Hoy, 12 de octubre, Día de la Fiesta Nacional, y mañana, día 13, fecha en la que se conmemora la instauración de la Bandera rojo y gualda como Enseña Nacional, son dos fechas para celebrar sin complejos, al menos si los españoles fuésemos capaces de superar esa suerte de trauma histórico que lleva tiempo haciendo mella en nosotros.

Dos días para sentir el orgullo de ser españoles y recrearnos en las brillantes páginas de nuestra Historia patria que, a poco que nos acerquemos a ella, nos daremos cuenta de que es inigualable y que nadie, absolutamente nadie en el devenir de la humanidad, ha sido capaz de igualarnos realizando las gestas de las que nosotros fuimos únicos y exclusivos protagonistas y del magno aporte de nuestra cultura y nuestra lengua al contexto universal.

El concepto de Patria, de Nación, de sentimiento colectivo es algo que, además de nacer con él hay que potenciarlo, haciéndolo presente en el quehacer diario y, sobre todo, formando en él a las generaciones venideras para que sientan el orgullo de pertenencia a una empresa común que se viene gestando a lo largo de los siglos.

Partimos de la base de que la izquierda española -de la ultraizquierda, de la malvada podemía y de los movimientos separatistas es mejor no hablar- se ha caracterizado siempre por un profundo sentimiento de anti-españolidad, jamás fue una izquierda nacional al uso, imitando a la habida en otros países que, partiendo de postulados políticos con mayor carga social, defiende a ultranza el sentimiento de patriotismo y de profundo respeto a la historia. No, aquí no, aquí el objetivo de la izquierda ha sido siempre llevarse por delante nuestra historia, nuestras costumbres y nuestras tradiciones para crear un contexto nuevo, acuñado por ella, que eliminase cualquier vestigio del pasado, un poco aquello del regeneracionista Joaquín Costa de “cerrar con doble llave el sepulcro del Cid”, aunque llevado a sus últimas consecuencias.

Y todo esto ha venido sucediendo desde principios del siglo XX, acentuándose tras la llegada de la llamada democracia, que yo dudo que lo sea tanto, en que la derecha, acomodaticia y cobarde, cedió el espacio de la cultura y de la formación de los nuevos españoles a una izquierda que, salvo honrosas excepciones, se mostró anti-española desde el minuto uno, desdeñando todo lo intrínsecamente nuestro para sustituirlo por nada que no sean sus mediocres postulados sectarios que históricamente han dado la espalda a cualquier sentimiento auténtico de Patria española.

Merced a esta metamorfosis en la que estamos sumidos desde aquel lejano 1978 se han ido perdiendo muchas de nuestras tradiciones más inveteradas, así como las muestras de nuestra cultura autóctona y si algo subsiste, además de lo que se ha podido salvar, se debe, en parte, a ese afán insano y perverso de los movimientos separatistas de crear falsas identidades propias, capaces de separar una parte de ese todo que se llama España.

Hoy, 12 de octubre, el Día de la Fiesta Nacional no pasa, además de ser día festivo, de celebrarse una parada militar en el Paseo de la Castellana de Madrid, al que ni tan siquiera asiste la totalidad de los “reyezuelos” autonómicos ocupados en asuntos de mucha menor enjundia aunque ellos traten de justificarse con su abrumador trabajo que no les permite separarse de su bien remunerada poltrona ni un solo día, y algún que otro acto, organizado por las Autoridades militares que en la mayoría de los casos tuvieron lugar ayer por la mañana, con el fin de que los cargos civiles de representación no tuviesen que sacrificar un día de su “merecido” asueto.

El Día de la Fiesta Nacional, debería de ser el gran día de todos y celebrarse sin recato en todos y cada uno de los rincones de España; un día para conmemorar lo que somos, sin perder de vista lo que fuimos y poniendo la mirada, cual búsqueda de la Polar, en lo que seremos en un futuro, pero siempre manteniendo el necesario espíritu de cohesión tan necesario para poder sobrevivir como Nación.   

La Fiesta Nacional no se puede ventilar con un suelto periodístico que refiera, al día siguiente, lo brillante que resultó el desfile presidido por el Rey o los abucheos -espero que sean clamorosos- de los que fue objeto el presidente y el gobierno de la Nación, ni siquiera con un puñado de anuncios publicitarios, de carácter oficial, emitidos, un par de días antes, por las cadenas generalistas bien pagadas y mantenidas por el régimen que, realmente, es a lo que ha quedado relegada esta fecha.

