6 de octubre de 1984. Ese día se obtuvo el último planchón de acero en Sagunto. En ese momento cayó el telón de cierre sobre nuestra industria siderúrgica. Contemplando aquella imagen -a la que acudo con alguna frecuencia- porque me parece detenida en el tiempo, siento lo mismo que ante aquellos y míticos buques que se hundieron en el océano en frías noches de abril de principios de siglo. El mismo silencio de horror y vacío.

¿Qué ocurrió en España -¿o qué dejamos que ocurriera?- para que toda nuestra gran Industria fuera desmantelada convirtiéndonos en un miembro más de la Unión Europea y en un país de servicios, de turismo y ladrillo sin más pujanza que ser la sombrilla de extranjeros que acuden a tomar el sol?

El paso de todos estos años nos permite, quizá, tomar la distancia y la altura suficiente para interpretar lo que ocurrió con otros ojos distintos a los que se vieron envueltos en la vorágine de cierres, huelgas, negociaciones a callejón cerrado y el papel de aquellos sindicatos que acabaron aceptando lo que debió ser innegociable.

¿Qué lugar ocupaba España , industrialmente hablando, en 1975 al finalizar aquel régimen surgido de la guerra civil de 1936?

En 1935 España era un país del Tercer Mundo con un nivel de vida inferior al de Checoslovaquia o Polonia. Y en 1975 era la décima potencia industrial del mundo, un país donde el hambre había sido reducida a mera anécdota y cuyo nivel de vida se acercaba más al de Italia que al de Marruecos

Gonzalo Fernández de la Mora en su libro de memorias Río arriba refería una conversación con Kissinger, durante la cual el turbio secretario se extrañaba porque don Gonzalo no quisiera que Franco se muriera nunca, retrasando así la entrada de España en la “modernidad”.

Don Gonzalo le dijo a Kissinger que estaba convencido de que un año más de vida de Franco suponía un año más de avances, de modernización y de soberanía, y que eso se frenaría en seco con la llegada de la partitocracia (que él había criticado bastante porque era contrario a las ideologías: ahí está su ensayo El crepúsculo de las ideologías). Y que la gente de Kissinger les obligaría, finalmente, a esa partitocracia

Los resultados fueron conocidos. Pero valga esta enumeración para saber de dónde veníamos y qué tenemos hoy:

1975.- España era 2ª potencia mundial en el sector servicios.

1975.- España tenía la 2ª flota pesquera del mundo faenando libremente en los principales caladeros del planeta.

1975.- España era el tercer productor mundial, en astilleros

1975.- España 9ª potencia industrial del mundo.

1975.- La industria representaba el 36% del PIB. En la actualidad no llega al 15% del PIB.

1975.- 7.3% de deuda sobre el PIB (96% en 2014).

1975.- El Impuesto de Tráfico de Empresa, (ITE, actual IVA) era del 2%. (Actualmente se aplica el 21%)

1975.- La presión fiscal era el 18’4%. En 2013 era 32’9%.

Aquel proceso de reconversión industrial significaría el desmantelamiento de la gran parte de la industria pesada que se había ido construyendo desde la autarquía de los primeros años del franquismo en torno al INI, concentrada en determinadas zonas con un tejido industrial más sensible y menos diversificado, como por ejemplo Asturias, que se ha calificado de monocultivo industrial (HUNOSA, ENSIDESA), la ría de Bilbao (Altos Hornos de Vizcaya, AHV), Sagunto (Altos Hornos del Mediterráneo, AHM), Ferrol (astilleros públicos tanto militares como civiles) Cartagena (astilleros e industria química) o la bahía de Cádiz (astilleros). La coincidencia en el tiempo con la muerte de Franco y el inicio de la Transición Española hizo que se aplazaran políticas impopulares por el temor a la conflictividad social correspondiente. También influyó el hecho de que el boicot petrolífero de la OPEP en el momento inicial de la crisis no afectara a España, por ser un país que no reconocía a Israel.

Las políticas de reconversión, por tanto, se tomaron a partir de los años 1980. Estas medidas se tomaron en España en 1981 y supusieron recortes importantes en la capacidad productiva de las empresas de diversos sectores (naval, siderurgia, etc.), para lo que se intentó —sin éxito— canalizar la producción hacia otras nuevas ramas industriales con mejores expectativas.

La incorporación a la Comunidad Económica Europea (1986) obligó a un proceso culminante de desmantelamiento industrial denominado como reconversión industrial durante el mandato de Felipe González a partir de 1986.

La incorporación a la Comunidad Económica Europea (1986) obligó a un proceso culminante de desmantelamiento industrial denominado como reconversión industrial durante el mandato de Felipe González a partir de 1986.

