Alfonso Rojo es uno de los periodistas más prestigiosos de España, con una dilatada trayectoria en los principales medios del país. Polifacético, asiduo en las tertulias de radio y televisión, polémico, incisivo lleva el periodismo en las venas y lo transmite con pasión. Consciente de que el periodismo es hoy muy diferente al de antaño ha sabido adaptarse e incluso anticiparse a los tiempos.

Tras su paso por Diario 16, formó parte en 1989 del equipo fundador de El Mundo. Durante esa época cubrió importantes guerras como la del Golfo, la de Irak y el conflicto armado de Afganistán por citar algunas de las más significativas. Tras dejar El Mundo asumió la dirección de Periodista Digital, medió en el que sigue hasta la fecha.

En esta entrevista hablamos del origen de Periodista Digital y reflexionamos sobre periodismo.

Tras su exitosa trayectoria en la prensa escrita, en televisión, reportero de guerra, ¿por qué decidió emprender la aventura en un Medio Digital?

Más que exitosa sería tormentosa. Yo estuve casi 30 años dedicado al reporterismo de guerra, fundamentalmente corresponsalía de guerra y como envíado especial, cubriendo siempre desastres causados por el ser humano. Es mucho más letal el ser humano y la tontería humana que el tsunami más intenso, incluso que el coronavirus. En el año 2004 yo entré en conflicto con Pedro J. Ramírez, con el que, a pesar de no compartir muchas de sus tesis, tuve siempre una relación bastante buena con él y era muy buen director, aunque le faltase chip moral.

Tras el conflicto, a finales del 2004, con cierto dolor para mí y algo de miedo, Unedisa, la editora de El Mundo, decidió indemnizarme y que abandonase el periódico. Aunque tenía menos conocimientos de los que tengo ahora estaba convencido de que el mundo del periodismo iba a girar hacia los medios on line y me lancé de cabeza a Periodista Digital que hasta entonces había sido un tenderete, una pequeña opción y no el periódico que hemos llegado a ser.

Entré, puse el dinero que había sacado de la indemnización de El Mundo para relanzarlo, compramos un local y a partir de ahí desde 2004 me lancé con armas y bagajes al periodismo digital.

¿Se lanzó a ciegas a la aventura?

No, a ciegas no. Lo cierto es que lo que te aconseja el sentido común es que cuando recibes una indemnización de medio millón de euros los dediques a comprarte dos apartamentos en Torrevieja y alquilárselos a los alemanes en el verano. Yo entendí que lo mío era el periodismo, que estaba cambiando el mundo, había visto muchas cosas y que era una buena oportunidad para dar el paso. Durante mucho tiempo fue con bastante dolor porque nos costó mucho dinero la operación. Soy buen periodista, pero no tengo talento para los negocios, no he sido capaz nunca de sacar dinero a las administraciones públicas como hacían otros medios, no he sido capaz de atacar al IBEX como están haciendo ahora muchos medios con periodistas de cierto renombre. Yo se hacer reportajes, viajar y contar historias.

Al principio hacíamos periodismo con muchas dificultades, no nos llegaba el dinero para pagar las nominas. Yo puse dinero todos los meses durante bastante tiempo. No ocurre lo mismo desde hace tres años.

El negocio periodístico, tal y como lo conocimos, ya no existe.

El modelo ha desaparecido. Ese periodismo de los Pepe Oneto, Miguel Ángel Aguilar, Manu Leguineche...incluso el de Reverte una temporada...se ha acabado por varias razones. Primero por la aparición de los medios on line, las redes sociales, los teléfonos móviles, la posibilidad casi instantánea de transmitir ha modificado las reglas del juego porque los agentes sociales (por llamarlos de alguna manera) han descubierto que pueden llegar directamente al público sin pasar por los periodistas. El caso más típico se ve en los partidos políticos, en las empresas. Incluso hay algunas que ni siquiera hacen publicidad. Antes la publicidad tenía que ir a los medios, ahora no. Un tipo como Amancio Ortega, con el imperio comercial inmenso que es Inditex, no gasta un euro en publicidad. Cualquier partido político tiene sus equipos de comunicación que llegan directamente al público. Hay un partido como Vox que pasa directamente de los medios y llega a la gente a través del twitter y las diferentes redes sociales.

¿Qué consecuencias tiene todo esto para la profesión?

Los periodistas y los medios de comunicación hemos perdido para siempre el papel de guardabarreras de la información. Eso es letal para el negocio. Antes si tú te casabas en La Coruña y no aparecías en las páginas de fotos de La Voz de Galicia tu matrimonio era como si no existiese, seguías soltero para la población. Te morías en Granada y si no salía una esquela en El Ideal para la gente seguías vivo.

Todo lo que no salía en prensa no existía.

