Ante la situación de desastre e irresponsabilidad gubernamental, la ciudadanía está obligada a mantener seca la mecha y proporcionar la chispa.

¿Alguien se acuerda ya del enfrentamiento de Alberto Rodríguez y Belarra con la presidenta del Congreso de los Diputados? ¿Y del encontronazo de la «jefa» de Podemos con «la Yoli»? ¿Y de los roces de la «marquesa» con otros miembros de Unidas Podemos? ¿Se acuerdan de los condenados o en puertas de serlo que han acabado en el «Ministerio de la Señorita Pepis»? ¡Qué mala memoria tenemos en este país! ¿Cuántas huelgas han convocado los sindicatos por la descomunal subida de la luz? ¿Cuántos ciudadanos se han manifestado por la condena al sindicato sectario de obreros y cuyo pago se ha hecho con cargo al patrimonio sindical, en vez de cargarlo al suyo personal?

Nos cuentan cuatro sandeces del G20, reproducen tres mentiras del fraudulento y mentiroso presidente, bajan unos euros el precio de la luz, reparten dividendos Inditex y el Banco de Santander, cobra 662M de ese dividendo el filántropo, Amancio Ortega… y todo se nos olvida. Eso sí, el clan de indocumentados de Unidas Podemos salta a la yugular de Ortega por esos dividendos, como si no hubiera nada más importante ni entendieran por qué los cobra y por qué esa cantidad. Limando asperezas, ya contaba mi amigo socialista que «Total, si sólo cobra 662M más que nosotros. ¿Habrá algún desalmado que envidie eso?».

Lo mejor de todo es que estamos en la semana en que se puede conocer la condena a Íñigo Errejón y su previsible inhabilitación, al igual que en el momento en que PSOE y Unidas Podemos van a confrontar sus desavenencias con los otros grupos del Gobierno «Franki»: golpistas catalanes, terroristas bilduetarras, corrompidos nacionalistas, republicanos de la línea de «Terra Llivre» y demás aventureros del no producir y buen vivir. Si el diputado inhabilitado no rebaja la tensión e Irene Montero no suaviza las envidias contra «la Yoli» y la propia Belarra, el polvorín está garantizado. Y, ante la situación de desastre e irresponsabilidad gubernamental, la ciudadanía está obligada a mantener seca la mecha y proporcionar la chispa.

Lo único que sabemos de cierto es que Alberto Rodríguez no va a pedir la dimisión de Batet, asustada donde las haya. Y es que, de un patinazo como el suyo, así como de la atrevida petición de explicaciones al Tribunal Supremo, sólo se sale desde la ignorancia y el analfabetismo de unos políticos como Adriana Lasta o Rafael Simancas; en otro caso, tratándose de un político con formación como Batet, la vergüenza ajena y personal se arrastra por los siglos de los siglos.

Desde la ejecutiva del PSOE ya han saltado y se han alzado voces contrarias a mantener la coalición con los adocenados comunistas de Yolanda Díaz, Garzón, Belarra, Echenique, Monedero y demás pandilla indocumentada; es más, no faltan quienes prefieren convocar elecciones o prorrogar presupuestos ante la cadena de sentencias que se avecinan tras el canto del «Pollo» Carvajal. Ni Felipe González ni Alfonso Guerra compran la mula a Pedro «El mentiroso»: saben que esa mula es coja y soltera, por lo que nadie arrienda las ganancias.

El sector empresarial y un gran sector político también han montado en cólera al comprobar que Pedro Sánchez, por su cuenta y riesgo, ha aumentado en un 50% la aportación de España al Fondo Verde del Clima. Pero no lo ha dicho en España sino en el COP26. Brutal chulería que España pagará cara, salvo que el Gobierno que releve a los actuales comunistas y socialistas consiga anular esa insensatez más propia de una persona fraudulenta y acomplejada que de un presidente de Gobierno digno y responsable.

Quédense tranquilos porque, aunque no lleguen ayudas a La Palma ni haya ayudas para las riadas en Valencia ni se paguen los destrozos de rebaños por la prohibición de la caza del lobo, sí las habrá para los Fondos raros, empecinamientos del Club de Bilderberg (Club del misticismo y la conspiración) y antojos del terrorista, George Soros, aunque haya que sacar los dineros de debajo de las piedras.

De lo poco que estoy seguro es de que al diputado inhabilitado le ha sentado a cuerno quemado lo de perder el sueldo, la poltrona y la capacidad de que le escuchen los medios de comunicación amañados. También tengo plena seguridad de que sus compañeros le han dejado tirado: han protestado con la boca pequeña y han echado lágrimas de cocodrilo, pero eran los primeros interesados en que desapareciera de sus filas.

Si bien en Unidas Podemos no contaba eso de la imagen cuando eran «simples vándalos», ahora que son «vándalos señoriales», sí que cuenta mucho. Y ahí llegamos.