Durante la sesión parlamentaria en la cual fue prorrogado el injusto, inhumano y despótico Estado de alarma, el gobierno y las fuerzas de izquierda lanzaron “bulos”, discursos tramposos y mentiras a manos llenas de ésas que cuentan con la patente de corso de la hegemonía progre tan bien impuesta por esbirros de Fernando Grande Marlaska como los Comisarios de la Información oficial del Régimen Ana Pastor y Antonio García Ferreras.

Uno de esos bulos propalado por el Ministro de agricultura Luis Planas, incapaz de defender en Europa a nuestro campo de la amenaza de la competencia desleal de Marruecos o Turquía o del sabotaje de franceses y holandeses, fue que España “necesita regularizar centenares de miles de inmigrantes” para que se puedan coger las cosechas agrícolas, cuyas campañas de recolección se vaticinan nefastas en este trágico año 2020.

El bulo no puede ser más atrevido, zafio y desmedido. España nunca en su historia ha necesitado inmigrantes para coger sus fresas, sus tomates o sus albaricoques. España sólo se ha nutrido de mano de obra barata inmigrante desde los años 90, en que comenzaron a llegar indiscriminadamente pateras gracias a la cuales se han reventado los salarios autóctonos de nuestros recolectores y jornaleros nacionales.

Ni en los años 60, 70 u 80, años en que todavía no éramos parte de la Unión Europea que nos impuso leoninas condiciones limitativas de la producción, necesitamos mano de obra inmigrante. ¿Por qué no la necesitábamos? Porque el producto nacional español se vendía esencialmente en España. Porque la agricultura española era esplendorosa. Porque no había recortes a nuestra capacidad productora, que luego ya en la UE nos impusieron Francia y Holanda a cambio del caramelo envenenado de las subvenciones. Porque teníamos un ventajoso Acuerdo preferencial comercial con la Comunidad Europea desde 1970 que erigía a España en exportador poderoso de productos agrícolas con superávit comercial. Porque España no había entrado en la órbita de los caciques globalistas y de los políticos sátrapas que desde 1996 nos narran el cuento de la necesidad de mano de obra inmigrante.

¿Por qué nos dicen ahora que España, con 4 millones de parados contabilizados –reales son 2 o 3 millones más, sumando los de los ERTE- necesita regularizar inmigrantes o traerlos de fuera para poder coger las cosechas de los campos? ¿Cómo se puede utilizar tamaña mentira?

Lo que necesita España es no crear estratos subsidiados mediante rentas de fomento del parasitismo como el tristemente famoso PER andaluz; lo que necesita es no repartir “rentas mínimas de inserción” innecesarias a inmigrantes y también a algunos españoles que las utilizan para vivir sin trabajar pudiendo hacerlo. Lo que necesita España es pagar -y pagan bien- a españoles en paro para que recuperen el amor por nuestros campos, y se lancen a la tierra. Y lo que necesita España es que el gobierno no conceda “rentas vitales” a modo de “salvavidas” lanzado al “naufrago” una vez le ha sido hundido el barco previamente ( destrucción de la economía productiva española) porque esa estrategia fue lisa y llanamente la de Hugo Chávez en Venezuela para mantener en la miseria perpetua y en la desincentivación a una sociedad hundida en la pobreza pero acostumbrada con mansedumbre aborregada a soportar la sumisión. España no necesita crear clientelismo social a base de subsidios en una coyuntura de hundimiento económico.

Los españoles no cogerán cosechas agrícolas mientras ese trabajo se pague poco y mal; mientras se incentive la no generación de trabajo entregando “rentas de inserción” a modo de pagas vitalicias favorecedoras de la vagancia a quién no las necesita y podría trabajar; mientras haya inmigrantes que jamás debieron entrar a España de forma masiva para hundir el sueldo de los trabajadores autóctonos; mientras las autoridades no dejen de regar a los ciudadanos con dádivas para compra de voluntades como el PER andaluz o las rentas llamadas “vitales”( para prostitutas y menas, entre otros colectivos destinatarios de las mismas) que proponen los pedestres comunistas de Podemos.

Luis Planas, Ministro de Agricultura, ha decretado regularizar a miles de inmigrantes ilegales y “menas”, pretextando que serán contratados para el sector agrario. Con permiso de trabajo y arraigo, muchos de ellos tendrán próximo el derecho a su legalización, a la reagrupación familiar y a la nacionalidad. Esto es una regularización masiva por la puerta de atrás, que sumada a que nuestra sanidad es “universal y gratuita” y España un país “abierto”, ya está generando un efecto llamada que produce nuevos asaltos a las vallas de Ceuta y centenares de pateras arribando a las costas de Almería. A Almería llegaron, por cierto, hace unos días, un centenar de ilegales a bordo de patera, varios de los cuales portaban el coronavirus y fueron alojados en hoteles de lujo.

Los barquitos “salva inmigrantes” que en realidad vulneran el derecho marítimo al camuflar como “náufragos” a los que no lo son pues han sido lanzados al mar por oenegés mafiosas, siguen patrullando las aguas mediterráneas para inundar nuestro suelo español de extranjeros ilegales y hacer más demoledores e insoportables el clima social, los contagios y el colapso de nuestra sanidad.

La mentira gubernamental de la inmigración es otro peligro añadido a la cascada insoportable de negligencias y atentados contra la vida y la salud que la horrorosa gestión sanitaria del gobierno está produciendo.

El que dispuso la agenda proinmigracionista del gobierno socialista de España, que se reunió con Pedro Sánchez en junio de 2018 desentrañando la necesidad de convertir España en la válvula europea para la sustitución poblacional y cultural -el magnate George Soros-, ve cómo su laboratorio de experimentos ideológicos feministas, inmigracionistas y de censura a la libertad de expresión (Newtral, Maldita.es, Marlaska) funcionan a pleno gas.