Recuerdo a mi profesora de Historia contando, durante las clases, las múltiples vejaciones y desplantes que tuvo que soportar el Rey Enrique IV de Castilla, pero nunca mencionó que los cronistas de la época atribuyeran esos padecimientos a que D. Enrique estaba muy preparado. De hecho, no es precisamente “El Preparado”, el sobrenombre con el que ha llegado a nuestros días. Llevamos años complacidos por la gran preparación que se obtiene en nuestras Universidades, por lo bien preparados que están nuestros militares, nuestros ministros y ministras y por supuesto nuestro actual monarca. Todos estamos mejor preparados que nunca y justamente cuando más preparados estábamos nos atizan un golpe de estado, que según el propio Juez Llarena comenzó técnicamente a finales de 2012, prosiguió con el referéndum de noviembre de 2014, culminando el 1 de octubre de 2017. Y cómo estábamos super-preparadísimos no se pudo evitar.

Desde el atentado yihadista del pasado verano en las Ramblas de Barcelona hemos visto a nuestro Rey, D. Felipe VI, sufrir humillaciones por parte de separatistas preparados y no preparados , mientras la mayoría de los españoles no lo estamos para padecerlas, puesto que todos los gestos de desaire al Jefe de Estado de un país revierten en toda la ciudadanía y no deseamos recibir preparación para aguantar insultos. Nuestros cuerpos de seguridad, Guardia Civil y Policía Nacional fueron vituperados, agredidos, insultados, escupidos y resistieron estoicamente con pulcritud exquisita porque se trata de cuerpos altamente preparados.

Ahora tenemos a un Presidente de Gobierno, cuya tesis doctoral aunque púdica y recatada, demuestra inequívocamente su alto grado de preparación, un Ministro de Interior y una Ministra de Defensa de gran preparación jurídica como se desprende de sus respectivas trayectorias profesionales, sin embargo para nuestra sorpresa e indignación el pasado jueves se vio desbordada la valla de Ceuta por cientos de inmigrantes, preparadísimos para invadir nuestro territorio y atacar a las fuerzas de Seguridad. Les agredieron con cal viva, radiales, lanzallamas caseros, ganzúas, palos, heces, utilizaron todo lo que pudieron con independencia de los supuestos delictivos en que pudiesen incurrir, vienen sabiendo de antemano cómo son aquí las cosas.

Tenemos miles de leyes y ellos no piensan cumplir ninguna. Nuestros agentes de la Benemérita sufrieron heridas, quemaduras, contusiones pero los mandos supremos decidieron que estaban preparados para recibirlas, sin poder utilizar los medios adecuados para repeler los ataques personales, ni el asalto a la valla. Incluso hace apenas unos meses se difundió una circular sobre el régimen alimenticio que debían observar los legionarios para mejorar su forma física, no podíamos sospechar que nuestros gobernantes y altos mandos militares habían decidido que ese tremendo sacrificio iba solamente destinado a asegurar la vida de los ciudadanos de las antípodas. Esto no es una cuestión de preparación física, ni de expediente académico, ni de currículum profesional, lo que ahora se necesita es actuar en consecuencia. ¿Sirve preparar médicos cirujanos para luego impedirles que operen? Pues seguro que todos responderíamos que esa preparación es gasto innecesario y que mejor haríamos ahorrándola. ¿Sirve hacer maniobras militares para no poder actuar en ningún momento? Creo que la mayoría pensamos que si no se pudieran aplicar nunca las leyes sobrarían las prácticas jurídicas, puesto que la preparación no es un objetivo en si mismo, sino el medio más adecuado para, llegado el momento, poder actuar con profesionalidad.

Ahora la pelota está en el tejado de los ciudadanos no preparados, tampoco lo estaban los madrileños de aquel 2 de Mayo para plantarse frente a los franceses. Hay cosas que se hacen por DIGNIDAD, POR HONOR, POR PATRIOTISMO, aunque el día antes nadie se considere preparado.

Rosa Herranz