Me pronunciaré: toda adversidad conlleva la semilla de un mayor beneficio. Esta cita de Napoleon Hill se cumple con la existencia del partido fundado por Ortega Lara, el heroe vituperado por la manada ultraizquierdista que ha convertido La Moncloa en guarida de criminales. Liderado brillantemente por Santiago Abascal, cada ciudadano afectado por la deriva radical de este desgobierno, perjudicado en todos los aspectos de su vida, debería preguntarse qué sucedería si no existiera la expectativa de una resistencia democrática frente al tramposo totalitarismo de un demente como Pedro Sánchez. Luego de la reflexión, actuar en consecuencia para depositar el voto en favor de la candidata a la Junta de Andalucía, Macarena Olona, y esperar los beneficios de la decisión. VOX es el enemigo a batir con el engañoso mantra de que representa a la ultraderecha, el fascismo del siglo XXI cuando es la siniestra la única que ha radicalizado la convivencia, en aras de destruir lo que democráticamente sirvió de cohesión, en mayor o menor medida, durante cuarenta años. 

 
No puede haber ahora diferencias que separen por afinidades políticas. La idea constructiva, sea con responsabilidad del PP o VOX, debe reunificar la intención de gobernar para todos en defensa de España. Que cada cual decida con la conciencia vital de un objetivo común que es revertir el mal de estos ultimos cuatro años. 
 
Por mi parte digo que VOX no solo representa el sentido común perdido por una sociedad victimizada a la vez que adoctrinada, es también un bastión de esperanza que combate con lealtad a la Constitución frente a los enemigos que pretenden dinamitarla. Es el partido que ha convertido en delincuentes a cuantos prevaricaban y traspasaban constantemente las líneas rojas de la ley, cuando otros procuraban no afrentar los problemas que podían dañar la integridad territorial. Confronta con la corrupción socialista, comunista y nacionalista manteniendo en forma los mecanismos de Justicia, al Tribunal Constitucional cumpliendo con firmeza su razón de existencia y evidenciando el carácter anticonstitucional de Pedro Sánchez y sus secuaces de los ministerios, en la porfía de atentar contra la Jefatura del Estado pasando por violar primero, de continuo, la soberanía nacional. 
 
La existencia de VOX, al margen de la ideología, es un crisol donde conjuntar el descontento generalizado e impulsar una renovación democrática real, alterando la anormalidad de este parasitismo orquestado por los enemigos de la ciudadanía saqueada y sometida por un desgobierno criminal carente de credibilidad, de integridad, cuando todos y cada uno de sus miembros muestran un carácter delicuescente que pretenden regularizar incluso arremetiendo, como practican sin disimulo, contra la separación de poderes. 
 
VOX incomoda sobremanera por su resuelta capacidad para incitar a la legalidad, inspirar el orden constitucional y desnudar en vergüenza al conjunto siniestro que en cuatro años ha destrozado España. Así la reflexión, al margen de la idea política, ha de versar sobre la vital necesidad de contar con un partido que es un pulso sólido contra la vena criminal sanchista. De la semilla al árbol mas grande donde anidan las aves del cielo, la esperanza práctica autorizada moralmente para intervenir en defensa del colectivo ciudadano que abarca a la derecha y también a la izquierda, cuando los decepcionados seguidores del fraude progresista comprueban cómo se ha empozoñado el proceso de regeneración iniciado por sinvergüenzas de la Complutense que hoy viven del engaño y la perorata, instalados cómodamente en la corrupción de los sobresueldos y la vida opípara, arruinando el país del que creen ser dueños. 
 
En este proceso de limpieza político y social habrán de conjuntarse los intereses de las únicas fuerzas políticas que están obligadas a entenderse, VOX y Partido Popular, convirtiéndose en representantes reales de la indignación ciudadana que propicia la oportunidad para desasirse del yugo sanchista que estrangula hasta la exterminación con el propósito de desatender y conculcar los derechos constitucionales. 
 
VOX no es ultraderecha, ni fascismo, es el latido de la normalidad, el mantenimiento de los valores legítimos, la construcción conjunta de una sociedad justa frente al sectarismo de los arribistas que en cuatro años se ha desenmascarado, dejando los posos tóxicos del paso del doctor cum fraude por La Moncloa. 
 
Votar VOX es corregir la tendencia destructiva y salir de este marasmo criminal en el que batallan millones de ciudadanos por la supervivencia. Empezando por Andalucía, con el objetivo de pasar esta página oscura del aberrante sanchismo que se sostiene por la corrupción encubierta: la espada de Damocles que acabará cayendo sobre el sátrapa. Pero cuidado porque son previsibles artimañas de juego sucio cuanto más se acentúen los estertores y se descubran todas las actividades ilícitas que se han practicado en el ejercicio de ilegítimo poder. Que Andalucía sea el principio del fin.