Día tras día, año tras año, los medios de comunicación, las asociaciones feministas y los políticos nos hablan sin cesar del feminismo, de la igualdad y solapadamente en contra de la maternidad y, por ende, de la paternidad.

 

Si tuviéramos que definir la ideología de género en una sola frase, deberíamos de rescatar a Simone de Beauvoir y su afirmación de que “la mujer no nace, se hace”. Algo importante a tener en consideración es no confundir el feminismo con el hembrismo. Mientras que el primero lucha por la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres, es decir, entre personas, el segundo es exactamente lo contrario de lo que ellas denominan machismo pero enfocado desde la perspectiva femenina.

 

Cada vez que leo este tipo de cosas y/o hablo con mujeres de ideología más extremista sobre estos temas, me hierve la sangre, porque no alcanzo a comprender su afán por eliminar nuestro derecho a ser madres. Un derecho que nos es inherente puesto que hemos sido “fabricadas” para generar vida.

La ideología de género, recoge la interpretación de Friedrich Engels del concepto de lucha de clases. En su libro El origen de la familia, Engels relata la historia de la mujer. La aparición de la propiedad privada convierte al hombre en propietario de la mujer. En la familia patriarcal fundada sobre la propiedad privada, la mujer se ve explotada y oprimida por el hombre. El proletariado y las mujeres se convierten así en dos clases oprimidas. La liberación de la mujer pasa, pues, por la destrucción de la familia y la entrada de todas las mujeres en el mundo del trabajo. Una vez “liberada” del yugo marital y de la carga de la maternidad, la mujer podrá ocupar su lugar en una sociedad de producción. Actualmente muchas son contrarias a crear vida con la excusa de desarrollarse en sus profesiones o porque las empresas no dan facilidades y o no las contratan por este hecho o las despiden cuando esto sucede.

La ideología de género, recoge la interpretación de Friedrich Engels del concepto de lucha de clases. En su libro El origen de la familia, Engels relata la historia de la mujer. La aparición de la propiedad privada convierte al hombre en propietario de la mujer. En la familia patriarcal fundada sobre la propiedad privada, la mujer se ve explotada y oprimida por el hombre. El proletariado y las mujeres se convierten así en dos clases oprimidas. La liberación de la mujer pasa, pues, por la destrucción de la familia y la entrada de todas las mujeres en el mundo del trabajo. Una vez “liberada” del yugo marital y de la carga de la maternidad, la mujer podrá ocupar su lugar en una sociedad de producción. Actualmente muchas son contrarias a crear vida con la excusa de desarrollarse en sus profesiones o porque las empresas no dan facilidades y o no las contratan por este hecho o las despiden cuando esto sucede.

 

Asimismo, inspirándose en el estructuralismo, la ideología del género considera que cada cultura produce sus propias normas de conducta y modela un tipo de mujer distinto. Según las sociedades, ciertas tareas serán tradicionalmente consideradas como “tareas femeninas” y otras como masculinas. Si se quiere “liberar” a la mujer de la imagen de madre en el hogar, educando a sus hijos y ocupándose de su marido, hay que proveerle de los medios necesarios: la anticoncepción y el aborto. Liberada de las responsabilidades del hogar y la familia, la mujer se podrá entregar a su papel de trabajadora, en igualdad con el hombre. Es así como afirman que las diferencias de papel entre hombre y mujer son de origen puramente histórico o cultural: el producto de una cultura en vías de extinción.

El objetivo es llegar a una “cultura unisex”. La diferencia y la complementariedad se sustituyen por la semejanza entre los sexos. Aparece la androginia y se promueve la valoración de una supuesta bisexualidad original de todas las personas.

 

El resultado es la politización del hecho de que las mujeres estemos dotadas para generar vida, y más grave aún si cabe, la politización del derecho de los hombres a ser padres y ejercer como tales, especialmente cuando la familia creada se deshace por medio de la separación o el divorcio. De hecho, a un hombre que se queda viudo nadie le cuestiona sus capacidades para criar y educar a sus hijos sin la presencia de su mujer.

