Ya decíamos en nuestro periódico, el 19 de Abril, en pleno confinamiento, que el uso de mascarillas era más eficaz y barato que el estado de alarma. LEER ARTÍCULO DE LA PRIMICIA cuando nuestro lider sanitario, Fernando Simón desaconsejaba su uso porque no eran útiles y además estigmatizaban a los que los llevaban.

No es que estuvieran equivocados y nosotros estuviéramos en lo correcto, no. Es que nosotros nos basamos en ciencia y el Sr. Simón, decidió mentir a todos, porque no tenían mascarillas, porque eran incapaces de comprarlas ni de conseguir que se fabricaran en España, a pesar de requerir una tecnología al alcance de todos.

Ya decíamos entonces, también, que no hacía falta que fueran como las que se venden ahora, que son las ideales; que con mascarillas caseras, era suficiente para contener la pandemia.

Fernando Simón, al engañarnos a todos, si empleamos la terminología de guerra, actuó como un auténtico traidor. Los servicios de inteligencia, tratan de engañar al enemigo, nunca al amigo. Cuando se engaña a los propios, se les trata como traidores.

Entrevistamos de nuevo a Juan Franco Montoya, que ha desarrollado su vida profesional como ingeniero dedicado al desarrollo de sistemas con una fuerte componente de software, en simuladores de aviones como el F18, Airbus-320, CN-235 de Casa, control de tráfico ferroviario, ave, etc. Conoce bien todo lo relacionado con el desarrollo software con una fuerte componente de ingeniería.

¿Por qué fue tan grave esa mentira de Fernando Simón?

Aunque sólo fuese por decoro, Fernando Simón, debía de saber de que no existe nunca buenas razones para engañar a los del propio bando. Si no éramos capaces de tener las mascarillas adecuadas, el pueblo español, necesitaba saber que estas eran un instrumento de lucha muy eficaz contra la pandemia y que si las hubiéramos usado no hubiéramos necesitado recurrir al estado de alarma. Si no éramos capaces de conseguir las “buenas”, deberíamos de haber usado las caseras que, aunque no hubieran sido tan eficaces como las homologadas, hubieran servido para frenar el impacto de la pandemia. Quizás esto, no lo sabía nuestro experto líder sanitario, o sí, y prefería el estado de alarma a las mascarillas, ¡¿Quién sabe?!

Lo cierto es que hoy nos dicen que son imprescindibles para contener el contagio del coronavirus, y nos dicen que las usemos cuando no podamos mantener la distancia de seguridad que, por motivos políticos, no sanitarios, es de 1.5 metros.

Otra vez nos pueden estar confundiendo. La distancia de seguridad, al aire libre es de 2 metros.

Resaltamos lo de 2 metros, porque en sitios cerrados, como ya decíamos antes, la distancia de seguridad se hace mucho mayor, porque el virus puede andar en aerosol y ya lo poníamos de relieve con el caso del autobús chino que hemos replicado en España con el viajero que ha ido de Madrid a Lérida. Lo malo es que sólo van a tratar de trazar a aquellos que estaban sólo a dos metros, porque no quieren enterarse que en los sitios cerrados, la falta de ventilación hace que el virus que anda con el aerosol que exhalamos, puede estar mucho más tiempo en el aire y puede contagiar. Lo están tratando de hacer ver varios centenares de científicos a la OMS, pero aquí parece que no nos queremos enterar.

Mientras tanto, en Cataluña, los que sabían gestionar tan bien la pandemia, ahora tienen un gran rebote y han decidido que el uso de la mascarilla sea obligatorio, incluso cuando no hace falta, cuando estamos en la calle y no hay nadie a menos de dos metros. Esto es el uso de la mascarilla al revés.

Además estamos haciendo un uso de las mascarillas penoso.

1- Vemos a personas que las usan de babero, olvidando que la función de la mascarilla es la de tapar la boca y la nariz para evitar emitir gotas de saliva infectadas de virus.

2- Vemos a personas que las llevan en el coche cuando están solos, como si no quisieran contagiar su volante del coche, pero cuando hablan con alguien, se las quitan, como si quisieran asegurar que su interlocutor queda contagiado. ¿Sabe ese conductor que cuando se habla es cuando más virus se emiten y que en esos momentos habría que llevarlas puestas, sin excusa alguna?

3- Vemos en los restaurantes cómo comen sin mascarilla, con personas que están a menos de dos metros y con aire viciado lleno de virus que circulan en aerosol por todo el restaurante, bien repartido por el flujo del aire acondicionado. Parece difícil comer con mascarilla, pero quizás fuese bueno que las pelonas que van a un restaurante se planteasen la posibilidad de comer en la terraza, al aire libre, o buscar la cercanía de una ventana abierta. En cualquier caso, no todo el tiempo se está comiendo; la charla de la sobremesa, el humo del cigarro que se exhala o el vapor del pseudo cigarro, son momentos de alto riesgo y todo ello se hace sin mascarilla.

Desde que nuestro periódico advirtió con todo lujo de detalles por qué era necesario las mascarillas, el discurso oficial ha cambiado de sentido, acercándose a la razón de ciencia que nosotros manifestamos en su momento. Lamentamos la tardanza de nuestras autoridades en rectificar, porque eso ha costado mucho dinero y, lo que es peor, muchas vidas.

Pero la tranquilidad que nos infunde el cambio de discurso, no es total, ni mucho menos.

Ahora le falta divulgar cuales son los momentos supercontagiadores y hacer ver lo obvio: que las mascarillas que no tapan la boca y la nariz, no sirven para nada y que si son importantes con la boca cerrada, son mucho más cuando esta se abre para hablar, estornudar, toser, cantar o reír, para que los ciudadanos hagan lo contrario de lo que muchos hacen: ponérsela, en lugar de quitársela por comodidad.

No obstante, parece que no quieren entender la ingeniería de la operativa de los rastreadores, el instrumento vital para contener la pandemia, sin necesidad de volver al confinamiento. Sobre este particular estoy preparando un artículo que en breve haremos público y que demuestra más claramente que el uso de las mascarillas, hasta qué punto un gobierno de gente poco científica puede conducir a toda una nación hacia el abismo sanitario y económico.