Como se quedan sin fieles, por descreimiento devenido o contestación manifiesta, el presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), el cardenal arzobispo de Barcelona, Juan José Omella -Josep para sus amigos independentistas-, recientemente recibido junto con el señor Osoro por el señor Jorge Mario Berglogio, intenta dar una de cal, mientras suponemos, porque de sobra les conocemos a los tres, dar dos de arena.

Así, en declaraciones a la COPE, el 21 del corriente, con una actitud manifiestamente hipócrita, como lo fue en el caso de la profanación de los restos mortales del Caudillo, ha pedido al Gobierno que “aparque temas que dividen” en la Ley de Memoria Democrática, que conlleva, entre otros propósitos, la re-significación del Valle de los Caídos y la salida de los benedictinos, “porque no es lo que preocupa a la gente en este momento”. Dando a entender que si en otro momento preocupase, seguro que estaría encantado de dar sus bendiciones.

Cobarde y mentecato, como lo son el resto de sus compañeros de la Conferencia Episcopal Española, el señor Omella se despacha diciendo que no encuentra explicación posible “que vengamos –mejor hubiese dicho que vengan: socialistas, comunistas, anarquistas e independentistas- con esos temas que nos dividen y nos retrotraen a momentos difíciles”.

¿A qué momentos difíciles se refiere, el cobarde y mentecato señor Omella? ¿Acaso a los tiempos en los que la izquierda proyectó la aniquilación de la fe católica y ejecutó el martirio in odium fide de obispos, sacerdotes, religiosos, monjas y fieles, la mayor persecución de la historia a la Iglesia de Cristo?

Dice que la comunidad benedictina del Valle de los Caídos “se ha equivocado en algunas cosas”, y “que hay muchas heridas en el pasado”. ¿En qué se ha equivocado la comunidad benedicta del Valle de los Caídos? Y puestos a seguir interrogando al señor Omella, ¿a qué heridas abiertas se refiere?

Señor Omella, ¿cree usted que los católicos españoles confiamos en usted, en sus compañeros o en su jefe?

Señor Omella, usted y su jefe están haciendo que miles de españoles pierdan la fe y que quienes la conservemos terminemos siendo sedevacantistas?

Señor Omella, Juan José, arzobispo, Josep para sus amigos independentistas, es usted un cobarde de tomo y lomo.

Señor Omella, tírese con una rueda de molina al Llobregat antes que le tiren ellos, o puede que nosotros. Que esto si llegase el caso estaría por  decidir. 

Señor Omella, en otra ocasión podríamos hablar del pensamiento de su jefe, Jorge Mario Berglogio, un pensamiento que sólo alimenta sueños como los de su mentor, Leonardo Boff.

Señor Omella, recen, pidan al Dios de Jesucristo, no al dios sincretista que predica Berglogio, que les de fe y fortaleza porque empiezan a estar todos ustedes más que amortizados.