Hace unos años, por la basura de las fiestas del orgullo gay, a estos tipejos se les ocurrió empapelar el barrio de Chueca con un póster que representaba una suerte de parodia de la Sagrada Última Cena del Señor y nadie dijo nada ni se molestó por recibir en plena cara un escupitajo semejante. Nadie se ofendió y los que lo hicimos, yo sin ir más lejos, llamando a la policía Municipal para pedir la retirada de la blasfemia, fuimos tratados como pobres orates, y es lógico, porque insultar a los católicos sale gratis a cualquiera.

Acabo de ver el anuncio de un evento en Madrid en esta Semana Santa. El espectáculo se anuncia como musical y gastronómico y está patrocinado por WAH Madrid, por Uber, el Ifemay el Ayuntamiento de Madrid del PP. Con el eslogan: «La última fiesta. Semana Santa 2022», escenifican en el póster publicitario otra burla de la Última Cena y nadie dice ni hace nada contra este atentado contra los profundos sentimientos de los cristianos. 

Hace muy pocos días que comenzó el Ramadán ¿Se imagina alguien una ocurrencia de este tipo de insulto intolerable dirigido a algún símbolo del islam? Yo no. Porque el islam es respetado porque no consiente bromas con sus creencias y el que la hace la paga. Es un respeto basado en el terror, pero que les funciona de maravilla.

¿Semana Santa? Eso fue ya hace mucho tiempo, antes del globalismo y de la progresiva degeneración de una sociedad cada vez más enferma y desnortada. ¿Semana Santa? No se confundan los incautos. Salir despavoridos de las grandes ciudades para llenar chiringuitos y playas, no tiene nada que ver con la esencia de la Semana Santa. Nos hemos dejado comer el terreno. Nos insultan y desde la farisea Conferencia Episcopal ni una sola nota de protesta ante abusos y equivocaciones. Callan y con ello se hacen cómplices de las infamias que sufrimos.

Cuando El Covid empezó a matar indiscriminadamente, esta izquierda atea y masona se regocijó al prohibir toda celebración religiosa referida muy especialmente a la Semana Santa. Dos años de espera y pese a quien pese esta primavera volveremos a sentir el latir desbocado de nuestro corazón al ser, otra vez, testigos de la imaginería de nuestras tallas, haciendo estación de penitencia en calles de nuestros pueblos y ciudades y con ello dando testimonio vivo de ser y sentir lo que somos. Otra vez el "calambrazo" de emoción al ver recortada la silueta del Cachorro atravesando el Puente de Triana, La imponente imagen del Cristo de La Buena Muerte, custodiado por La Legión llenando de luz La Alameda de Málaga o la seca y silente emoción contenida en cualquier ciudad o pueblo castellano al paso de una imagen de un Cristo o de su Santa Madre. Representación viva de este pueblo de Dios del que soy parte.