Felipe VI carga sobre una adolescente, Julia Benedetti, “llevar a España a lo más alto”… Y digo yo, ¿por qué no lo hace él?  María del Carmen López Neira.

El padre se saltó la Constitución con el fin de reeditar aquél invento de su bisabuelo que fue la alternancia. Hoy su hijo y heredero no se aparta de ella ni un milímetro, pese a ser preso de un sistema que necesita un directorio de regeneración urgente. El miedo guarda la hacienda. Porque si el uno ayer hizo todo cuanto fue necesario por conservar lo que se le dio tras jurar cumplir lo que no cumplió; hoy el otro, sin mayor merecimientos por su parte que haber nacido de la unión de su padre y de su madre, y haber vulnerado el legítimo derecho de su hermana mayor, hace todo cuanto puede por resistir.  

Felipe VI terminará enfrentándose a la realidad. A la gran verdad que nadie le quiere. O más propiamente, que la Monarquía se ha manifestado como un gran fiasco. Una institución diseñada por la izquierda y motorizada por un elenco de asesores que intervienen en su representación artística con un amplio repertorio de frases para la ocasión, aunque algunas se vuelvan en su contra.  

Lo digo porque si Julia Benedetti consigue “llevar a España a lo más alto”, habría que nombrarla Reina de España. Digo yo.