Desde temprana edad las madres y educadoras nos han repetido eso de "mientras no haga daño a nadie, a ti debería darte igual". Y así nos pasa, que vivimos rodeados de gilipollas.

La humanidad desde tiempos inmemoriales ha adoptado el mimetismo como modo de supervivencia, por lo que para no destacar busca desesperadamente ser igual que sus semejantes camuflándose.

Por lo que si sus semejantes claman guerra y se alistan, ellos también; si tienen que dejar el pueblo y sumergirse en la ciudad más de lo mismo y si desde el Gobierno y los medios se divulga la cultura idiota, los gilipollas no van a ser menos, no vaya a ser que les señalen por ser diferentes -aunque sea para bien-.

Que el Gobierno ha tenido una actuación nefasta, idiota y hasta diabólica durante esta pandemia es algo que ni el más gilipollas de los gilipollas del reino de España dudarán. Pero con millares de muertos, oficiales y no oficiales, ¿qué han hecho los gilipollas? Pues lo esperado: el gilipollas.

Si ya parecía de humor negro eso de salir a las 20.00 a aplaudir por los balcones y a las 21.00 cacerolada, ese mismo pueblo español que cuenta con un curriculum vitae de rebeliones contra el poder bastante denso, se ha adaptado a los gilipollas de sus gobernantes.

Manifestaciones multitudinarias en casa a través de youtube, sacar la basura o al perro con ropa negra en señal de luto, dejar de aplaudir -como si aplaudiendo o no se cambiará algo- manifestaciones desde el coche o moto...

A modo de pullita para mis compatriotas gilipollas, creo que los fallecidos se merecen algo de respeto y de virilidad, porque yo, que no me siento gilipollas y me da igual destacar; no quiero pertenecer a ese populacho que pasó su arresto domiciliario haciendo retos y selfies poniendo morritos en el baño.

Pero todo tiene su explicación al fin y al cabo: los gilipollas votaron en masa el pasado noviembre al PSOE y a Podemos.

Total ¿qué podía salir mal?