Nuestros mayores componen el basamento vertebrador de la institución familiar. Son nuestro ejemplo vital, el depósito esencial de valores, y la plasmación material viviente de la continuidad social de la realidad llamada Patria.

Ni que decir tiene que la crisis del coronavirus, la peste china, está matando a los ancianos de nuestras residencias. También los está dejando morir en gran número de hospitales sin derecho a respirados ni a atención en UCI. Los servicios de Bomberos no dan abasto en el hallazgo de ancianos en sus domicilios, muertos, dado que existen servicios de salud regionales, como el catalán dirigido por la bestia Quim Torra, que los confinan en sus hogares puesto que no serán hospitalizados en condiciones dada su edad superior a los 80 años.

El “senicidio” de españoles ancianos más que una consecuencia de la crisis sanitaria es un factor animado por la cleptocracia política española, especialmente de izquierdas y separatista. Recaudar el Impuesto de la muerte, el tributo de Sucesiones, vendrá muy bien a su ánimo expoliador y trilero.

En la línea de flotación psicopática donde se mueve parte de la clase política española que no higienizó residencias de mayores, ni preparó test masivos ni las dotó de equipo médico-sanitario para evitar contagios, ocupa parte esencial el partido político Podemos cuyo líder, Pablo Iglesias, se convirtió en el responsable “in pectore” del bienestar de nuestros mayores con su Vicepresidencia de derechos sociales. No andaba muy preocupado el podemita por nuestros ancianos, ni antes del Estado de alarma ni después, pues su amancebamiento amoroso abandonaba Galapagar para recluirse en la entrepierna de una joven asesora de su Departamento con la que ahora dicen que comparte el tálamo.

Tampoco era necesario que el macho alfa hiciera nada por nuestros ancianos. Ya lo hacían las organizaciones falso-filantrópicas y feministas internacionales, cuya directriz es clara: “abolir la familia”, dejar morir a los ancianos y luchar contra la maquinaria furibunda de la estructura heteropatriarcal que caracterizará al confinamiento.

Uno de los principales “Think tanks” de la basurita progre en materia ideológica marxista cultural, llamado “Open democracy”, cantaba estas semanas a favor de suprimir la familia, terminar con los valores adheridos a la misma y suplantarla por individuos atomizados y desarraigados de su sexo, identidad y Patria. 
Open Democracy es una revista digital financiada por las fundaciones del magnate George Soros, la principal de las cuales se llama Open Society. También participan en el tinglado otras organizaciones “filantrópicas” como la Fundación Ford, el Atlantic Philanthropies, el Rockefeller Brothers Fund y el Joseph Rowntree Charitable Trust. Grandes nombres del poder financiero y globalista, hundiendo sus garras contra la civilización cristiana a través de publicaciones políticas y de fundaciones “filantrópicas” siniestras.

“La crisis del coronavirus muestra como necesario el acabar con la familia”. Así se despacha “Open Democracy” en peroratas articulistas donde se ha incluido a la aguerrida feminista 
 Madeline Lane-McKinley, para la cual: «los hogares son las ollas a presión del capitalismo. Esta crisis traerá un aumento de las tareas domésticas: limpieza, cocina, cuidados, pero también abuso infantil, abuso sexual, violación de parejas, tortura psicológica y más. Lejos de ser un momento para aceptar la ideología de los valores familiares, la pandemia es un momento sumamente importante para atender a las necesidades, evacuar y, en general, empoderar a los sobrevivientes y a los confinados en el hogar nuclear.”

Semejantes asertos se incluyen en una publicación internacional leída, asumida, digerida y aplaudida por el mundo progre español. Desde luego, el ataque a la Familia no puede ser mayor de lo que lo está siendo hoy en España, no sólo liquidando las fuentes primigenias familiares que son nuestros ancianos, sino empoderando al feminismo colérico a través de partidos políticos e instituciones autonómicas que como la Generalidad Valenciana no desean que los chiringuitos feministas pierdan su justificación y manteca durante la crisis sanitaria, alentando publicidad institucional, portales electrónicos y servicios hoteleros de alojamiento contra “la violencia de género emanada del confinamiento”.

La coyuntura que vivimos no puede ser más demoledoramente abrumadora para uncir nuestro destino a designios globalistas perversos traducidos en realidades de sumisión de Occidente a los más oscuros diseños sociales.