A veces se especula sobre un supuesto odio generalizado por parte de los catalanes a España y a todo lo relacionado con la hispanidad. La ecuanimidad me obliga, no obstante, y como persona que vive en Cataluña (gracias a mi familia, desde hace 15 años), a hacer algunas aclaraciones a este respecto.

Yo he vivido siempre en zonas de un claro predominio independentista en lo que a tendencias se refiere, y que incluye el interior rural de la comunidad (en concreto la comarca de la Ribera del Ebro). He vivido también en la costa, un ámbito que incluye zonas de una mayoría favorable a la unidad.

Lo que me atrevería a considerar como común en todo el territorio, es un total aprecio y respeto por los español; por otro lado naturales. al hecho de haber formado Cataluña (con todas sus particularidades) del proceso de formación y desarrollo de la nación Española posteriores a la Constitución de 1812, y a lo que han conducido los fuertes vínculos entre este entidad (separada de Castilla hasta 1715, formando parte de la Corona de Aragón). Será ya (como podrá ver cualquier estudiante de historia como yo) a partir de la Independencia de Cuba cuando (también influenciada por esta experiencia) se desarrollará un autonomismo en Cataluña; y debido a que se han visto afectados directamente los intereses del motor económico del territorio (pero también, en parte, de toda España), que son los industriales y grandes comerciantes; y que ha afectado indirectamente al resto de catalanes (un proceso histórico propio de las circunstancias y el contexto, como cualquier otro).

Los que hayan estado en Cataluña, saben perfectamente que todo catalán habla el castellano a la perfección, no teniendo ningún problema para atenderte en español; algo que, además, suelen hacer con una total amabilidad (muy propia a ellos), te encuentres en Hospitalet del Llobregat, en un pueblo de Lérida, o en la Costa de Gerona; tanto si se encontrasen con un independentista como con un votante del PSC (o de Ciudadanos anteriormente). Como en todo, siempre puede haber alguna excepción (sería el caso de personas con problemas mentales), pero no es ni mucho menos un rasgo extendido (todo lo contrario, como ya señalado).

Cabe resaltar que los catalanes adoran la cultura española e hispanohablante en general (por otro lado la más cercana a la suya). La gran mayoría (o todos) de los jóvenes catalanes escuchan música española y latina. En los 80 con la Movida y grupos como Mecano; en los 90 con Alejandro Sanz o cualquier otro artista de éxito; en los 2000 con los grupos y cantantes del momento (a niños de mi clase en la Ribera del Ebro les encantaba Estopa, entre muchos otros), y a partir de la Gasolina de Daddy Yankee, el reguetón; ahora pop urbano (mayormente latino), trap en español, etc.  Como curiosidad, en mi colegio  en la Ribera del Ebro no enseñaban a bailar pasodoble.

Tampoco tienen que pensar que la gente en Cataluña ha estado a hostias en todos estos años. Incluso en momentos de máxima “politización”, entre la gente común, nunca ha habido discriminación o menosprecio por motivos ideológicos; y aún menos ha habido “familias rotas”, agresiones o ataques a personas o a negocios por parte de personas de ideología independentista (tampoco han sido habituales desde la tendencia opuesta), quitando los casos de vandalismo y violencia contra la policía por parte de elementos radicalizados (por otro lado propios de situación del grado de tensión de las del referendo ilegal).  Ha podido haber un  malestar en un grado variable en muchos individuos, (que creo superado ha mucho tiempo), pero en absoluto se ha extrapolado ni ha afectado a las relaciones familiares, sociales, laborales o de negocios.

Dejando aparte  las actuaciones de ciertos políticos, la realidad es que desde hace tiempo en España, la ideología ha dejado de ser motivo de discusión entre los ciudadanos; y así debe seguir siendo, ya que es una de las principales características de las sociedades sanas (de hecho, como destaca el gran economista, el Dr. Huerta de Soto, la despolitización es la característica principal de una sociedad sana; fíjense en Alemania, los países Nórdicos, el Grupo de Visegrado, o los EEUU y Suiza). No cabe tener prejuicios ni dejar de hablarle a alguien por ser independentista, socialista o comunista (y lo mismo respecto la gente de Vox o de cualquier otra tendencia). La ideología no se debe convertir en la base de todas las relaciones, y aún  menos (como ha acontecido con frikis como yo) en un rasgo en que basar la personalidad de uno mismo.