La noticia nos la proporciona ABC (Sección Verano, 31 de julio de 2022). Resulta que en el castillo que mandó construir Felipe II en Jaca, que fue cuartel y hoy recibe el nombre de Ciudadela, hay montados 32.000 soldaditos de plomo recreando diferentes batallas, tanto acaecidas en España como en el mundo. El encargado de tan fantástica colección es un coronel “chistoso”, Francisco Rubio Damián, que en la entrevista que le hace Bruno Pardo Porto de ABC sobre una representación del bando nacional y del rojo en nuestra Cruzada, el coronel refiere al periodista lo siguiente: “Aquí tenemos a los dos bandos separados, para que no se peleen”, “suelta entre risas”, según hace notar el periodista.  

    Resulta chocante, al menos a mi modo de entender, que se conserve con tanto mimo y cuidada dedicación dicha colección, por más valor que tenga, y se derriben las estatuas de quienes protagonizaron y se distinguieron en esas escenas recreadas por las figuritas de juguete.

    Lo que me hacer recordar lo que ha dicho a propósito de las estatuas que se derriban, Massina Correas, del que he leído algunos ensayos:

 “Suprimamos las estatuas de nuestras plazas y calles y el conocimiento del héroe quedará solamente al alcance del pueblo en el empeño imaginativo del relato escrito, ya histórico y biográfico, ya puramente literario; faltaría a la vida cotidiana y al entusiasmo de nuestra alma esa afirmación espiritual, que espera las miradas y el silencio de los que pasan, y que ciertos días del año obtiene el calor de la multitud que la rodea”.

    Magnífica reflexión sobre la labor talibana de quienes pretenden borrar la historia destruyendo su memoria en estatuas y monumentos. Lo que sugiere un conocimiento de la historia puesta en la perspectiva de un contexto interesado, intentando explicar con una fórmula única y conclusiva, fuera del conocimiento documentado, crítico y racional, la realidad que le fue propia.

    Y en eso estamos, llorando como nenazas a la limpieza ROJA, impertérritos a una limpieza AZUL.