Más nada de todo esto es imposible de analizar sin el proceso de intervención sobre nuestra Soberanía Nacional que no comienza tras 1975, sino que hemos de buscarlo incluso tras el triunfo nacional de 1939 y que toma cuerpo tras el comienzo de la derrota de las fuerzas del Eje y el predominio norteamericano sobre toda Europa.

En la obra de Joan E. Garcés, “Soberanos e intervenidos” se nos ofrece un amplio relato cómo todo esto fue posible. De cómo lo que pudo ser una Nación Soberana acabó siendo una pseudo democracia tutelada desde su primera y fundamental norma constitucional hasta las directrices para que toda la industria española fuera desmantelada o paralizada.

Ya desde 1942 EEUU daba por asegurado que España nunca entraría a apoyar el Eje en su contienda bélica. Asi, desde aquellos años cuarenta del siglo XX las relaciones exteriores de España fueron estructuradas en torno a su integración en los mercados y espacios político-militares de la Potencia hegemónica que reemplazó a la germánica y británica. Para los EEUU los objetivos principales en España radicaban en utilizar militarmente sin traba su territorio (a través de bases permanentes), y en configurar su sistema económico conforme a parámetros sociopolíticos “favorables a los objetivos de EEUU” y articularlos “con el Oeste sobre bases sólidas y duraderas. La mejor oportunidad para ello es la solicitud de España de asociarse a la Comunidad Economica Europea” (así rezaba un documento norte americano fechado en 1962). Sólo de este modo se podían entender las palabras de Laureano Lopez Rodó deseando que EEUU apadrinara el ingreso de España en el Mercado Comun el 5 de marzo de 1962.

Aquellas presiones del entorno falangista (previas a la defenestración definitiva y la entrada de todo aquel sector tecnocrático del Opus Dei) para subir los salarios a los trabajadores españoles eran analizadas por esa tutela en el exterior norte americana como que , de hacerse, “sería a costa de las clases que sostenían a aquel gobierno, y requerirían controles estatales a costa de las clases propietarias que eran el espinazo del régimen”.

En 1961, por primera vez desde 1939, tuvo lugar una importante huelga en Asturias que fue duramente reprimida por Manuel Fraga Iribarne. La preocupación norteamericana porque España siguiera “orientada hacia el Oeste” llevó a planificar ya entonces la sucesión y formas políticas tras la desaparición del franquismo. La obsesion de la CIA era conseguir que el Estado español tolerase primero, y legalizare después, un partido socialista y otro democrático que deberían actuar en dualidad para evitar que a un régimen nuevo y débil sucediera el comunismo.

La geopolítica actuó en paralelo y del mismo modo el opositor portugués Soares comenzó a recibir financiación de Bonn para levantar un partido socialista portugués.

Tras el magnicidio de Carrero Blanco los “partidos” a crear, fueron diseñados como si de sucursales de un centro estratégico supranacional se tratara, cuyos cuadros cooptados debían constituirse en gestores-delegados territoriales o funcionales. A los “electores” les fue asignado la función de “consumidores” del producto, del mercadeo de votos entre equipos cooptados que competirían entre si en régimen de oligopolio.

Desde la RFA se financió aquel Suresnes que, con el apoyo de Francia y Alemania, dio el liderazgo a un joven Felipe González. El posfranquismo que llegó no puede entenderse sin la existencia de esos grupos cooptados con criterio empresarial, aunque revestidos de siglas históricas, que de pronto aparecieron a la luz ante una ciudadanía privada durante 40 años de derechos políticos. Así, el 15 de junio de 1977 se abrieron las urnas a los españoles sin reconocer libertad para elegir forma de Estado o de gobierno. Los propios jefes políticos cooptados designaron a los candidatos en listas cerradas y bloquedas de ámbito provincial. Se aseguraron el control del Parlamento. De este modo se entrego la Soberania interior.

Años más tarde, Felipe González entregaría la Soberanía exterior con la integración de España en la OTAN.

Así se armonizaron los dos vértices de un proyecto único. Por un lado, los sectores que habían sostenido el régimen anterior preservaban sus estructuras socio económicas, y, por otro, los centros de decisión de la Coalición de la Guerra Fria reafirmaban su dominio sobre el territorio, economía y recursos españoles.

Para entender del todo el papel de democracia tutelada y soberanía robada que le dieron a España basta leer las conclusiones de la Comisión Trilateral de 1975 que se aplicaron en cuanto el Gobierno de Jimmy Carter tomo las riendas norte americanas:

a. Descentralizar la administración publica
b. Convertir los parlamentos en órganos mas técnicos y menos políticos
c. Personalizar el poder
d. Hacer de los partidos órganos de gestión mas que de discurso político
e. n las empresas, COMBATIR LA PRESION A FAVOR DE LA AUTOGESTION O DE LA PARTICIPACIÓN DE LOS TRABAJADORES EN SU DIRECCION.

