Del Partido Popular sólo cabe esperar tibieza, la misma tibieza hipócrita que el Ángel de Laodicea escupía advirtiendo que se vistieran quienes debían cubrir sus vergüenzas. Algunos populares ora taimados, como sucedió con Casado y Egea, ora inanes y rematadamente complacientes con la injusticia, liderados por Rajoy, son tan culpables como el socialismo de la retorcida senda de aniquilación social e institucional que padece España. Solo los cómplices de la corrupción pueden declarar que el PSOE no es un partido corrupto después de estos años de anomalías criminales con sesgo sanchista y solo los acomplejados con trapos sucios para esconder son capaces de mostrar aquiescencia con los múltiples desvaríos y maldades que Pedro Sánchez provoca, con la descomposición implícita de los derechos y libertades que arruinan a millones de ciudadanos.

 
Quizá la foto en compañía de narcotraficantes pesa en el juicio de quien debería componer una oposición crítica, y hasta beligerante, ante la continuidad de indicios delictivos con origen en La Moncloa ocupada por un enemigo del Estado de Derecho. Tal vez la sumisión a la presión pública incita a la cobardía sin pensar en los perjuicios que el socialcomunismo inflige con impunidad, gracias a la inoportuna moderación de quienes callan ante las continuadas afrentas contra la democracia. Que el partido socialista español, es un decir, es el grupúsculo más corrupto de Occidente solo puede dudarlo aquél que no vive la realidad política de España o quien se mimetiza con postulados de índole delictiva,  justificando el rastro criminal de quienes han sido condenados en firme por la Justicia.
 
Del relativismo moral inmerso en la psicopatía  por las anomalías de este depredador que es Sánchez,  aglutinando a comparsas y parásitos de la misma condición demencial e indecente, se tiene por seguro el daño sufrido en el núcleo social, por mucho que Feijoo   declare que el partido socialista no es corrupto. Desautorizar a la Justicia es el empeño del delincuente y más si no se disimula la condición forajida que justifica a los condenados. Vale que la putrefacción social comunista cuestione las sentencias de los tribunales, pero que lo haga el jefe de la oposición es una insensatez que, por otro lado,  caracteriza la hipocresía y la tibieza de un Partido Popular donde solo brilla la firmeza de Isabel Díaz Ayuso, y alguno más,   para confrontar con las tropelías totalitarias del doctor cum fraude.