El Correo de España inicia un cuestionario a diferentes personalidades de la vida política y social española con motivo de la concentración de protesta contra Ley de Memoria Democrática frente al Congreso de los Diputados el próximo día 14 de julio

Entrevistamos al periodista Alfonso Merlos, presidente de El Mundo Financiero y autor del libro Ultimátum. La España herida y revuelta por el Covid-19.

¿Cómo valora la concentración de protesta contra la Ley de Memoria Democrática frente al Congreso de los Diputados del 14 de julio?

Toda concentración pacífica es respetable, porque es una forma de expresión que está en la esencia de nuestra democracia. Creo que es importante que se alce la voz frente a los experimentos de ingeniería social y contra el revisionismo histórico, dopado de sectarismo e ignorancia, al que tan proclive es la izquierda extrema en sus más diversos ropajes. Y en ésas estamos.

No obstante coincide con el Pleno Extraordinario en el que, inicuamente, se aprobará la ley, toda vez que socialistas y comunistas cuentan con el apoyo de Bildu y otras fuerzas secesionistas con representación parlamentaria…

Cualquier ley que nace sin consenso, ni político ni parlamentario ni social, es problemática, y suelen ser más los problemas que trae que las soluciones que aporta. Y éste es el caso. Resulta más triste todavía que, camino de 2023, haya una parte obtusa de nuestros indoctos y decadentes representantes públicos, que cuando el país se marcha al garete, acudan corriendo a por el comodín de Franco.

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Resulta muy significativo -concluyen los convocantes- que vaya a salir adelante dicha ley gracias al apoyo de la marca electoral de la banda terrorista ETA -en referencia a Bildu- y que vaya a ser ETA la que determine el relato histórico oficial”.

Yo no diría que es sólo significativo. Es paradójico, insultante, degradante. Si el referente de esta iniciativa es el Bien, es la Verdad, es la Justicia, es la Dignidad… nada que esté pactado con quienes ejercieron de mamporreros institucionales de los secuestradores de Ortega Lara o los asesinos de Miguel Ángel Blanco puede ser aceptable. Absolutamente nada. Hay que aislar a esas compañías.

Tanto es así que han dado en llamar a la nueva ley “Ley de Memoria Batasuna”.

Más allá de la repulsión de que la ley salga adelante con quienes representan el universo de la violencia, y han validado en el pasado el ejercicio del terror, quiero decirle algo: la memoria no puede travestirse, ni inventarse, ni corromperse ni constituirse. Nadie puede hacerlo. La memoria pertenece a cada cual. Es la Historia y la Verdad lo que aquí está en juego. Y revisarla, analizarla, interpretarla, profundizarla… es trabajo de historiadores y de académicos, no de batasunos.

Los convocantes entienden que la Ley de Memoria Democrática viene a endurecer la vigente Ley de Memoria Histórica. ¿Qué consecuencias prácticas considera que va a tener?

Es imprevisible. Más allá de lo que viene sobre el papel, cualquier cosa puede esperarse, en términos de puesta en escena, de un gobierno social-comunista que se encuentra en plena huida hacia adelante en este momento de grave crisis económica. A cualquier cortina de humo pueden y van a agarrarse Sánchez y sus aliados.

¿Por qué supone un gran atentado contra derechos y las libertades fundamentales de los españoles como son el derecho de asociación, la libertad de cátedra, la libertad religiosa, la libertad de imprenta, la libertad de expresión y difusión de ideas, etc. ?

Tendremos que ver cómo se materializa esta ley. Pero cualquier iniciativa que vaya encaminada a construir un “pensamiento único”, significa un atentado contra la pluralidad y la libertad. Lo apuntó inicialmente Schopenhauer y más adelante Marcuse: hay sistemas políticos que sueñan con que las ideas oficiales se conviertan en una suerte de dictado, de hipnosis para las masas. Ésa es la vocación de los autoritarismos y los totalitarismos. Y contra eso siempre hay una lucha moral que plantear.

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Les invitamos a leer el libro del entrevistado:

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