No le falta por ello, ninguna razón a Joan Garcés cuando afirma en la obra citada que en “la España de 1977 la aplicación de los postulados de la Trilateral significó sustituir la movilización en torno de reivindicaciones de soberanía y libertad democráticas por la apatía e indiferencia, inherentes a una democracia controlada, que legitimara la sucesión del franquismo sin alterar las estructuras que lo sustentaban –excepto en lo que facilitara la circulación del capital internacional-.

Asi, a los españoles se les redacto en 1977-1978 un texto constitucional preparado para la integración-disolución del Estado en la europa de la guerra fría. En esa Constitución las cesiones de Soberania son prácticamente ilimitadas, superiores a las impuestas a Alemania e Italia tras su derrota en 1945. Un ejemplo: basta una ley organica para transferir a organizaciones internacionales competencias inherentes al Estado sin ninguna limitación (articulo 93 CE). La otra desintegración nacional vino via articulo 150.2 de esa misma constitución al entregar a las CCAA poderes igualmente inherentes al Estado.

Bajo estas condiciones y tras los hechos del 23 de febrero de 1981 (nunca aclarados en su trasfondo verdadero) se llega con la dimisión de Adolfo Suarez (paralela a la marcha de Jimmy Carter) al triunfo socialista de octubre de 1982. Triunfo que diarios como “El Pais” saludaron como de “jóvenes nacionalistas que habían crecido bajo las hogueras del frente de juventudes”. Y nada mas lejos de ello, como muy rápido se tuvo ocasión de ver.

El Gobierno socialista tuvo encima de su mesa el que se conoció como “Informe Kawasaki” elaborado por la KAWASAKI STEEL CORPORATION que concluia que el futuro industrial de España pasaba por terminar de construir en Sagunto la nueva siderurgia integral (conocida como IV Planta) de dimensiones similares a las que se estaban estableciendo en Japon y Europa Occidental. El por qué debía hacerse en Sagunto se explicaba por la cercanía a los principales mercados del mediterráneo y la preexistencia en Sagunto de la vieja fábrica siderúrgica con 5.000 obreros cualificados.

El Informe KAWASAKI apostaba por Sagunto en contra de los sindicatos españoles que querían potenciar las tradicionales plantas de Asturias (ENSIDESA) y Vascongadas (Altos Hornos de Vizcaya). En 1983 el Gobierno de Felipe González tuvo que optar. O tomaba una decisión que proyectaría a España, nuevamente, por los mercados punteros manteniendo su posición de supremacía industrial mundial o apostaba por el mal menor y daba satisfacción a sus bases sindicales.

El Informe KAWASAKI apostaba por Sagunto en contra de los sindicatos españoles que querían potenciar las tradicionales plantas de Asturias (ENSIDESA) y Vascongadas (Altos Hornos de Vizcaya).

En 1983 el Gobierno de Felipe González tuvo que optar. O tomaba una decisión que proyectaría a España, nuevamente, por los mercados punteros manteniendo su posición de supremacía industrial mundial o apostaba por el mal menor y daba satisfacción a sus bases sindicales.

Ello sucedía en los momentos de negociación final de la entrada de España en el Mercado Común y la postura francesa contraria a nuestra capacidad siderúrgica que podría hacer mucho daño a sus instalaciones en construcción de Marsella.

Entonces Felipe Gonzalez desechó ese Informe KAWASAKI y decidió hacer lo contrario de lo que se estaba haciendo en Europa: apostó por las tradicionale siderurgias y renunció al proyecto de una nueva industria puntera en Sagunto, condenando con ello al desastre a todos.

El resultado fue conocido: entrada en el Mercado Común y pronto Francia corria a suministrarnos los productos que ya fabricaban en su nueva planta de Marsella.

El coste de aquello no solo llevo al cierre de Sagunto. En los 90 los Altos Hornos de Vizcaya se demostraron inviables y las instalaciones fueron desmanteladas tras haber empleado una cantidad enorme de recursos públicos que ni siquiera había servido para un agradecimiento del sector nacionalista vasco. Aun hoy, se ha de escuchar por el PNV que aquellos gobiernos socialistas abandonaron a su suerte los Altos Hornos.

Asturias siguió similar camino, y tras millonarias inversiones y reducciones de plantilla acabó cerrando.
Lejos de agradecérselo, los sindicatos del régimen le organizaron una huelga general a Felipe González en 1988.

El coste de aquello se cifró en 2.700.000 empleos directos e indirectos.

Los sindicatos llegaron a afirmar , por boca de CCOO, que la política de reconversión del PSOE era mucho peor que la desarrollada por la UCD ya que limitaba la participación sindical y daba el control al Estado sobre los fondos destinados a la reconversión, remarcando que la obsesión de aquellos gobiernos era la congelación salarial.

