Campesinos que votan a Marine. Trabajadores de fábrica que reparten propaganda de Marine. Juventud que no conoció ninguna guerra repartiendo y llenando actos de Marine. Intelectuales de izquierda cuyo discurso es asumido, integrado y desarrollado por Marine y su elite dirigente.

Y enfrente: la vieja izquierda sin discurso con sus militantes envejecidos y aburguesados. Los obreros ya no votan socialismo. Y esa viaja derecha que, traicionando aquella “grandeur” se ha entregado con entusiasmo a la globalización destruyendo a su paso la clase media.

¿Qué paisaje queda en esta segunda decena del siglo XXI? Dos frentes. Y ya no son ni izquierda ni derecha. Es más, podemos ver a esos antiguos adversarios unirse y votar juntos a un candidato que representa a los intereses de la alta finanza, los mandatos de Bruselas y la obediencia ciega a las elites mundialistas que nadie ha elegido.

Poco importa lo que suceda este domingo 7 de mayo. El frente se ha roto. La vieja política no volverá. Es la lógica impuesta por quienes destruyeron las comunidades populares, desmontaron la solidaridad como búsqueda de la Justicia y abrieron las fronteras para diluir la Historia común de las naciones.

Ahora mismo, como se vislumbró en Inglaterra o se descubrió en Estados Unidos, las viajes elites y el dinero están en las grandes urbes. Sin identidad ni raíces.

El nuevo discurso reclama Soberanía. Un Estado que recupere su dirección política y una democracia que realmente tenga un mandato imperativo de los electores.

¿España? Nuestra Nación sigue buscando errática por donde romper el corsé impuesto por el régimen del 78. Las autonomías han diluido (que no disuelto definitivamente) el sentimiento de pertenencia nacional necesario para una vigorosa reacción a la globalización. Y justo ese es el motivo por el que el nuevo populismo surgido en España no triunfará –pese a su arranque llamativo-: porque no han querido ni sabido apelar a la Nación. Si hay algo que conseguirá llevar al Pueblo al Poder será una Izquierda Nacional, no una izquierda sumergida en el borrado histórico, el odio de género o aceptando las viejas y vetustas normas que ellos mismos criticaron.

En España también se ha destruido la clase media. En España también se ha destruido y arrasado el tejido industrial. En España también importa más el producto agricultor o pesquero traido de fuera que el nacional. En España también se ha precarizado el salario empujado por una inmigración y una desregulación de todo un sistema que protegía al trabajador.

¿Entonces? ¿Por qué este vacío? Comparemos mensajes y liderazgos y hallaremos muchas respuestas.

El tren llega. Subamos al Pueblo a el porque nosotros mismos somos ese Pueblo al que han despojado.