Vivimos desde hace más de medio siglo en un clima de degeneración, si bien únicamente hablar así, con  conocimiento de causa,  quienes los hemos vivido...

Me hace  gracia oír hablar “ex cathedra” sobre “el pasado,  a jovencitos de menos de cincuenta años” que lo conocen de oídas o por haberlo  leído, pero nos desprecian a los testigos de los hechos. Al menos podrían tener la humildad de confesar que hablan  de lo que “creen”,  (el P. Astete definía  la fe  como: “creer lo que no vimos”) un poco de respeto a quienes los  vivimos y deberíamos gozar de cierta autoridad.

En mi caso les aseguro haber vivido desde 1931 90 años con “uso de mis facultades”. Recuerdo cosas de cuando aún no tenía tres años, (comprobado)  y algo sé, tanto sobre España como sobre la Cuba anterior a Fidel. Cuando veo a esas “intelectualas” de pitiminí, aleccionarnos sin autoridad, inexpertas y sin  años ni fundamentos,  siento un infinito sobre todo viéndolas ocupar cargos ministeriales cuando sus cualidades  para rellenar sacos de serrín. ¡Y tienen en sus manos el futuro de España, nación cuyas gestas asombraron el Mundo! Nuestra Patria en manos de mentes vacías y manos degeneradas por el vicio y los crímenes

Esta realidad por sí mismo justifica ya el título: “¡Degeneración absoluta!” No creo que sea posible volver a ver en el futuro un grado tal de degradación y depravación similares.

Me enseñaron de niño que el símbolo bíblico, de la “maldad del hombre”, tenía nombre de mujer: “¡Jezabel!”.

Nada ha cambiado, y en 2021, sigue siendo cierto que el nombre de la “máxima degeneración humana en cualquier campo,  tiene nombres femeninos”. Tenemos en nuestra Historia varones depravado, en las diversas  rutas de la degeneración, pero no alcanzan la maldad de estas féminas del siglo XXI que vomitan por su boca ofensas contra el ideal perfecto de la mujer y contra la feminidad más pura… ¡contra la Virginidad de la Madre de Dios y madre de los hombres! Y utilizan palabras asquerosas que suenan mal hasta en boca de los carromateros. Ha provocado estos comentarios míos, un artículo del ex ministro—y amigo  -- Jorge Fernández Díaz sobre  “el feminismo patológico”

Pero ¿qué se puede espera de quien comparte el catre, con el macho alfa, que odia la Cruz, y  a quien solo verle caminar ya retrata  su chulería? Me recuerda un “eslogan” famosísimo en la Cuba anterior a Fidel, de una de las  tres famosos cervezas cubanas… ¡el “meneíto de la Cristal”! (las otras dos era “Hatuey” y “Tropical”).

Una canaria inteligente, hace alagún  tiempo  nos hizo sonreír a todos cuando, en el Parlamento,  le soltó al vicepresidente machote: ¡Ese “tonito”!,… Pablito.

¡ Ese "meneíto de tus andares” ¿Cuántas horas de entreno le ha exigido al  tiranuelo comunista? ¡Pobre España en manos de las “jezabeles” y “los meneitos”!

Me imagino la degeneración y obsesión sexual que se precisa para conseguir  hablar como hablan y actuar como lo hacen  estas arrabaleras podemitas: Una de ellas ha tirado una cruz a un estercolero, otras han fabricado un “paso” --como los de Semana Santa--  “con una vagina gigante” y  todas ellas reniegan de María Santísima, cuando, antes,  ni los españoles más anticatólicos se atrevían antes  a pisar en esa cloaca inmunda y pestilente. Podían odiar la Fe de sus padres,  pero por su sangre  corría siempre veneración producto de la “Tierra de María Santísima” sobre todo en las mujeres. Sin embargo estas “sesqui rameras de instinto”, se han permitido profanar el don más preciado de la Madre de Dios: ¡su Maternidad Virginal!. En otros tiempos, a esta miserable especie de féminas la habrían puesto en su sitio ¡el  que  todos ustedes se pueden imaginar! Corto, para no ser procesado por “machista” cuando somos los católicos practicantes quienes  tenemos a nuestras mujeres, en un altar y las de los demás rodeadas del más absoluto respeto tanto si tienen marido como viven solas.

Tanto el feminismo como el machismo son términos que desprecio y jamás me han interesado. El hombre, hombre y la mujer, mujer, han borrados esos términos de su vocabulario quizás como aplicación instintiva de la regla elemental: dime de qué presumes y te diré de que careces. Jamás han sido tema de mis  conferencias o charlas y si los toco en las conversaciones es en tono de guasa. Son temas para estúpidos que, marcan el nivel de las generaciones. 

Los jóvenes no pueden recordar lógicamente  aquellos tiempos, cuando la acusación obsesiva,  contra la Iglesia “reaccionaria” era siempre éste:  su insistencia en recordarnos a los fieles,  el peligro  del “el sexto y el noveno mandamientos”…  Y lo decían “esos” que,  ahora como entonces, han tenido como tema preferente de  conversación el sexo, las mujeres, las putas, las películas erótica,  en la que son expertos… ¡Si sabrían aquellos viejos curas de la naturaleza de sus paisanos!