Hay facetas en la vida en las que la claridad es fundamental. Permanecer en la escala de grises para según qué cosas suele ser peligroso, y es que quien intenta gustarle a todo el mundo al final termina por no ser tragado por nadie. Posicionarse de manera clara no es sencillo, cierto; requiere capacidad de análisis, renuncia y valentía para defender una postura. Dependerá de la inteligencia de cada cual y de su humildad el dejar una puerta abierta para posibles rectificaciones llegado el caso. Pero hay responsabilidades que implican tener que mojarse, asumir que uno debe ser claro para poder avanzar. La función política es una de ellas y en base a la claridad de los mensajes y de las acciones bien puede medirse la valía de nuestros representantes.

En base a este criterio, el de la claridad del mensaje y la coherencia en la subsiguiente acción podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que tenemos una clase política irresponsable, nada merecedora de nuestro respeto ni apoyo. Y hablamos de todas las formaciones que andan por ahí tratando de arañar algo de poder.

En esta larga tomadura de pelo que estamos viviendo lo justo y deseable sería que cada cual asumiera su responsabilidad. El Gobierno, por todo lo que ha hecho y ha dejado de hacer; la oposición por no haber sido lo suficientemente contundente.

En esta larga tomadura de pelo que estamos viviendo lo justo y deseable sería que cada cual asumiera su responsabilidad. El Gobierno, por todo lo que ha hecho y ha dejado de hacer; la oposición por no haber sido lo suficientemente contundente.

 
 

Después de una legislatura podemos sacar alguna conclusión de lo que nos han traído Rajoy y los populares al pueblo español: precariedad laboral, pobreza, recorte de libertades, destrozo del medio ambiente, abandono de los dependientes, desmantelamiento del sistema público sanitario y educativo, crispación social, éxodo masivo de nuestro talento, irrelevancia internacional, desaparición de ayudas, subida de impuestos, enriquecimiento de los ricos, rescate de la banca, indultos a los corruptos, tráfico de influencias, prevaricaciones varias, sobres con dinero negro para representantes públicos, desvío de fondos público para empresas de amiguetes, debilitamiento del sistema judicial, blindaje de ladrones a través de amnistías fiscales, manipulación de los medios públicos de información…

Me cuesta creer que ante todo lo que llevamos sufrido durante más de 1.500 días algunos pretendan jugar al despiste del “ni sí ni no” (o sea, abstenerse en la votación de investidura). Es una actitud digna solamente de cobardes.

Si le parece bien lo que ha hecho esta tropa de caraduras, diga usted que sí, señor/a diputado/a. Si le parece a usted que no hay derecho para este destrozo, diga usted que no. Pero no nos mareen más. Sean valientes, asuman su responsabilidad (le recuerdo que para eso les pagamos, para que sean responsables). Y ya que se van a ganar el sueldo, den la cara, explíquense y procuren ser coherentes.