España aguanta y soporta como puede el que hoy es el confinamiento más extremo del mundo. Mientras nuestros vecinos italianos anuncian ya fechas para la apertura de comercios y su vuelta a la nueva normalidad, aquí, este gobierno, somete a la población a un encierro masivo, como si de ganado se tratase, dejando a un lado nuestros derechos más fundamentales de un plumazo.

Los ciudadanos, ejemplares siempre por su máxima obediencia en este confinamiento,  asisten a ruedas de prensa 'enlatadas' de un presidente que elige a qué medios contestar y a qué medios ignorar. En su última comparecencia del pasado sábado 25, Sánchez se refería a Fernando Simón como si de una eminencia se tratara. Alguien que es capaz de marearnos a todos, afirmando que no es necesario el uso de la mascarilla, es el mismo que días después sí recomienda su uso. Simón es el mismo que a día de hoy afirma que hacer deporte al aire libre de manera individual no supone ningún riesgo...¿Entonces? ¿Por qué lleva la población confinada durante 45 días?

El estado de alarma en sí no contempla como infracción el deambular por la vía pública, sólo la resistencia a la autoridad. Hoy por hoy, todo ciudadano que deambula por la vía pública no puede ser denunciado por este hecho. 

Que seamos el país con más número de fallecidos por coronavirus no nos hace menos merecedores de una vuelta a la vida, con nuevas medidas de seguridad y todo lo necesario para garantizar la salud pública, si la curva se doblega. Y así está ocurriendo. Bajan las cifras de fallecidos y aumentan las altas hospitalarias. Nuestras cifras son bastante similares a las que registra Italia. ¿Por qué el gobierno se aferra con uñas y dientes a otro nuevo estado de la alarma?

Quizás puede influir las millonarias reclamaciones por su gestión de la crisis sanitaria del coronavirus. Los bufetes ya preparan las demandas por falta de material sanitario, muertes en residencias, altas prematuras y daños económicos.

Podría ser que el gobierno de Sánchez nos quiera encerrados y con la boca más cerrada que abierta para no afrontar la catástrofe que se les avecina. 

La Confederación de Sindicatos Médicos (Cesm) se ha querellado ante el supremo contra el ministro de Sanidad, Salvador Illa, por el lote de mascarillas defectuoso que se repartió entre los sanitarios. 

¿Interesa entonces a Pedro Sánchez permitir la vuelta a esta nueva normalidad? ¿Estará este gobierno mucho más cómodo con las calles vacías y nuestras bocas cerradas? SI

Merecemos gobernantes que sigan los ejemplos europeos, que se pongan las pilas y nos liberen de este arresto domiciliario de una vez. ¿Qué nos hace diferentes de los franceses, de los italianos? ¿Por qué continuar con este estado de alarma?

Se nos quiere infundir el miedo permanente y continuo. Nos quieren tener dando paseos como almas en pena, controlando los minutos y segundos para volver a encerrarnos. ¿Nos merecemos esto? Que las caceroladas hablen...