La cultura nacional comienza por hacerse en las aulas, haciendo que los más jóvenes comiencen a sentir el orgullo de ser españoles, de nuestra Historia, de nuestras costumbres y nuestras tradiciones y ese mismo sentimiento debe estar presente en el quehacer diario de pueblos y ciudades.

Me llena de sana envidia ver esas películas norteamericanas que, con cualquier excusa, aluden a su 4 de julio que termina, en cualquier sitio, desde el más miserable pueblo hasta la mismísima Nueva York, quemando una vistosa sesión de fuegos artificiales no sin antes celebrar actos multitudinarios, grandes cabalgatas y desfiles populares a los que se suma todo el mundo, una fiesta de todos y para todos donde se ratifica el orgullo de Nación.

¿Cuántas sesiones de fuegos artificiales se queman aquí?, ¿cuántas cabalgatas festivas, exaltando lo nuestro, recorren las calles de nuestras ciudades?, ¿cuántas Instituciones y Entidades glosan el Día nacional en sus fachadas?, ¿cuántos monumentos se iluminan con los colores nacionales?, ¿cuántos escaparates de comercios y centros comerciales se adornan con Banderas nacionales o con cualquier objeto que exalte nuestra historia o nuestra cultura?, ¿cuántos premios se convocan entre estudiantes de toda España que glosen la efeméride?, ¿cuántas sociedades organizan actos relacionados con este día?, ¿a cuántos niños les entregan en sus colegios una Bandera Nacional y se les explica su significado?, ¿cuántas muestras de nuestra cultura y nuestras tradiciones son protagonistas de estos días? Yo diría que ninguna, que la Fiesta Nacional, más allá de ser un día de asueto, pasa inadvertida para la gran mayoría.

Eso sí, ya se encargarán los docentes, la pijoporgresia, el señor de blanco que habita en el Vaticano y la izquierda y ultraizquierda siempre miserables de alardear, con la connivencia de los enemigos exteriores de España, de lo malo que hemos sido a lo largo de la historia, de los muchos indígenas que matamos, del oro que robamos, de la cantidad de brujas que quemamos en la hoguera, de lo incultos que somos, del poco valor que tienen nuestras tradiciones heredadas de la superstición religiosa, de lo poco que vale cualquier manifestación artística propia en beneficio de los bodrios extranjeros que nos cuelan, etc. El mismo discurso de siempre, embustero y sin fundamento real alguno pero que mucho tonto, de esos que por esnobismo lee “el país”, se lo cree a pies juntillas y encima nos animan a que pidamos perdón y nos arrodillemos ante el mundo a suplicar que nos lo otorguen.

¿Perdón a quién?, ¿al moro por habernos invadido?, ¿a los que trataron de ocupar nuestro suelo sin que nosotros los llamásemos?, ¿a nuestros enemigos europeos por defender el catolicismo?, ¿a los imperialistas que nos expulsaron de nuestros territorios para ocuparlos ellos?, ¿a los dirigentes de los países hispanoamericanos, todos con mil apellidos de origen español, por habernos echado de allí para crear ellos sus chiringuitos corruptos?, ¿a quién…?

No quiero dejar pasar la oportunidad para felicitar a VOX, un partido al que no pertenezco, por su iniciativa de estos días, convirtiendo el recinto de IFEMA en un auténtico crisol de españolidad, de nuestras costumbres, nuestras tradiciones venidas de todos los rincones de España, nuestra milenaria cultura. Ojalá el resto de los partidos, especialmente los de la derecha, lo sepan imitar ya que de los otros -izquierda, ultraizquierda y separatistas- no se puede esperar otra cosa que tratar de menospreciar a la juventud intentando comprar su voto por 400 miserables euros, siendo ese el valor que le dan a los jóvenes a los que creen tan corruptos como ellos.

Hoy y mañana son dos días para celebrar sin complejos, para que todos los españoles de bien -los bastardos antiespañoles aquí no tienen cabida- nos sintamos orgullosos de ser españoles. Que la gloriosa Bandera Nacional se ice con honores en todos los pueblos de España; que en los colegios a los niños se les entregue una Bandera rojo y gualda y les den una lección sobre lo que ella signifique; que la historia y la cultura española, su música, su danza, sus corridas de toros, sus costumbres y tradiciones estén presentes en estas fechas y durante el resto del año y que todos aprendamos a amar un poco más a España cada día, sintiendo el orgullo de poder gritar a los vientos que ser español es una de las pocas cosa serias que se pueden ser en el mundo, como diría José Antonio.

¡Feliz Día de la Fiesta Nacional!

¡Arriba España!, ¡Viva España!