Fray Luis de León era profesor en la Universidad de Salamanca cuando fue denunciado a la Inquisición. Pasó cinco años en prisión, pero al final fue absuelto y volvió a su cátedra de Salamanca. Comenzó su primera clase con una frase que se ha hecho célebre: “Decíamos ayer…”. Cuatro siglos después Miguel de Unamuno, también catedrático en Salamanca, fue apartado de su cátedra por la Dictadura de Primo de Rivera, y cuando regresó terminada la dictadura, en su primera intervención repitió lo dicho por Fray Luis: “Decíamos ayer…”

La frase me ha venido a la cabeza al contemplar, después del periodo veraniego, el panorama político de nuestra querida España: “Decíamos ayer…”. Parece que no ha pasado el tiempo y estamos en el día siguiente de las últimas elecciones. Nuestros políticos siguen abrazados al “Decíamos ayer…”. Sin rastro de imaginación ni flexibilidad continúan mareando la perdiz con la mayor constancia. Pero no voy a detenerme en ese tema. Es un triste espectáculo que todo el país puede ver cada día en la prensa o en la televisión y no merece la pena dedicarle demasiado tiempo.

Prefiero ir al problema de fondo. Y el problema es que ningún grupo político coge el toro por los cuernos y le dice a la sociedad española con qué enemigo tenemos que lidiar. El toro es, por supuesto, el inhumano sistema capitalista, que ha metido a la humanidad en un gigantesco Titanic, y va navegando a toda velocidad hacia el iceberg. Lo que pasa es que hoy en el mundo de la política no está de moda cuestionar el sistema capitalista; es una cosa que da pocos votos y enfada a los bancos. Mejor no tocarlo.

Pero el toro está ahí y con dos hermosos cuernos. Uno de ellos es el deterioro medioambiental. De los miles de testimonios de científicos y organismos que advierten del riesgo que la humanidad está corriendo con su actual civilización depredadora vamos a recordar un texto del Papa Francisco en su encíclica sobre el cuidado del planeta Tierra, nuestra Casa Común.

“Las predicciones catastróficas ya no pueden ser miradas con desprecio e ironía. A las próximas generaciones podríamos dejarles demasiados escombros, desiertos y suciedad. El ritmo de consumo, de desperdicio y de alteración del medio ambiente ha superado las posibilidades del planeta, de tal manera que el estilo de vida actual, por ser insostenible, sólo puede terminar en catástrofes, como de hecho ya está ocurriendo periódicamente en diversas regiones”.

Nuestros políticos, por el contrario, parecen empeñados en asegurarnos que con ellos sí podrá seguir sin problema el ritmo de consumo y deterioro del medio natural que hemos mantenido hasta ahora. ¿Es insensatez o ganas de mantenernos en la ignorancia?

El otro cuerno es la destrucción de la democracia. El poder económico manda, es el que realmente gobierna el mundo. Los gobernantes lo saben perfectamente, pero lo callan no vayamos a bajarles el sueldo. Con su silencio contribuyen a mantener el paripé de que disfrutamos de unos sistemas plenamente democráticos y somos unos ciudadanos totalmente libres.

Y así ocurre que, con la inestimable colaboración de nuestros políticos –y casi todos los del mundo- el peligroso toro puede ser presentado por los grandes medios de comunicación del sistema como una hermosa vaca lechera, que nos alimenta a todos generosamente. Y si a muchísimos no les llega ni gota de leche, no es culpa de la vaca, es que ellos “no son suficientemente competitivos”.

¿Podremos vencer al toro y librarnos de sus cuernos? Podremos si logramos derribar la maraña de mentiras en que el toro es esconde y sacamos bien a la luz la amenaza de sus cuernos. A esa tarea podemos contribuir todos, y hace ya dos mil años que el evangelista San Juan escribió: “La verdad os hará libres”.