UGT señalo siempre que la opción de destrucción industrial adoptada por los gobiernos socialistas suponían aceptar para España un consumo interno anormalmente bajo, mas propio de un país tercer mundista que de una nación en avanzado estado de desarrollo, y que esto suponía que , cuando llegara la reactivación del mercado internacional, habría que importar. Y así sucedió.
Todos los planes que se hicieron de recolocación demostraron ser un fracaso absoluto.

Dejar la creación de empleo, la reindustrialización, en manos de iniciativas privadas exclusivamente, con una serie de beneficios fiscales, no condujo a la creación de empleo. Tal como se demostró en Vascongadas después de años dando ayudas fiscales a las aceriales.

En 1993 se reconocía que todo aquello vino impuesto por Maastricht.

Miguel Boyer vendió los monopolios de petróleo y gas por la decima parte de sus activos. Convirtió los monopolios públicos con precios administrados en monopolio privado con precios libres.

La moratoria nuclear provocó que se desmantelaran cuatro grandes centrales nucleares casi terminadas. Se paralizaron seis a punto de ser construidas. El resultado de ello es que , en España, la electricidad cuesta el doble que en Europa.

Nuestra cabaña lechera fue reducida a favor de Europa

La Flota pesquera española, que era la mayor de Europa y tercera del mundo quedó desmantelada.

Y mientras todo ello sucedía , aquellos gobiernos socialistas prometían reformas que crearían 800.000 puestos de trabajo, mantenimiento del poder adquisitivo y jubilaciones a los 64 años…

Pronto se vio que aquella social democracia abrazaba sin pudor la ideología mundialista mas comprometida con el capitalismo. Y ese PSOE que prometió 800.000 puestos de trabajo, pronto hizo pasar a España de un paro 0 en 1975 a 2.710.500 parados ya en septiembre de 1984.

Se cedió a las peticiones de la CEOE y se abandonó la propuesta de jubilación a los 64 y las contrataciones temporales –que no estaban en los programas electorales- fueron legisladas por los socialistas de Felipe González, autorizándose hasta 14 formas distintas de contratación temporal (diciendo Almunia en aquel momento que gracias a aquellas reformas se producirían 1.000 empleos diarios).

El PSOE asumió la filosofía de aquella CEOE por virtud de la cual la precarización era la única forma de crear empleo.

Toda la reconversión la concluyó el PSOE. A su fin , cayó el Muro de Berlín y con el llegó la ideología de ese “fin de la historia” que proclamaba Francis Fukuyama: la expansión de un mundo único y la globalización como única verdad.

Los gobiernos que llegaron del PP con la ayuda inestimable de los nacionalistas (esta vez catalanes) recortaron las prestaciones por desempleo tanto en cuantia como en duración (cuando en aquel momento ya había 1.3 millones de españoles que no recibían ningún tipo de prestación). Aquel gobierno de Aznar se justificó en que eran exigencias de Maastricht. No hacia falta que lo dijera. Nosotros ya lo sabíamos desde la redacción misma de aquel articulo 93 de la Constitucion que entregaba nuestra Soberania al exterior…

Aquella agenda prevista por la Comisión Trilateral en 1975 de la existencia de dos partidos mayoritarios se estaba cumpliendo a la perfección: Durante los años 80 el PSOE no solo se había derechizado a sí mismo, sino que había trabajado para derechizar a la sociedad. Las políticas pro capitalistas aprobadas durante 14 largos años abrieron el camino a la victoria del partido popular en 1996 que, una vez en el poder, procedió a aplicar su agenda neo liberal , privatizando todo lo que quedara de empresas publicas de lo que había sido el Poder Industrial de España conseguido con el esfuerzo de nuestros padres y abuelos.

No le ha faltado razón a Roberto Centeno cuando ha bautizado a los llamados “Padres de la Transición” como “Padres de la Traición”.

El culmen de todo ese proceso fue Aznar. Con él llegó el gran endeudamiento. Con él se intensificaron las transferencias de educación a las comunidades autónomas (paso gigante como dijo Centeno con toda razón en la desvertebración física y moral de España). Se transfirió la Sanidad, eliminando las ventajas de las economías de escala y elevando los gastos de gestión y administración. Se cedió Tráfico, Justicia, Educación, Cultura, Empleo, Puertos. Se elimino la figura del Gobernador Civil y se aceptó la Ley de Politica Lingüística.

Podemos afirmar que tras la reconversión política, llegó la Industrial y a continuación el definitivo desmantelamiento del Estado.

Sólo desde el entendimiento de lo que ocurrió podrá ser posible la edificación de otra España donde la Soberania sea la fuerza que otorgue a todos los españoles sin distinción de origen ni clase un régimen nuevo de justicia y paz.