De padres africanos fue parido el tristemente famoso “agresor sexual del ácido”. Los telediarios destacan su 'nacionalidad española'. Porque nació en Melilla. El “ius soli” o derecho a obtener la nacionalidad por cuestiones ajenas a la herencia cultural, nacional e identitaria de España genera espectáculos tan bananeros como que un delincuente africano y no europeo sea categorizado como “español” y que la corrección política o dictadura progre haga uso de él para generar endofobia u odio hacia los españoles autóctonos: “el delincuente del ácido es español”, rezan los noticieros. ¡Sí! Ya… Tan español como yo astronauta. Reducir la concesión de la nacionalidad al trámite administrativo, a los privilegios a inmigrantes o al mero nacimiento en suelo español es escandaloso y perturbador. Romper a marchas aceleradas la homogeneidad racial y cultural de un pueblo es lanzarlo al crimen de lesa identidad y abonarlo a conflictos inevitables.

El “agresor del ácido” ha tratado de liquidar a dos mujeres rociándolas con ácido en Cartama (Málaga), y tiene un amplio historial criminal con siete órdenes de detención y decenas de expedientes penales: violencia sexual, robos, violencia armada, intento de homicidio... El sujeto estaba en busca y captura por agredir a su anterior pareja. Tras el ataque a su actual pareja y a una amiga, que las ha llevado a la UCI, se ha fugado y según diversas fuentes trata de llegar a su tierra natal, Melilla, para luego pasar a Marruecos.

El criminal se ha beneficiado de los principios de garantismo y 'reinserción' social que tanto gustan a esos progres hipócritas que dicen defender a la mujer con ruinosas leyes de género y asociaciones paniaguadas mientras se oponen a la cadena perpetua para agresores sexuales que sólo defiende en el Parlamento español el partido Vox.

Los medios oficiales y buenistas consideran a este criminal como 'español' de pura cepa por haber nacido en Melilla, suelo español. El menda tiene de español el nombre –se llama José Arcadio- y el DNI. Pero nada más.

Reflexión: ¿De verdad podemos, a estas alturas del fracaso multicultural, seguir regalando como rosquilletas la nacionalidad española por nacer en nuestro suelo, por cumplir baratos requisitos administrativos o por privilegios vergonzantes a inmigrantes que traen el peligro del gueto, la herencia musulmana y el barbarismo? ¿Acaso no sucede ya en España como en Francia, donde musulmanes o africanos de segundas y terceras generaciones y nacionalizados franceses, son los de los Guetos, las 'manadas' violadoras y las 'no go zones'? El multiculturalismo patrocinado desde hace décadas por las izquierdas del marxismo cultural y por las derechas liberales y demócrata cristianas sumadas al consenso globalista, ha metido en Occidente la quinta columna extranjera que arrasa la paz social, parasita las ayudas sociales y ataca a nuestras mujeres. La situación social en España y Europa es una bomba de relojería. Es un imperativo recuperar nuestra soberanía fronteriza plena, terminar con el “ius soli” que transforma la nacionalidad española en un sello jurídico trivial, e impedir toda inmigración proveniente de países y culturas hostiles al Derecho natural y las leyes civiles elementales de nuestra civilización occidental. Parar la locura multicultural es vital.

Que un criminal como el “del ácido”, con antecedentes y cargos penales peligrosos, estuviese pululando en libertad mientras a ti, sufrido autónomo o trabajador, te acribillan a inspecciones y multas si no pagas un IVA o la pifias en el IRPF, es repugnante y la prueba del fracaso de un modelo estatal, judicial y policial troceado en 17 taifas descoordinadas y caóticas que sólo funcionan para recaudar pero no para ajusticiar.