Hay un ejemplo formidable. En la II Guerra Mundial, Estados Unidos tiene un presidente llamado Roosevelt, que como consecuencia de la poliomielitis está en silla de ruedas y los americanos no se enteran de ello en toda la guerra. En la foto de Yalta aparecen todos sentados y es tapado con una manta porque se ocultaba eso a la sociedad. Más recientemente, el presidente Kennedy, estando casado, tiene un romance con Marilyn y lo sabían los periodistas, pero no lo sabía la opinión pública. Nos hemos enterado 15 años después. En la actualidad es imposible, por eso nuestra capacidad de presión ha disminuido y nuestro papel de guardabarreras ha desaparecido. Siempre harán falta periodistas. La publicidad no tiene por qué ir a los medios y eso ha cambiado las reglas del juego.

Ya no hay prensa tradicional, ni negocio tradicional...

Si ahora te dicen: -se va a enterar usted porque lo voy a sacar en el ABC le puedes responder: -como si lo sacas en el Correo de Soria. Cualquier ciudadano con dos dedos de frente, una pizca de sentido común y ciertos conocimientos técnicos elementales puede poner en circulación una noticia que llegue a millones de personas.

Y se fomenta el intrusismo...

Yo rompería una lanza contra el intrusismo si la profesión periodística fuese buena y digna de respeto. En España ver como se ha cubierto la crisis del coronavirus nos hace constatar que es una profesión de vergüenza. Si la sociedad española nos pasase factura por la cobertura que hemos dado nos tendrían que correr a pedradas. Las ruedas de prensa censuradas y con preguntas previas. Eso es inimaginable. Es una profesión que ha abandonado el papel de lo que debe ser el periodista ante el político. En la serie The Newsroom (que no me gusta mucho) hay una frase genial en la que te explica que el periodista ante el político tiene que tener un papel como el del fiscal en el juicio, tiene que indagar para buscar la verdad.

En la actualidad solo con ver a los tertulianos ya sabes de que partido son. La profesión es muy mala.

Los periodistas no se atreven a hacer preguntas incómodas.

No veo televisión porque no me aporta absolutamente nada. Veo solo fragmentos. La obligación de los periodistas es repreguntar. El otro día nos dio una lección la niña de la CNN, que es española por cierto, y fue la única que se atrevió a preguntar por el informe de la Johns Hopkins y cómo sabía que no le iban a dejar repreguntar hila las dos preguntas en una, pregunta por el informe y añade que no se ha podido encontrar. Es significativo que tenga que venir una periodista de un medio irrelevante en España a hacer la pregunta que nadie se atreve a hacer. En El País el redactor jefe que menos cobra percibe 30.000 euros al año, más que un ministro. La directora cobra cuatro veces lo que cobra el presidente del gobierno. Los de La Sexta que siempre dicen que hacen buen periodismo no fueron capaces de preguntar por el informe inventado de la Johns Hopkins, es una vergüenza. El periodismo nacional es más malo que la quina. Yo no rompo una lanza contra los intrusos porque los que están dentro son unos facinerosos.

Si bien es difícil que exista en la práctica verdadera libertad de prensa con la llegada de Sánchez al poder la censura está siendo más descarada...

En España no ha habido censura en los últimos años. Yo he sido periodista muy activo desde 1976 y no me he sentido nunca censurado. Lo que sí que ha funcionado siempre en España es la autocensura, que responde a dos criterios: o al miedo o al interés. Yo comprendo que pueda haber compañeros que tengan algo de miedo y yo lo he visto, pero es el factor menor. El más importante es el interés. La gente por seguir cobrando peonadas en una tertulia de televisión, nunca criticará a ese canal de televisión. Puedo entender que quien tenga necesidad de dar de comer a sus hijos termine prostituyéndose en contra de lo que piensa. Pero por comprarse unos zapatos mejores o un cinturoncito de cuero o tomar un vermut en tal sitio te dejes arrastrar eso sí que no lo entiendo.

El otro día me llamó por la noche la jefa de gabinete de la vicepresidenta del gobierno Carmen Calvo muy indignada por la nota (muy bien hecha) que dimos sobre su salud. En la conversación, muy acalorada yo le eché en cara que dieron 15 millones de euros a las televisiones privadas cuando tuvieron que destinarse a mascarillas, guantes, sueldos de los policías, sanitarios etc. y ella me dijo que a ver que decía cuando me tocase a mí. Y yo le respondí que si a Periodista Digital destinasen una cantidad de dinero público, que debía destinarse a otras cosas, no la aceptaríamos. No se puede uno vender por 100.000 euros, por 200.000 euros...porque entonces no eres digno de la profesión que tienes. Si nosotros nos consideramos periodistas, si somos el supuesto cuarto poder y tenemos que controlar lo que hacen de alguna manera los políticos, no podemos depender de ellos.

