A mediados de septiembre de 2020 en una entrevista para la cadena norteamericana CNBC Bill Gates afirmó que la farmacéutica Pfizer era la mejor posicionada para conseguir una vacuna para el COVID-19, y que lo haría en solo un mes. El filantrópico magnate hipermillonario se equivocó solamente por unas semanas de diferencia, pero en nada más. Pfizer lo anunció el 9 de noviembre, pocos días después de las elecciones en los Estados Unidos, disparando la Bolsa con beneficios millonarios para la farmacéutica y algún que otro hábil inversor.

Finalmente, la vacuna contra el COVID-19, el virus responsable de detener el mundo entero y paralizar de terror a su población cambiando radicalmente las relaciones sociales, por fin había llegado. El planeta estaba a salvo ya que la pesadilla de la era Trump había acabado y el sueño de la vacuna se había hecho realidad. Gates, cofundador de Microsoft y la segunda persona más rica del mundo, como si de un antiguo profeta bíblico se tratase, había anunciado la Buena Nueva y esta se hizo realidad Urbi et Orbi. Amén.

Es de público conocimiento que la Fundación Bill y Melinda Gates ha invertido mucho dinero y recursos en el laboratorio Pfizer. No solo eso, sino que también colocó en el consejo de administración de la farmacéutica a la que fuera consejera delegada de su fundación. Nadie en el mundo predijo como el mismísimo Mr. Microsoft lo que se nos vendría encima. Ya en el año 2015 vaticinó que la siguiente catástrofe global sería una pandemia causada por un virus altamente contagioso y que se esparciría velozmente por todo el mundo. Y acertó.

Nada es casual y fortuito, ya que por entonces comenzaba a cobrar fuerza y alcance global lo que cada día que pasa resuena más en nuestra cotidianidad como la Agenda 2030 de la ONU y la orientación hacia ese mundo sostenible, multicultural, abierto y de acogida, impulsado sin discusión ni objeción por parte de los gobiernos nacionales como una panacea de amor y felicidad.

Para ello era necesaria la llegada de la Nueva Religión Global -eco, veggi, sostenible y reciclable- con sus dioses, mesías, profetas, sacerdotes y acólitos del Nuevo Orden de la ONU. También llegaría la eucaristía en forma de dos pinchazos para toda la población, abriendo el camino hacia el mundo feliz del año 2030 a través de la Nueva Normalidad. OMS mediante y agenda por delante, la vacuna salvará los cuerpos de un mundo sin vida espiritual y trascendente.

¿Alguien recuerda con claridad como era el mundo pre COVID-19? Seguramente sí, pero ha quedado lejano, entre las brumas oníricas de un tiempo pretérito. Y no fue hace mucho tiempo de ello, solo han pasado unos meses.

Pandemia, terror, enfermedad, muerte, cuarentena, confinamiento, distancia social, mascarillas, gel hidroalcohólico, estado de alarma, toque de queda, restricción de movilidad, comisiones de lucha contra la desinformación y la resiliencia en la Nueva Normalidad, se han instalado en el inconsciente colectivo de todo el mundo. Y no fue hace mucho tiempo de ello, también solo han pasado unos pocos meses.

¿Alguien se pregunta cuanto durará la pesadilla de la pandemia? ¿Recuperaremos algún día la libertad tal como la habíamos conocido antes de todo esto? ¿La milagrosa vacuna profetizada y materializada por Bill Gates hará posible volver a recuperar el trabajo perdido, ganarse el pan con el sudor de la frente y buscar un futuro para nuestros hijos como lo han hecho nuestros padres y antepasados? ¿Se dejarán de usar definitivamente las mascarillas que homologan la identidad? Lo único cierto es que los fallecidos no volverán.

Lo que es obvio es que vivimos en un estado de emergencia, de excepción y de anormalidad que pretende ser normalizado, y eso es evidente. La misma Organización Mundial de la Salud ya anunció que tal vez el COVID nunca se irá y que nuevas pandemias llegarán. En otras palabras, la emergencia sanitaria se hará crónica, es decir que llegó para quedarse.

Siguiendo este razonamiento, el estado de excepción, alarma, vigilancia y control, se volverán normales. Por lo tanto, con o sin vacuna todo seguirá más o menos como lo hemos conocido en este fatídico 2020. Si estas previsiones son acertadas, estamos ante un cambio de paradigma social que condicionará la vida de la gente ordinaria y la aparición de un único modelo de gobierno y administración estatal acorde con él.

Mientras tanto las elites de los organismos internacionales públicos y privados, fundaciones, ONG benéficas, humanitarias y filantrópicas continúan sin pausa y a toda velocidad hacia su objetivo. Con la complicidad gubernamental, aprovechan el letargo de una población esperanzada en la vacuna salvífica del Mr. Microsoft. Eso sí, mascarilla y distancia de seguridad, por si acaso, y si son chinas, mejor.