El PP ya no es un partido legítimo, desde que Teodoro –con ese talante osado de tonto del pueblo– dijera en rueda de prensa que su partido no votará a favor de la moción presentada por Vox, la formación azul ha demostrado que sus intereses están muy lejos del bien común; ya lo llevaban manifestando desde que en las elecciones pasadas Pablo Casado tratara de convencer al votante de derechas que solo podía ser el tonto útil del “voto útil” de un partido inútil. Ese utilitarismo ofensivo representa la política de un partido que ha renegado de la política, que es anti-político y que lamentablemente se ha convertido en un obstáculo para la democracia, y en un instrumento al servicio del gobierno social-comunista y el globalismo internacional.

Toda realidad se legitima porque que atiende a principios necesarios, es decir razones por las cuales debe existir necesariamente; el PP ha hecho que depositar un voto a su favor ya no sea racional porque se ha despojado a si mismo toda racionalidad practica –ética– la prueba es que si dejase de existir se incrementaría la posibilidad de recuperar el estado de derecho, y que no hay filopepero ni pepero de filiación que pueda basar su voto en razones éticas, lo que a su vez es causa de que sus dirigentes solo puedan hacer campaña chantajeando al elector con premisas utilitarias ¡repugnante!

Si aún había algún despistado que podía sustentar su argumentación en términos de prudencia, ya no puede hacerlo, las imprudencia de Casado y su lacayo Teodoro no tienen parangón, sus actos son frívolos, infantiles y extremos: ponen cordones sanitarios, insultan a los dirigentes de Vox y a su electorado, se alían con marxistas, se arrodillan ante déspotas; esos mismos que luego les afrentan y pisotean su dignidad política; sufren una indigencia intelectual tan grave que será Abascal el que finalmente impida que la izquierda termine de humillarlos –como haría un buen padre de familia con un par de niños imprudentes que no saben defenderse por sí mismos.

Pero al PP le queda una última carta que jugar: su estructura política, que es el eufemismo que los partidos políticos emplean para referirse a las relaciones de dependencia, es decir todas aquellas personas que directa o indirectamente dependen de los empleos que ofrece el partido; cuando un partido es viejo en política tiene mucha gente atada y bien atada –de eso sabe mucho el PSOE y más quiere saber El Chávez Español–. Esa estructura tan bien cimentada resuelve la pregunta que hoy se hacen muchas personas ¿Si el PP ya no tiene legitimidad por qué le siguen votando? Esta es la razón: el chiringuito al que algunos medios se refieren como “red clientelar”, que es de todo punto una inmoralidad legal.

En un estado de derecho el voto es una herramienta de la expresión de la voluntad, cada uno debe votar en conciencia –eso es lo que todos recomendaríamos hacer a otro si nos pidiese consejo– esa es la máxima expresión de libertad: dirigir la voluntad hacia lo que la consideramos bueno y no hacía aquello que consideramos menos malo; en este sentido el PP se ha convertido en un partido o en el partido amoral porque no puede ofrecer ninguna razón moral al votante, y porque solo puede ofrecer razones amorales, se ha hecho a sí mismo prescindible, y terminará en basura como un paquete de tabaco vacío, nos constará recuperarnos del efecto de su humo nocivo, algunos por fumadores pasivos y otros por activos, y desde luego la moción presentada por Vox es el principio del tratamiento para dejar de fumar. Es la hora de dejar de fumar y de votar al PP.

A partir de esta moción se han demostrado cuatro cosas: El Gobierno PSOE-PODEMOS es la coalición de dos partidos inmorales –buscan el poder a través de la demagogia y otros mecanismos oscuros–  , El PP es el partido de la amoralidad –por necesidad, al carecer de cualquier sustrato ideológico y ético– , que Ciudadanos ha desaparecido del mapa político – porque con un partido amoral es suficiente y ya tenemos al PP–, y que Vox se ha constituido como el partido de la moralidad, de lo bueno de suyo, de la verdad y la justicia.

La moción ha sido un éxito para los de Abascal, ha quedado claro quién tiene la legitimidad política, ética y moral para ser y hacer oposición. Good bye, PP.