Desde que el entonces presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, pronunciara la frase “nos interesa mantener un ambiente crispado” (captada por los micrófonos de Informativos La Cuatro, presentados por el periodista Iñaki Gabilondo) han pasado unos 15 años, pero la siniestra relación entre la élite política sin escrúpulos (al servicio de la Oligarquía Financiera, la Usura y en determinados para la Masonería o el Cabal) y unos medios de comunicación también sin escrúpulos, mercenarios y bajo las mismas obediencias no ha cambiado para nada. Las tácticas de control de masas y de oposición política siguen siendo las mismas, propias de los Manuales de Operaciones Psicológicas y Control de Masas, y que en ocasiones viene bajo la cobertura del llamado Marketing Político.

El Dr. en Psicología Social, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén y Premio Nobel de Economía 2004, Daniel Kahneman (al que tuve la oportunidad de estudiar con motivo de unas Jornadas de Operaciones Psicológicas e Influencia organizadas por el Ministerio de Defensa para periodistas) describe el miedo de la siguiente manera:

“Es uno de los principales acicates para tomar decisiones erróneas y carentes de discernimiento por parte del consumidor, pero decisiones de gran interés para el creador del producto (producto que se desea introducir en el Mercado y normalizar como una necesidad de consumo) al que le interesan las respuestas rápidas efectuadas en ese preciso momento. Es el temor o miedo lo que, en último término, domina las emociones y anula las probabilidades de pensar en otras opciones. Esta incapacidad de reacción se percibe de forma mucho más rápida y evidente cuando la intimidación o el temor se generalizan, cuando ya no es sólo una persona sino toda una sociedad, pueblo o nación los que se encuentran adormecidos, sometidos o coaccionados al engaño, a la realidad alternativa, creada y gestionada por los expertos en ventas y en imagen de producto o marca”.

Es preciso que tengamos en cuenta, que el terrorismo, en especial el de Estado, necesita de influencia y publicidad para lograr su objetivo: doblegar la voluntad del Pueblo a través del miedo. Dicha publicidad será más intensa, agresiva y prolongada en el tiempo en función del producto que se desea colocar, de la cantidad de personas que se desea doblegar y de la fuerza religiosa, moral y cultural del Pueblo Objeto.

Cuanta más gente asuma la existencia de una amenaza terrorista de naturaleza militar, ecológica o pandémica, mayor será el temor generado y la inseguridad ante la posibilidad de un ataque, y también serán mayores las medidas coercitivas y de “seguridad” que se instauren, aún a riesgo de anular evidentes derechos fundamentales como el de la integridad física, la movilidad, la propiedad o la libertad religiosa y de culto.

Llegados a este punto coercitivo será necesaria la implicación no sólo de las fuerzas de seguridad y defensa del Estado, o las privadas, sino también de “control de la oposición o disidencia política, cultural, científica y periodística por medio de “agentes de la cloaca” apátridas, mercenarios y en muchos casos al servicio de sociedades secretas de naturaleza subversiva o de la Masonería.

De forma simultánea a todas estas acciones, el bombardeo de los Medios de Masas y de sus mensajeros del miedo y agentes del terror contra la población deberá ser constante y agresivo. La Campaña de Operación Psicológica, de la que ellos son ejecutores y colaboradores necesarios, como lo fueron otros medios de información y propaganda antes que ellos en los Golpes de Estado que han plagado la Historia de la Humanidad, precisará de estos tres elementos: político, represivo y psicológico. Y los tres, son uno.

El ser humano ha ideado muchas formas de infundir horror en los demás. Desde el dolor físico hasta las más refinadas formas de tortura psicológica, todas y cada una de estas prácticas tienen como finalidad anular a la víctima y reforzar la idea o ideología de quien las lleva a cabo. Crear grupos contrapuestos y enfrentados, formados por víctimas y verdugos, es tarea de las hienas mercenarias de la cloaca institucional, de la ciénaga o alcantarilla y que están al servicio de intereses opuestos a la Soberanía Nacional, al llamado “Nuevo Orden Mundial” que de nuevo no tiene nada pues es tan viejo como la Torre de Babel.

