No me refiero al coronel Casado que tuvo la valiente decisión de rendir la zona roja, para evitar que continuara el derramamiento de sangre cuando ya la victoria del bando nacional en la guerra civil era indiscutible. Me refiero a Pablo Casado Blanco, presidente del PP, principal partido de la oposición, con 88 diputados. Por supuesto que criticó la concesión de los indultos a los golpistas, pero y ¿qué más? ¿Qué dice sobre los ataques al Tribunal de Cuentas que planea el Ejecutivo? ¿Qué dice sobre el proyecto de Ley de Seguridad Nacional de Sánchez? ¿Qué dice sobre el acercamiento de los etarras no arrepentidos al País Vasco? ¿Y sobre la invasión de Ceuta y Melilla? ¿Y sobre la inmigración ilegal y la cooperación de Salvamento Marítimo que recoge inmigrantes en alta mar y, en lugar de devolverlos a su punto de salida, los transporta 480 kms hasta las costas canarias? ¿Y sobre la inexistente política de retorno de los “menas” a sus países de origen, en particular a Marruecos? ¿Y sobre la creciente “okupación” y asalto de pisos? ¿Y sobre la eliminación del español en los territorios autonómicos con lengua propia? ¿Y sobre la gestión de la pandemia?

Sabemos que no le gusta lo que está sucediendo, pero ¿y qué más? El jefe de la oposición debería comunicar a los ciudadanos españoles cuales son sus propuestas para rectificar la situación política actual, garantizar la convivencia democrática, la unidad de la nación española, el refuerzo y la consolidación del Estado de derecho, etc. No basta con generalidades. Son necesarias propuestas. Si Casado no explica las medidas que tomaría, si llegara al poder, para rectificar radicalmente las políticas de Sánchez ¿cree acaso que el pueblo español se va a quedar esperándolo?

Conviene recordar que Rajoy puso en evidencia su carencia de visión de Estado y su incapacidad para reconducir la situación independentista catalana, a pesar de disponer de un potente 155, lo cual le llevó a la moción de censura que ganó Sanchez el uno de junio de 2018 y que fue entonces cuando Casado, con un presunto giro a la derecha, tomó las riendas del PP tras ganar las primarias en julio de ese año. A continuación, se vio favorecido por la victoria del PP en Andalucía, que logró desbancar al PSOE tras 40 años de dominio en la región. Para ello contó con el apoyo de Cs. También le fue necesario el apoyo de VOX, que se lo concedió gratis total a pesar del desprecio con el que le trataba el PP.

No obstante, Casado volvió por los pasos de Rajoy y se mostró débil y ambiguo, lo que dio lugar a que en las elecciones generales de abril de 2019 obtuviera el PP 66 diputados frente a los 137 que tenia Rajoy, a la vez que entraba VOX en el congreso con 24 diputados. En las siguientes elecciones generales de noviembre de 2019, Casado recuperó escaños llegando a 89 pero VOX obtuvo 52 escaños. Por si este aviso fuera poco, en las elecciones catalanas de febrero de 2021, el PP obtuvo apenas 3 diputados mientras que VOX logró 11. Casado siguió con su política antiVOX y con un miedo terrible a la “foto de Colón”, lo cual parece constituir la esencia de su pensamiento político. El PP se ha visto recientemente favorecido por la victoria de Ayuso en la Comunidad de Madrid, pero ello causa temblores a Casado, al poner de manifiesto que Ayuso-Almeida pueden ser una alternativa muy atractiva dentro del PP frente al actual tándem Casado-Garcia Egea.

Amigo Casado, si tu mero objetivo, en medio del desastre sanchista, que se agravará en política y economía en los próximos años, es caminar hacia la Moncloa, recuerda que los partidos tienen la función de ayudar “a formar y manifestar la voluntad popular”. Si no te mojas proponiendo políticas en temas importantes te quedan dos opciones: o te sustituirán Ayuso-Almeida o tus electores te darán la espalda y se irán a VOX, si este partido sigue, a pesar del ninguneo mediático, presentando propuestas políticas necesarias y de sentido común.