 

Las mujeres tenemos un don increíble que debemos de preservar. La vida no se crea por generación espontánea sino que necesita de dos seres, uno masculino y otro femenino para poder engendrar esa vida. Con posterioridad se producen esos extraordinarios momentos que suponen el llevar un ser vivo dentro de nuestro ser, sentir cómo crece dentro de nuestro cuerpo y se mueve. Algo que sólo nosotras podemos sentir. Al nacer, ése vínculo permanece durante la lactancia. Y aquí los padres tienen un papel muy importante: dar el biberón al bebé, cambiarle los pañales, bañarlo, mimarlo, dormirlo…. Un vínculo especial que comparten tanto la madre como el padre, siempre que nosotras no seamos egoístas y lo queramos todo para nosotras, como suele suceder en algunos casos.

 

Muchas mujeres se quejan de que el padre de sus hijos no les ayuda o no se implica en su crianza: ¿pero realmente es así o es fruto de su egoísmo? ¿No será que quieren tener al niño todo para ellas sólo porque lo han llevado dentro de su cuerpo durante 9 meses y les resulta imposible poder separarse aunque sea unos minutos de él?

 

Esto mismo sucede en un proceso de separación o divorcio. Muchas mujeres que se llaman a sí mismas madres pretenden eliminar la figura paterna aparentemente como venganza, pero lo más probable es que en su fuero interno piensen que ellas lo han engendrado y lo han llevado en su cuerpo y el padre no. ¿Y qué culpa tienen ellos de no poder llevar una vida en su interior? muchos se cambiarían por nosotras sólo por experimentar lo que únicamente nosotras podemos sentir.

Esto es el feminismo. Defender la vida, defender a los hijos, defender la familia, y defender por supuesto, la obtención de los mismos derechos y oportunidades que cualquier otro ser humano. Lo contrario es el hembrismo, fruto de la ideología de género y de la supremacía de la frustración que desemboca en los mismos hechos que se atribuyen al machismo pero derivándolo al lado femenino..

 

Se pone como excusa que las que somos madres no tenemos esos mismos derechos. ¿Los tienen las mujeres que no lo son? ¿O ellas consiguen mejores puestos de trabajo que las que sí lo somos?

 

Si buscamos igualdad de derechos y oportunidades, estos tendrán que ser también iguales entre nosotras mismas y respecto al resto de la población..

 

¿Y para conseguir una igualdad, hay que machacar al hombre por el mero hecho de serlo? Según la ideología de género y el hembrismo, las mujeres hemos sido sometidas por nuestra condición femenina. Si se busca una igualdad, habrá que actuar en consecuencia y no hacer lo mismo que dicen que han hecho con nosotras, porque entonces dejaría de ser igualdad para pasar a denominarse venganza.

 

¿Y qué mejor forma de vengarse que eliminando la figura paterna de la familia? ¿Qué mejor forma que hacer del divorcio un negocio? ¿qué mejor forma que inventarse una ideología diabólica incluyendo en estos entresijos a los medios de comunicación, políticos, abogados, jueces, fiscales, psicólogos con la base de una publicidad subliminal y machacona para absorber a la parte de la sociedad que no sufre esta lacra de separaciones no amistosas?

¿Por qué politizan nuestras vidas? ¿Por qué politizan nuestra esencia biológica?

 

Se ha legalizado el aborto. Algo absurdo por otra parte, dado que ya existen en el mercado un gran número de anticonceptivos para evitar un embarazo no deseado.

 

Es comprensible la detención del embarazo en casos de gravedad, por supuesto: Una agresión sexual, la salud de la madre, una enfermedad grave…. Pero detener un embarazo por negligencia propia, existiendo medios para evitarlo, es auténticamente inconcebible.

 

Nos llenamos la boca hablando de educación. ¿Pero de qué educación estamos hablando, de la que conviene por negocio o de la realmente necesaria y lógica?

 

Ahora resulta que el progresismo es lo contrario de la constitución biológica. Hay quien incluso se permite la ligereza de decir que las mujeres llevamos a cuestas “una carga biológica”, algo que forma parte de la ideología de género, pero quien ha hecho esta afirmación nunca ha sido madre. Entonces, ¿quién es ella para hacer semejante aseveración, si ha elegido libremente no tener descendencia?

 

¿Realmente hablamos con coherencia o nos dejamos llevar por nuestros miedos y frustraciones internas? ¿Por qué se politiza y se legisla a favor del fracaso?

 

Recordemos que la frustración y la ira van íntimamente relacionadas.