No les ha temblado el pulso. Ni han aflorado dudas ecológicas. La operación se ha venido repitiendo a diario desde que el pasado viernes los trabajadores del Ayuntamiento, encargados del vaciado del lago de la Casa de Campo, iniciaran su cometido.

Una lancha motorizada de goma recorre cada palmo de la superficie, lentamente, mientras arrastra un cable eléctrico con pequeñas boyas amarillas.

«Les damos una descarga y los peces se quedan tontos», reconoce uno de los técnicos, mientras vigila que nadie ajeno a la obra acceda al perímetro delimitado.

Tras el «latigazo», varios operarios encaramados a la embarcación sacan con salabres algunos de los 14.000 ejemplares «censados» bajo el agua del estanque, a fin de sacrificarlos.

Con este procedimiento, el Área de Medio Ambiente y Movilidad, que dirige Inés Sabanés, ha exterminado ya la práctica totalidad de los peces tras acometer casi por completo el vaciado del lago.

En palabras de la directora general de Gestión del Agua y Zonas Verdes, Beatriz García, la ejecución entra dentro de la Ley de Protección Animal para especies domésticas.

«Exigimos al gestor autorizado que se base en esa ley y que le dé el mismo tratamiento que a una especie doméstica. Es decir, no es un sacrificio, sino una eutanasia. Se le produce un aturdimiento previo para que el animal no tenga ningún tipo de consciencia».

 

Eso explicaba la responsable a Aitor Santos Moya de ABC, días antes de iniciar el proceso.

Previamente, el Ayuntamiento llevó a cabo un estudio de la fauna piscícola, cuyo resultado arrojó un total de 13.911 peces detectados: carpas común y royal, carpines, percasoles y gambusias; especies, todas ellas, catalogadas como «invasoras» o «exóticas».

Por ello, según la legislación vigente (Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad y al Real Decreto 630/2013), estos animales no pueden ser liberados en medios naturales, por lo que un gestor autorizado ha sido el encargado de acometer el sacrificio.

Respecto al vaciado, durante cinco días -el fin de semana, la actuación estuvo parada-, un compresor ha sacado progresivamente los 160.000 metros cúbicos de agua. Desde el contorno, despejado desde el martes, hasta la parte central, de mayor profundidad y hasta última hora de ayer, con escaso nivel de líquido.

A grandes rasgos, «la mitad del agua desde la superficie se ha vertido al río Manzanares, mientras que la parte más profunda ha ido a parar a la depuradora», advierten desde la propia obra.

«Preservativos y compresas»

Con el estanque vacío, una excavadora se encarga de retirar el fango y apilar algunos de los objetos hallados.

«Aunque se ha especulado mucho con que iba a aparecer de todo, tampoco hemos encontrado muchas cosas fuera de lo normal», subraya uno de los trabajadores, consciente de la expectación generada tras 35 años desde la última renovación.

«Si te soy sincero, lo que más me ha sorprendido es la cantidad de preservativos y compresas retirados», revela otro.

Pese a las impresiones recogidas, lo cierto es que basta un paseo por el entorno del lago para comprobar que son varios los elementos arrojados que llaman la atención. Sillas, mesas, papeleras, bidones metálicos o vallas de obra son solo algunos de los ejemplos.

«Aquí han tirado de todo; todavía me acuerdo de la época de las macrofiestas en el Madrid Arena, cuando teníamos que atar las sillas con cadenas porque las lanzaban al agua», detalla José Antonio, propietario del restaurante La Parrilla del Embarcadero.

Desde que arrancaron los trabajos, el trasiego de personas es constante por la terraza de este local.

«Gracias a que estamos más elevados, somos el único comercio al que no le han puesto vallas delante», prosigue el dueño, resignado ante los meses venideros: «Esto es igual que cuando haces una obra en casa; para disfrutar después, primero tienes que pasarla».

El principal inconveniente para los establecimientos del lago de la Casa de Campo llegará, presumiblemente, en primavera. «Algunas comuniones que teníamos reservadas ya nos han cancelado», explica otro hostelero, sin ánimo de que cunda el pesimismo.

En los alrededores, decenas de curiosos afinan la vista a través de los agujeros de la malla verde para revisar lo que consideran «una situación insólita». «Llevo toda la vida montando en bici por esta zona y la verdad es que sorprende mucho ver el lago así», subraya un joven, en la parte del embarcadero. El muro de contención, que será totalmente renovado, presenta numerosas grietas y al menos una veintena de grandes desprendimientos.

El barco de paseo de gasoil, anclado sin pasajeros desde hace años, y las casetas de los patos dirán adiós a un lago que cambiará por completo su aspecto. Si todo marcha según lo previsto, en agosto del próximo año, volverá a reabrirse de nuevo.

FUENTE: http://www.periodistadigital.com/ciencia/medioambiente/2017/12/22/ahora-madrid-aniquila-con-descargas-electricas-a-los-14-000-peces-del-lago-de-la-casa-de-campo.shtml