están pasando por una nueva etapa que une los destinos de ambas naciones: España e Italia sufren, como nadie en el mundo, los peores gobiernos en el peor momento de sus historias.

Como Borges le hace decir a Albert, su personaje del cuento El jardín de los senderos que se bifurcan “En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras”. Ambas naciones parecen haber elegido una alternativa en común y esta, sin duda, no es la buena. Las dos han optado por elegir y sufrir opciones políticas de izquierda globalista para pasar el trance pandémico que ha diezmado a gran parte de su población y ha sumido al resto en una crisis económica y social sin precedentes.

Felipe VI, Sergio Mattarella, Pedro Sanchez, Giuseppe Conte, Pablo Iglesias y Luigi Di Maio, unidos en este caso en los senderos de ese laberinto que convergen en gobiernos progresistas de izquierdas, llevaron a España e Italia a ser el cordero del sacrificio viral del mundialismo.

No es casual que España e Italia sean dos de los países más golpeados por la actual crisis ya que Italia es el corazón de Europa y España su sangre. Ambas naciones de rodillas implican simbólicamente la derrota de Europa y Occidente, disueltas en un magma sin identidad.

No es casual que el presidente Sanchez en su perfil de Twitter haya anunciado que “El levantamiento de las restricciones en las fronteras en la UE debe hacerse de forma coordinada, en base a criterios comunes y transparentes. He enviado, junto a @GiuseppeConteIT, una carta a la @EU_Commission para que la transición a la Nueva Normalidad en Europa sea segura.”. España e Italia caminan juntas hacia la paradójica y distópica Nueva Normalidad que nos prometen y en la que inexorablemente parece que viviremos.

Recordemos que el primer invitado en la Moncloa por Pedro Sanchez ha sido George Soros. Poco tiempo después, la crisis del Open Arms culmina con la salida del Gobierno italiano de Matteo Salvini y el fin de sus exitosas políticas migratorias y de defensa de las fronteras nacionales, y el inicio del grillocomunismo junto al Pd de Gentiloni, Zingaretti y compañía. Poco más tarde en España manda el comunismo chavista de Iglesias. España e Italia recorren juntas el laberinto borgiano que alguien eligió recorrer y que nadie nos preguntó si queríamos salir en esa dirección.

Pero no olvidemos que también en algún momento de este onírico ajedrez, los caminos puedan volver a bifurcarse y converger en la posible aparición de una mayoría política alternativa al globalismo y que sostenga gobiernos patrióticos y soberanistas en ambas penínsulas. Eso solo será posible si optamos por la alternativa correcta y eliminamos las otras.

El maestro Jorge Luis Borges ya nos dio las pistas en su cuento El jardín de los senderos que se bifurcan. España e Italia, hermanadas una vez más en sus historias, saldrán juntas de esta cruel realidad como un invisible laberinto de tiempo, solo recorriendo el sendero de la dignidad, la soberanía y la identidad. Eso sí, si lo hacen con coraje y sin complejos eligiendo el sendero correcto antes de que sea demasiado tarde.

ITALIA_ESPANA