Alimentar o hundir mediáticamente a los grupos que son usados como marionetas de algunos “alquimistas hijos de la viuda” es tarea de los mercenarios del miedo y de los agentes del terror, que por lo general “se sienten maltratados en sus contratos y retribuciones” y así justifican sus acciones delictivas, golpistas, inmorales y que son Alta Traición.

Como forjadores de opiniones, y creadores de identidades y famosos, los medios de masas contribuyen a crear enemigos dentro de la población para dividirnos (negacionistas, antivacunas, antisistema, ecologistas, frentes obreros, bastiones frontales) y crispar el ambiente social, con lo que se convierten en agentes de la subversión y de la inseguridad ciudadana. Esto se evidencia y es especialmente “planchado o cocinado” en los informativos.

Este género periodístico goza de cierta credibilidad entre el público porque emiten en directo los sucesos que están ocurriendo. Supuestamente no hay tiempo para crear un discurso ya que simplemente se muestra lo que sucede. Aunque esto no es cierto del todo. Son varios los análisis periodísticos (alejados de la influencia de las fuentes del mundo de la “Inteligencia”) que han desmenuzado los atentados del 11S en EEUU y del 11M en España, tanto de forma aislada como comparada, y que nos muestran cómo se improvisó y se creó el relato de dichos atentados utilizando elementos propios de la narrativa cinematográfica con la intención de dirigir las sensaciones del público que asistía sorprendido al ataque terrorista.

Este hecho no sólo se ha realizado con los atentados del 11S y 11M sino ahora, más recientemente, con “el relato de la pandemia” en la que no sólo se empezó mostrando los casos más llamativos (diputados, militares, guardias civiles contagiados o bajas) e impactantes de forma visual y cognitiva (como sucedió con las imágenes de los aviones en Nueva York y de los trenes en Madrid, repetidas insistentemente en el 11S y 11M) sino también las imágenes de hospitales saturados (imágenes en corto y no en amplitud para no permitir la perspectiva) y de hospitales de campaña junto a ellos (igualmente en corto y nunca en panorámica o con visión de conjunto) las cifras de los muertos aisladas y no comparadas con los años anteriores, ocultamiento de los cadáveres e imposibilidad de las autopsias “las pruebas del delito”… Como sucedió con los restos de los trenes del 11M que fueron destruidos y lavados con acetona, y con el cadáver del TEDAX Torronteras, que fue profanado y totalmente quemado para borrar los restos de explosivo adheridos a su cuerpo y que contradecían a la tesis oficial: “¡¡¡Estalló GOMA2 ECO y vale ya!!!”, como dijo la Fiscal del caso prima del alcalde Ruíz Gallardón.

Como conclusión, desde este Digital seguiremos exponiendo, Dios mediante en próximos artículos y análisis, estas 3 Campañas de Operaciones Psicológicas (11S, 11M y COVID-19) junto con otras “operaciones de falsa bandera” orquestadas por la élite política y mediática al servicio de lo que ha venido a denominar muy acertadamente: “Estado Profundo” o Nuevo Orden Mundial.

Lo haremos como parte de un Proyecto denominado Project Veritas, con sede en EEUU y con muy comprometidos, motivados y organizados periodistas, investigadores y analistas en toda España. Los agentes del llamado Estado Profundo, al servicio de corporaciones globalistas y cabalistas, y sus terminales políticas, han de ser drenados, expuestos y juzgados, y con ellos están muchas corporaciones y grupos mediáticos como colaboradores necesarios en el Golpe de Estado. ¡¡¡Qué Nuestro Señor Jesucristo Nos Asista hasta Su Regreso como Rey y Juez!!!