El tiempo que dedico cada día a leer el único periódico que leo (si lo necesitan les explico la razón)., se ha ido reduciendo de tal manera que me sobran las tres cuartas partes de la cuota de tiempo que le tenía asignada…, y eso,  después de haberla dividido por tres o cuatro,  en los últimos años… La verdad es que, salvo las noticias gordas, como que un volcán ha entrado en erupción,  no vale la pena perder el tiempo en enterarse y menos aún de leer los comentarios que provoca. Sigo leyendo ese mínimo, --y  en diagonal--, por no perder los reflejos condicionados

Gracias a esa escasa relación con la prensa escrita –menor aun con la televisada o radiada-- me sobran los temas a tratar,  hasta el punto de sufrir de “empacho”.

El ejemplo de lo que me ha ocurrido hoy puede servir de ilustración…

Después de leer los titulares y dedicar unos minutos a un escritor --de los pocos que conozco dignos de aprovechar lo que escriben—a mi entender candidato al ostracismo e iniciar la lectura de varios artículos… cerré el periódico y me vino,  sin avisarme,  algo así como si se hubiese levantado una polvareda de las que recuerdo se presentaban en los veranos de Castilla, mientras se aparvaba (¡Eran otros tiempos!; probablemente,  más de un profesor de lengua española, no ha oído esa  palabra en su vida…)

Me dije realmente,  sin pensar… ¡instintivamente!: Pero qué burros son nuestros políticos, nuestros politólogos y demás expertos en la ciencia de gobernar… ¡Con lo fácil que tienen las soluciones y sin gran esfuerzo,  y aun no lo han descubierto!

Hay 1268 diputados nacionales y autonómicos,   2.710.405 funcionariosy el Gobierno tiene 1200 asesores… sin contar los cerebros de los abogados del Estado, etc. y no logran encontrar solución a nuestros problemas…

Y me dije: Hay que ser burros para tener la solución a mano  y no ser capaces de hallarla.

No soy ningún genio,  ni he olido  un cargo público o una asesoría de un gobernante, pero puedo garantizarles --por treinta y cinco años de práctica--, que algo sé de  organizar y dirigir empresas, delegaciones, departamentos,  actividades deportivas o de cualquier género y pensé: Me voy dar el gusto de llamarles “¡Burros!” y luego, en compensación alguna,  les daré una de tantas soluciones como tendría si estuviese en su lugar. Será la más fácil, lógica y, sobre todo, muy barata.

Vamos a ver. Si yo fuera Falconetti, y estuviera en la Moncloa, convocaría a un centenar de verdaderos “expertos” otras tantas especialidades: bibliotecas, hemerotecas, archivos, ingeniería (todas las ramas desde  caminos, canales y puertos hasta informáticos) , arquitectura, etc. y les diría :  Tenéis seis meses para presentarme un informe elaborado a conciencia de todo lo que hizo el Caudillo Francisco Franco desde que el 1ª de Abril de 1939  una vez limpia España de mierda roja, separatista, anarquista y sociedades secretas y ,para eso,  estudiáis toda la documentación,  cada uno de vuestra especialidad y me dais la fórmula que el Generalísimo –dictador y tirano, pero genial gestor—utilizó. Estoy seguro de que con sus métodos y la maravillosa tecnología que él no llegó a poder utilizar,  en un quinquenio deslumbramos a Europa. Y tendremos una  España,-- de entrada-- como la que nos dejó, -- pero luego lograremos en un par de quinquenios en la que  ataremos los perros con longanizas; estoy absolutamente seguro.

Confío en vosotros, en que descubriréis cómo, sin impuestos, le sobraba el dinero, los pobres eran pronto dueños de sus viviendas, y  la gente vivía contenta, excepto los chorizos –que solían ser los “conspiradores” que pedían “Democracia”,  como lo demuestra el hecho de que hoy nuestra “nuevo Régimen democrático sea el Reino de los ladrones, asesinos y violadores, que han llenado el suelo estiércol “emigrado”, de droga y mafias. Sé que encontraréis esa fórmula con la que el asesino del Pardo pudo dar a los españoles, la alegría, la felicidad, la auténtica reconciliación que hizo presidir por la Cruz de Cuelgamuros

Confío en vosotros “pequeña grey de EXPERTOS  de verdad”

Cuando salí de mi euforia,  provocada por el chorro de aire fresco que me había envuelto, no pude menos de repetir, Señores Gobernantes: ¡HAY QUE SER BURROS!, para no haber encontrado --utilizando las propias meninges--  esta solución tan simple y de eficacia garantizada.