Unas declaraciones realizadas últimamente por la expresidenta de la Comunidad de Madrid, doña Esperanza Aguirre, me han traído a la memoria un viejo chiste. En él se contaba que Japón y España, para conmemorar la llegada de los primeros navegantes españoles a las islas del Japón, deciden celebrar una regata de traineras. La tripulación de la trainera japonesa estaba compuesta por un patrón y doce remeros; la española estaba compuesta por el comandante, adjunto al comandante, timonel, navegante jefe, coordinador general, jefe de área, responsable de comunicaciones, secretario general, jefe de personal, interventor, jefe de prensa , responsable de relaciones institucionales y un remero. La prueba estaba concertada a 3 millas. Cuando la trainera japonesa llegó a meta la española había recorrido 0,205 millas. Ante un resultado tan deplorable, el gobierno decide tomar cartas en el asunto y se organizan unas jornadas de reflexión con miembros del gobierno y expertos de alto nivel, que se celebran en un hotel en Palma de Mallorca, Después de un amplio debate la comisión llega a una conclusión unánime y toma una firme decisión: ¡abrir un expediente al remero por falta de productividad! Se le había visto remar con muy poco entusiasmo.

 

Las declaraciones de Esperanza Aguirre a las que me refiero fueron realizadas ante la Asamblea de Madrid, en una comparecencia sobre la corrupción en el PP madrileño. Doña Esperanza afirmó que “había nombrado a más de 500 altos cargos y dos le habían salido rana”. ¡Más de 500 altos cargos! Diez autobuses llenos de altos cargos. De los cargos bajitos ya ni habla, se supone que habrán sido miles. Unos altos cargos que fueron incapaces de darse cuenta de la peligrosa deriva que llevaba la economía española, y tomar las medidas necesarias para que la crisis no golpeara al pueblo español de una manera tan brutal. Vamos, como en la trainera española. Resulta que tenemos un problema porque los remeros habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades.

 

No voy a discutir ahora si los altos cargos que han salido rana son sólo dos o son bastantes más. Me refiero a lo que supone el nombramiento masivo de altos cargos elegidos a dedo. No podremos hablar de corrupción, pero sí es una corruptela muy clara. Hay un olor a enchufismo que tira de espaldas, y deja percibir una imagen de los partidos políticos como repartidores de sillones, máquinas de colocación de amiguetes, familiares de familiares, y correligionarios fieles a los menores deseos del jefe o la jefa. O sea, la mejor antesala para la corrupción pura y dura.