Me temo ser de los pocos que han tomado en serio todo lo que hay detrás de la famosa “mascarilla” que yo bauticé como “bozal” en el mismo instante que anunciaron  su aparición. Es la ventaja de conocer bien cómo funciona la Sinagoga de Satanás. Para mí,  es un libro abierto. Lo bueno del caso,  es que acierto siempre pero aún es mejor la realidad de que “nadie me cree”… Cuando era joven no lo digería pero  a partir de cierta edad la fui aceptando y, en estos momentos de mi vida,  me divierte. No les miento, lo veo como espectador desde la platea de un teatro. He acabado encontrándole gracia a que te ignoren olímpicamente y nadie se dé por aludido en mis escritos.

Tal ocurre con el “bozal”. Lo veo como es, o sea, un plan genial de la Sinagoga de Satanás, para comprobar que sus proyectos son perfectos. Imitan la técnica de los  americanos cuando,  para ver si era posible enviar un hombre a la luna, enviaban un cohete no tripulado de “comprobación” y tener la seguridad de lo acertado de los cálculos previos.

Eso y solo eso,  es el bozal: una “prueba” sobre la posible reacción del Pueblo a la aplicación de su gran Proyecto de Dominio Universal, antes de dar el golpe de mano y anunciarnos:  “¡somos los amos del mundo!”.  Se han dicho: asegurémonos  de que los “goyim” son eso que sabemos de ellos: Son criaturas con “inteligencia de bestias” como los tenemos catalogados y lo  proclamamos en nuestros libros y escritos desde  siempre. 

Consecuentemente,  deciden “soltar un bichito” preparado “ad hoc” para crear una pandemia y con ese pretexto ver hasta qué punto son manejables y de personalidad nula,  auténticos borregos a los que podremos llevar  donde decidamos.

Me siento cada vez más satisfecho de haber escrito “La piedra roseta de la Ciencia Política” porque todo lo que estamos viendo se ajusta a lo que en el comento sobre  el pensamiento y los planes sionistas. 

Han sigo geniales,  llevando a la Humanidad, sin que ésta lo haya percibido,  a dejar de pensar y  anular su inteligencia –esa  capacidad maravillosa  con la que Dios quiso hacer del Hombre una criatura única-- sin hacer ruido..

En este pensaba yo el sábado mientras sentía una rabia inmensa al ver cómo la Jerarquía de mi amada Madre la Iglesia Católica me daba una prueba más de no ser dignos llamarse Sucesores de los Apóstoles, pues han sido unos colaboradores  fundamentales de la Sinagoga, en vez de parle los pies.

Me explicaré. Me parece muy bien que la Iglesia dé ejemplo en todo y siempre, también de respeto a las Leyes y a la Autoridad civil, pero sin claudicar en la defensa de sus derechos. Jamás se puede acatar que en los recintos sagrados y  sobre todo en sus sagrados ritos,  tengan nada que decir y  hacer las autoridades políticas. Pues bien, llevamos un año en que los agentes de la sinagoga de Satanás que gobiernan España han  cerrado las iglesias, y las autoridades religiosas lo han consentido. Pero lo que más indignantes es ver el sacrilegio de realizar  el milagro de la transustanciación a través de un bozal. ¿Cómo se atreven los obispos y sacerdotes  a consagrar en el santo sacrificio de la misa con el bozal puesto?

Y lo peor es comprobar cómo, lejos de ir a menos,  cada nuevo día vamos a más. Se diría que a los sacerdotes y obispos --que por dignidad, vergüenza y Fe-- no habían caído en esa trampa,  los obligan a sumarse a la conducta cobarde y sacrílega de los otros. ¿Ha  dado alguien  orden en tal sentido? Discúlpenme por ser tan suspicaz pero  el gato escaldado hasta del agua fría huye…

Señores obispos;  Por favor, ¡que el “bozal” es ya el “signo de la bestia”!, (aunque no se dignen leerme, pero por si alguien les trasmite mi opinión…) y piensen en que el plan satánico de la Sinagoga, según el cual habrá una sola religión universal,  previa desaparición del resto de credos, (principalmente la Religión fundada por Cristo)… no lo consagren como “sacratísimo”. Los católicos que aun valoramos como el mejor don  recibido del Altísimo, el hecho de pertenecer a la Iglesia Católica, llevamos ya un año aguantando en la misa diaria, la ofensa de ver bozales en el altar donde Cristo se inmola incruentamente.

Ayer, en Santiago de Compostela, en la ordenación episcopal de un obispo auxiliar, los asistentes, vía televisión,  tuvimos que padecer, durante dos horas largas,  ese bochornoso y repelente espectáculo de los bozales, como reyes de  la Catedral. Quienes  conocemos un poco de Historia no pudimos menos  que recordar y añorar  tiempos lejanos, cuando el Emperador del Sacro Imperio acudía a Canosa para suplicar  perdón al  papa Gregorio VII, por meterse en lo que no era de su incumbencia. Ciertamente, son tiempos  que no volverán pero, al menos en España, la Iglesia Católica tiene aún capacidad para plantar cara a esos pobres diablos, mentalmente desequilibrados y de cabeza vacía que nos gobiernan, ateniéndose a los ucases que reciben de la Sinagoga de Satanás.

Pregunto yo;  y ¿no hay nadie entre los obispos con agallas y convicciones suficientes para darnos a los católicos una prueba visible  que refuerce nuestra fe en quienes son sucesores de los apóstoles?  Ellos sí supieron decirla al Sanedrín, “debemos obedecer a Dios antes que los hombres”  y,  ustedes,  ¿no han sido capaces de responder a las disposiciones de nuestros gobernantes: Nuestros templos son sagrados y nuestros ritos intocables? En Chile lo han hecho hombres que han heredado nuestros valores