Usted dice que más que haber censura solo llaman a las tertulias a la gente de su cuerda...

Aunque paguen solo 150 euros cada vez que vas, la gente quiere ir porque cada vez que sales mejoras. Para ir a una tertulia de La Sexta, tienes que ser de la cuerda. Para ir a una tertulia de 13 TV, casi tienes que ser de la cuerda. La gente lo hace por interés. No es un problema de ideología de cerrazón política, no es que Ferreras y compañía sean unos rojos peligrosos, no creo que Atresmedia sea un nido de bolcheviques irredentos, no creo que Paco Marhuenda sea un rojeras porque despida a Alfonso Ussía. Marhuenda es más conservador que Benedicto XVI, pero cuando le aprietan y le llaman de Atresmedia y le dicen que Ussía se está metiendo con ellos va y se lo carga. No se lo carga porque ideológicamente esté en desacuerdo con Ussía. Lo hace porque sabe que si quiere conservar el chupetín tiene que hacer eso. Ese el mecanismo con el que funciona la prensa española, es una prensa muy poco valiente.

Sin embargo hay medios que no pueden comprar...

El mecanismo es crear el Ministerio de la Verdad en la Fiscalía, con la ex ministra que llamó a Marlaska maricón y con el apoyo por fuera de Campo, el ministro de Justicia y del ministro de Interior y montar un engranaje que va a permitir meter presión a los medios que no acepten este juego. Ellos deciden lo que es verdad y lo que es mentira y en función de eso actúan. ¿Y cómo actúan? De la forma que más daño pueden hacer a un medio de comunicación como El Correo de España, Periodista Digital o muchos otros que es mandar un burofax en el que te dicen que has dicho no se que y que van a iniciar un procedimiento judicial. Lo menos que te apetece cuando estás en una empresa de esta naturaleza es que al terminar de pagar el IVA, el impuesto de sociedades, los costes sociales, la fibra óptica, los sueldos de los redactores, del personal de la limpieza, reparación de ordenadores, teléfono, el impuesto de basuras etc. es meterte en un proceso judicial en el que aunque no te puedan condenar basta la amenaza para paralizarte.

Los jueces que no son en su conjunto ni lo honorables ni lo imparciales que debieran pueden aceptar a trámite una demanda de esa naturaleza contra el honor o lo que quieran y ponerte una finanza millonaria y te parten el espinazo. A nosotros nos demanda sistemáticamente Gonzalo Boye, que es un abogado ex colaborador de ETA que hizo en la cárcel la carrera y que en el Colegio de Abogados de Madrid para vergüenza de esta entidad le dejan dar seminarios de ética. Nos demandó una vez por haber recordado que fue un secuestrador con ETA y la juez que era muy mala y muy fea me argumentó que existía derecho al olvido. Yo le respondí que si había derecho al olvido no podemos decir que a García Lorca lo mataron y me echó de la sala.

¿Usted se considera un periodista libre?

La libertad exige sacrificio y en el periodismo no puedes mirarte al espejo y que de asco verte. Yo no tengo precio. No dependo de ningún partido político. Al ser un medio con beneficios si que somos más libres. Habrá más medios que también sean libres. Después de salir relativamente quemado de las tertulias de Atresmedia, me invitó a comer uno de sus más altos dirigentes y me dijo que si en Periodista Digital bajásemos el tono y dejásemos de darle leña a Ferreras podría volver a las tertulias y a más programas. Yo le dije de buenos modos que la línea editorial de Periodista Digital no se subastaba a ese precio. Aunque si voy a las tertulias mi medio subiría, no tengo necesidad de hacerlo y por lo tanto si no tengo necesidad, no tengo por qué aceptarlo.

¿Cómo valora el hecho de que medios como el Correo de España se haya opuesto frontalmente a determinados temas como la profanación de los restos de Franco?

Yo creo que es muy correcto y tenéis mucho valor en hacerlo y en asumir las consecuencias. En España hay cosas que vosotros decís ahora que nadie se hubiese atrevido a decir por qué no eran políticamente correctas y te estigmatizaban. Una labor como la que hacéis vosotros ha contribuido a romper ese tabú. Cuando muere Billy el Niño me llama la atención la visceralidad y el odio con que hablaba en su contra la gente que no se atrevía a decir nada en esos tiempos. Sin embargo se homenajea a Carrillo, que es el responsable de la mayor matanza de civiles de la Guerra, sin paliativos. Franco muere en el año 75, la Guerra Civil terminó hace 80 años y volver a recordarla corresponde a un interés político, que no es histórico. En El Correo de España habéis hecho una labor muy importante porque habéis roto un manto de silencio que había que romper. En eso Eduardo García Serrano ha sido muy valiente y es una persona que habla y escribe muy bien.