El Partido Popular de Pablo Casado ha vertido sus últimos exabruptos contra la españolidad de Cataluña manifestando, en una entrevista al medio separatista RAC1 su condena a la actuación policial en el 1 de octubre de 2017. Del mismo modo, la número 3 del PP al 14 F, Eva Parera, compadreó con los criminales Junqueras y Puigdemont al abrir su partido a los indultos. Recordemos que Parera, ex de CiU, proclamó bajo las siglas de Pujol, el derecho a la audeterminación de Cataluña.

El PP es hijo del vomitorio autonómico, rehén de su corrupción moral y económica y traidor antológico. José María Aznar entregó a Pujol las mayores cotas fiscales, las competencias de seguridad para los Mossos y la práctica retirada total de la Benemérita, regalando a CiU la expansión lingüística catalanista sobre el Reino de Valencia.

Llegado a la Moncloa, Rajoy aprovechó a la inefable Alicia Sánchez Camacho para aprobarle los Presupuestos al presidente catalán golpista Artur Mas. Luego permitió dos referéndums independentistas: en 2014 y 2017. Soraya Sáenz de Santamaría, rectora del CNI, abrió a Carlos Puigdemont la jaula y rindió ante Alemania el honor de España al admitir la sentencia de un tribunal regional germano que blindó al golpista en los extramuros de nuestra Patria.

El PP merece extinguirse en Cataluña y España, y cuánto mayor sea su hundimiento mayor será la justicia providencial de la historia contra un aliado y promotor del cáncer separatista.

No obstante tengamos en cuenta que, de cara a los comicios del 14 F, quién piense que Vox crece en Cataluña por la traición de un PP que se abre a la amnistía a los golpistas o que desprecia a la Policía nacional del 1 de Octubre de 2017, se equivoca. Quién piense que Vox crece porque Inés Arrimadas y Albert Rivera huyeron de Cataluña para posar su trasero en Madrid y ser la muletita de Pedro Sánchez, se equivoca. 

Vox no crece sobre la ruina moral de un PP que quiere heredar a CiU, ni sobre la destruida veleta de Ciudadanos. Crece porque los problemas endémicos de Cataluña y España como la islamización forzosa, el fracaso autonómico o la necesaria destrucción de las leyes de género y memoria histórica, sólo son afrontados y bregados por Vox. Los barrios obreros e industriales captan en Vox lo que en Francia, Italia o Alemania ya asumieron los votantes de Marine Le Pen, Hermanos de Italia o Alternativa para Alemania: que sólo el liderazgo fuerte, carismático y soberanista puede protegerles frente a las élites multimillonarias y predadoras que imponen la inmigración, censuran las libertades e instauran los diseños LGTB. 

Al socialista Salvador Illa le votarán los pijos burgueses remilgados paridos en el ecologismo o en la prepotencia moral de las universidades progres; a Vox los currantes, hartos de okupas y delincuentes, y que no necesitan de las lecciones chulescas de la izquierda caviar ni de las paranoias del separatismo irredento. Los desheredados y los deprimidos, los maltratados por la anarquía del sistema autonómico y migratorio, van a depositar en Vox su confianza más decidida. Esperemos que jamás los traicionen. El PP y Cs ya lo hicieron, y lo pagarán.