La última sesión de control al Gobierno del pasado 29 de abril, servía a Pablo Iglesias para lanzar improperios e insultos a la oposición, (miserables y parásitos), mientras su presidente Sánchez dedicaba miradas infinitas al techo, con gesto de vaca que mira al tren pasar. Pero no quedaba ahí la desagradable estampa. Iglesias, vicepresidente segundo y ministro de Derechos Sociales, enarbolaba la Constitución Española, contestando a Teodoro García, secretario general del PP con esta frase: 'Aléjese usted de Vox y vuelva a la Constitución'. Resulta que el amigo del escrache, simpatizante y mucho más de políticas tan democráticas como la de Maduro, el primero en celebrar la salida de Otegi de prisión: 'La libertad de Otegi es una buena noticia para los demócratas. Nadie debería ir a la cárcel por sus ideas', escribía en su Twitter, es el mismo que hoy se atreve a poner en su boca la palabra Constitución.

Que semejante cachorro de la escuela de kale borroka haga alarde de defender ahora una Constitución a la que jamás le ha tenido el menor respeto, no sólo nos remueve las tripas, sino que nos convence, una vez más, de que este gobierno está perdido.

El mismo que arremetía contra 'la casta', es hoy propietario de un chalet de lujo en la sierra madrileña y hace la compra con guardaespaldas.

Aquél que confesaba que no dormiría tranquilo pactando con Iglesias, hoy le permite ser la mano que mece a este gobierno, que da cobijo en sus filas a quienes no merecen el asiento que ocupan.

Un gobierno copado por mentes poco pensantes, que no dudan en esbozar carcajadas en el hemiciclo, mientras miles de españoles mueren en agonía y en la más profunda de las soledades. Lo del ministro Ábalos es de juzgado de guardia y algo más...Quien ostenta un cargo público y gestiona una crisis sanitaria histórica, no sólo debe estar a la altura, sino que debe tener un rigor y comportamiento ejemplares, dignos y decentes.

Sus risas, sus carcajadas serán su tumba política por derecho propio. España no merece el jolgorio de este individuo.España no merece un ministro que se troncha de risa mientras todo un país llora a sus muertos. Con un presidente honrado, con un presidente que sintiera en sus carnes lo que es España, lo que es su gente, su vida, este ministro estaría cesado de inmediato. 

Estamos gobernados por los necios que ciegos de poder actúan con total impunidad, de la mano de quien no fiándose de ellos, les regala ministerios.