Del mismo modo que el agua y el aceite no se mezclan, tampoco el PP actual y VOX suman. Aunque ya son bastantes los que comprenden esto, aún son insuficientes para conseguir la alternativa regeneradora que España está pidiendo a gritos. Para poner en marcha dicha restauración, la clave se halla en aquellos electores que contra todo sentido común todavía siguen confiando en lo que el partido de la calle Génova representa hoy: corrupción, deslealtad e impotencia.

 

Los españoles que alientan un sentimiento nacional y mantienen los dos ojos abiertos no pueden sino extrañarse de la ceguera de los tercos votantes del PP, pues quieren creer que también ellos comparten el mismo amor a España. Pero tal vez estén equivocados y no sea ignara obstinación ni extraña paradoja, sino mero sectarismo, intereses partidistas o prebendarios, o mala fe, lo que en realidad les impulsa. Con lo cual, y añadidos a los fanáticos y subsidiados del otro bando, además de los malevolentes, resentidos sociales e hispanófobos que proliferan en toda colectividad, la necesaria reconstrucción de la Patria aún tendrá que esperar. Porque el recuento no da más de sí.

 

Y si el alma de la sociedad se ha podrido durante la nefasta Transición hasta el extremo de resultar mayoritariamente sórdida, ya no será sólo una labor política la que tendrán que emprender las organizaciones identitarias. La ética, la educación, la cultura, los escrúpulos… la conciencia, tendrán que ser vistas como algo imprescindible; una amplia labor pedagógica sin la cual no cabrá restauración alguna, dado que el marxismo cultural y el ideario capitalista más depredador se han confabulado para destruir el civismo y hacer de la codicia, la envidia y el hedonismo los motores de una comunidad insolidaria como es la nuestra.

 

La delincuencia y la maldad y, más allá de ambas, la perversión y la sevicia, necesitan, para expiar sus faltas y llevar a buen término sus aberraciones, que el sudor y la sangre de la multitud corran en abundancia. Todo está en movimiento bajo estas premisas. Mientras los amos del mundo meditan y planean, sus sicarios ejecutan. Y entre la muchedumbre aherrojada es cada día más inquietante la confusión, la indiferencia y la deriva. ¿Y cuál es el fin último de tantos esfuerzos sino el de mantener, durante el breve espacio de tiempo que dura una vida el atormentador anhelo de una equívoca felicidad?

 

Porque la felicidad, esa meta imposible cuyo logro justifica lo peor de la lucha humana, corrompe a los endiosados que tratan inútilmente de conseguirla, arrastrando al prójimo, mediante su ambición, a la miseria y a la muerte. Quienes aspiran a ser felices por encima de todo, confunden su egoísmo con la vida auténtica y respetable. Olvidar lo que «somos» por lo que «deseamos», lleva a unos a sembrar amargura y ruina a cambio de alcanzar el ansiado poder.

 

Quizás sea éste el momento idóneo para convencernos de que el mundo necesita un giro de trescientos sesenta grados y que percibir una regeneración sólo desde su aspecto político y poco más no sirve para nada. Respecto a España, que es lo que directamente nos interesa, hemos visto, de nuevo, cómo con el mismo desparpajo con el que asumió la política globalista -antiespañola- de Feijoo y Rajoy, Casado ha aprovechado ahora el congreso de su partido para decir que se compromete a derogar todas las leyes de la ultraizquierda.

 

Hay que tener una desorbitada desvergüenza, una extrema desfachatez y, más aún, un absoluto desprecio hacia los propios partidarios y hacia el pueblo en general para repetir ese mantra con el que se pretende invocar la ayuda electoral. Tratando, además, de restar a VOX esos votos blanditos que van de flor en flor, porque al no entender de dignidad ni de razón, están dispuestos siempre a que se les engañe una y otra vez, pues ni captan la vida en su verdadera dimensión, ni valoran la circunstancia, ni ven en la acción política sino un viva quien vence o un derecho huero y sin sentido, como sus vidas. Y tratando también de que olvidemos que esa promesa de derogar las leyes de las izquierdas resentidas no es la primera vez que la apalabran, tal vez por ser conscientes de que la mayoría de sus votantes no han aprendido aún lo que valen los compromisos del PPatraña. La prueba de ello es que, pese a sus envites, siguen manteniéndolas en las autonomías donde gobiernan, ante el condescendiente silencio de sus seguidores.

 

Salvo factores providenciales, sólo existen dos hipótesis a corto/medio plazo para acceder a la alternativa regeneradora que España necesita. La primera es que una parte del PP reaccione de la mano de un líder idóneo y decida no seguir en manos del globalismo de Soros, por comprender que ello es un peligro grave y permanente para España. Que entienda por fin que su papel pasa por defender a su país, no por participar en la locura del NOM y que, tras posicionarse programáticamente junto a VOX, planteen unidos un acoso radical al frentepopulismo, incluyendo movilizaciones ciudadanas e informativas, para desenmascarar sus mentiras y su odio, con el objetivo de desalojarlo de los sitiales donde gobierna y sacar a sus ventajeros de la política española cuanto antes, liberando a los españoles de la ignominia guerracivilista que nos han impuesto. Finalmente, tras anunciar conjuntamente el final de una Transición corrupta, manejada por los hispanicidas y sus cómplices, comuniquen la decisión de  coaligarse o fusionarse -más arduo esto último- ante unas inmediatas elecciones, con la vista puesta en un horizonte depurativo en todos los aspectos y, sobre todo, una justicia independiente que sentencie sobre la omnipresente corrupción de tantas décadas.

 

La segunda y más sencilla hipótesis pasa porque el dañino voto actual que recibe el PP, que en realidad va a parar al neo comunismo y a la plutocracia globalista, se trasvase cuantiosamente a VOX, único partido con representación parlamentaria que defiende la libertad, la vida y la unidad de España, algo que habría de conseguirse mediante la movilización de la masa crítica.

 

Ambas conjeturas podrían rescatar a España de su humillación actual; pero una y otra se aproximan hoy más a un deseo irrealizable que a una probabilidad, pese a ser las únicas opciones inteligentes y no catastróficas. No obstante, a fuerza de echarle a la política prudencia, fortaleza, templanza e imaginación, y mientras llegan al poder dignatarios que reimplanten la justicia y la dignidad, es obligado defender nuestros derechos, despertar del letargo que ha permitido medrar a esta casta de indeseables apóstoles de la mentira y seguir alentando a líderes resueltos y valientes, no aquellos que la ambición aguza, sino los que la prudencia y la razón instituyen en las almas bien gobernadas.