Anticipación del libro Crónicas de la tiranía feminista que será publicado próximamente por SND Editores.

Androsfera es el ámbito de formación y expresión de lo específicamente masculino, el espacio de transmisión, formación y vivencia de la masculinidad. Androsfera es la relación con el Padre y lo que nos transmite, son los ritos de iniciación del varón, son la amistad y las fraternidades masculinas. Es un espacio a la vez exterior e interior, a un tiempo cotidiano y simbólico, donde el hombre encuentra su fuerza, aprende a ser sí mismo y a relacionarse, con el mundo y con el otro sexo sin homologarse a una lógica que no es la suya.

Por eso mismo Androsfera es combatida con saña por el feminismo y su crisis es signo de una sociedad feminizada.

El descrédito de la paternidad y la campaña contra el Padre es el signo más evidente. También la eliminación completa, en nuestra cultura, de los ritos de paso e iniciación que marcan el paso del muchacho al hombre adulto. La educación cada vez más feminizada, la hostilidad cuando no la criminalización hacia las formas de vitalidad más propias de los varones. En un contexto de infantilización social e inmadurez militante que afecta a ambos sexos, aquí también algunos son menos iguales que otros; malamente disimulada, se evidencia una voluntad de impedir u obstaculizar todo aquello que es formativo para el sexo masculino, que lo hace crecer y ser fuerte interiormente.

Lo anterior es ciertamente pero no decisivo, siempre y cuando el cachorro de hombre o el varón adulto tenga puntos de referencia: la leyenda de Parsifal nos cuenta cómo el futuro caballero crece en un ambiente protegido y feminizado, donde se le quiere evitar la tentación de las armas; pero es suficiente que el joven se encuentre con unos caballeros armados en el bosque, para que sienta la llamada de su verdadero destino. Esos caballeros eran una de las encarnaciones del temenos masculino.

Temenos era en la antigüedad clásica un espacio reservado al culto, separado y delimitado del exterior, un espacio sacro. Por extensión y cumpliendo analógicamente la misma función, temenos masculino es el espacio reservado a la camaradería masculina, es una delimitación concreta de Androsfera en el espacio y en el tiempo. Es el ambiente donde no se admiten mujeres; no por animosidad hacia ellas, en absoluto, sino porque los hombres necesitan un espacio para estar entre ellos como lo necesitan las féminas.

De hecho los espacios reservados a mujeres siempre han existido y más aún hoy, aunque hayan degenerado en su mayoría a nidos de víboras feministas con un carácter totalmente destructivo; estas últimas tienen perfectamente clara la importancia de estos espacios.

Como también tienen clara la importancia de destruir los espacios reservados a los hombres: la sociedad feminista ha declarado una guerra a muerte al temenos masculino que se expresa en una abierta hostilidad hacia los ambientes exclusivamente masculinos. Ésta es la verdadera razón por la que las mujeres actuales se empeñan en introducirse en cada rincón previamente reservado a los varones; no tanto o no solamente por un interés genuino en esas actividades, sino por una voluntad específica de acabar con los ambientes de camaradería masculina.

Nos vienen a la mente por ejemplo los famosos clubs de caballeros con gran solera y tradición en ciertos países que han debido (ignoro si alguno se salva de la quema) abrir las puertas a las mujeres; cuando nada impediría la coexistencia de clubs masculinos, femeninos y mixtos, dejando que cada uno elija lo que más le agrade.

Otro caso evidente es Ejército; la solución de dar un espacio a las (pocas) mujeres realmente interesadas en la carrera militar, separando unidades femeninas y masculinas para llegar a una oficialidad mixta solamente a partir de un cierto punto en la cadena de mando, no ha sido adoptada que sepamos en ninguna parte; sin embargo sería una buena solución, evitaría varios problemas y respetaría tanto el temenos masculino como el presumible interés de las amazonas posmodernas de tener su espacio.

Pero tanto en un caso como en otro no se trata solamente de un interés en participar y seguir una vocación; además de ello hay detrás una voluntad de abolir y estropear los espacios reservados a hombres donde puedan estar sólo entre ellos.

Que se trata precisamente de esto, lo podemos ver en la mala baba y el odio apenas disimulado con la que las feministas miran a los ambientes puramente masculinos: cuando no se deja entender que solamente los homosexuales pueden querer desear un ambiente únicamente masculino (un absurdo que ni vale la pena comentar) se lanza la acusación de que tales ambientes son focos de misoginia, machismo recalcitrante, desprecio hacia la mujer.

Sin duda esto último es lo que en psicología se llama una proyección y en refranero castellano “cree el ladrón que todos son de su condición”… los ambientes femeninos actuales (sobre todo los politizados) sí que son en gran parte focos de odio contra el varón.

Lo que realmente escuece, provocando rabia en las feministas y desconfianza en muchas mujeres normales (en la medida en que una mujer puede ser normal en tiempos feministas) es que en el temenos masculino el hombre encuentra puntos de referencia, está perfectamente bien sin necesidad de mujeres, encuentra una comunidad que le refuerza interiormente y esto para muchas es intolerable: el varón debe ser privado de referencias, debe necesitar siempre a la mujer, debe ser debilitado.

Tranquilícense las mujeres en general y particularmente las hembristas: en sus gineceos empoderados y posmodernos, ciertas féminas degeneradas quizá se dediquen todo el día a escupir odio contra los hombres y tramar formar siempre nuevas de hacerles la vida imposible. Pero en el temenos de los hombres, en la camaradería masculina, no se habla sólo de mujeres y ni siquiera la mayor parte del tiempo; mucho menos se desperdicia ese tiempo en planificar la guerra de sexos y en cómo enfrentar a los unos con las otras.