Creo firmemente en una escala de valores que pasa por virtudes tan entrañables como rezar a un Dios único, defender la vida desde su concepción hasta su fin natural, amar a la familia como enseñaron nuestros padres, y creer en una patria, desde los principios inmutables de pan y de justicia como pregona nuestra historia.  Pues bien, acabo de leer un artículo que yo, modestamente, lo situaría entre las declaraciones más honorables y más profundas de la conciencia humana que he visto nunca. Lo ha escrito un amigo, es verdad, y alguien podría interpretar este comentario como una justa respuesta a tan explícito mensaje. Pero no hay que equivocarse, es solo la necesidad de expresar mi gratitud a esa inmensa lección de valor y sinceridad con que José Antonio Vergara,- al fin desvelo su nombre-, nos ha regalado con un testimonio que calificaría sin dudar, de  generoso atrevimiento.

         Declararse hoy a pecho descubierto que se es falangista, aunque no tenga carnet, lo que aumenta en buen grado su credibilidad y su varonía, tiene pocos precedentes, quizás por ese prurito, por no decir verguenza, de saberse afín a los postulados azules que él resume -como marca el estilo escueto de la Falange en “Patria, pan y justicia”. Un lema que nadie nos puede arrebatar y, claro a José Antonio Vergara menos que a nadie, que jamás bebió de aguas regaladas.

          Pero es que además en ese escrito, que es para ponerle marco, el ex alcalde en la Cieza de últimos de 2000, expone de modo preciso y claro, las bases políticas de la Falange para una sociedad más justa y más avanzada, incluso para muchos de nosotros que pensamos, egoístamente, que somos los detentadores exactos de la doctrina. Estoy convencido de que las formas que los falangistas proponemos para mejorar la vida y la convivencia de los espaloles, no ha sido superada por ninguna otra ideología, y que, el pueblo llano, volverá a ver en sus propuestas de paz y convivencia, la más acertada gestión a los problemas de nuestros ciudadanos.

La lección  de vida que nos da José Antonio Vergara, merece al menos para mí, total admiración y  respeto.; Hoy – ¡cómo está el patio¡-, resulta más fácil y hasta rentable salir de armario Gay, que abrir una puerta y proclamar claro y alto: Soy falangista. Seguro que no ganará favores pero habrá logrado algo que no podrán romper. Un honor irreversible