Esos fenómenos que han ido apareciendo en las precedentes líneas de necrosis en buena medida son también políticas que los lobbies y las oligarquías ocultas nos quieren imponer, como he comentado repetidamente. Muchos perciben la degradación que esas políticas están vertiendo en la sociedad y, por tanto, no son aceptadas sin resistencia.

La apertura de fronteras y la sustitución étnica, las agendas de las varias lobbies del género estropeado incluyendo la manipulación sexual de nuestros hijos por degenerados sexuales, la degradación de la cultura y la educación; todos estos son temas fundamentales que tocan cuerdas profundas, provocan reacciones. Existe por tanto, siempre, la amenaza de una rebelión abierta contra estas agendas. Por muy intensa que sea la propaganda, por muy perfeccionado y potente que sea el sistema de hipnosis para rebajar el nivel de conciencia y hacernos comulgar con ruedas de molino, nunca se logrará apagar del todo el sentido de lo recto y lo torcido, eliminar y sofocar completamente valores humanos básicos. Y cuanto mayor sea el alcance de las aberraciones, cuanto más grandes sean esas ruedas de molino, mayor será la resistencia. Hasta el punto de que, como ya empezamos a darnos cuenta, el enemigo principal de las oligarquías psicópatas que nos gobiernan son principalmente sus propios ciudadanos; en los años venideros esta realidad será cada vez más evidente.

De esta manera, se hace necesario recurrir a la represión y al control sobre la población, o al menos contra esa parte de población que no han logrado hipnotizar del todo. Con varios pretextos y razones peregrinas se nos vigila y controla cada vez más en nombre de nuestra seguridad: cámaras por todas partes, espionaje electrónico, dinero electrónico rastreable, sistemas expertos (bajo el pomposo nombre de inteligencia artificial) que hacen innecesario colocar un ser humano detrás de cada cámara o micrófono. Dentro de poco todos los coches deberán llevar de fábrica un localizador, se nos dice que para informar de accidentes en tiempo real y mejorar la asistencia; pero el verdadero objeto, naturalmente, es saber en cada instante dónde está y dónde ha estado cada coche.

No se ve un límite a esta deriva hacia el control y la vigilancia total, aceptada por la población de una manera irreflexiva y totalmente conformista como una auténtica masa de borregos. Aunque sean borregos emancipados de todo y de todos.

El fanatismo de las restricciones a causa de la “pandemia” que no es tal, el delirio liberticida para imponer la vacunación a toda la población, la represión histérica de las voces disidentes en este tena, son algunas cuestiones muy actuales que muestran las costuras malamente disimuladas de este sistema de control total, son descosidos en la retórica de la libertad y la autonomía individual que se está revelando por lo que vale. En particular es grotesco observar cómo las gritonas del “mi cuerpo, mi decisión” aceptan dócilmente que se les imponga la inoculación de productos experimentales introducidos en sus cuerpos, cuyos efectos a largo plazo nadie conoce y que ya están demostrando efectos nocivos.

Eso por un lado. Por otra parte se introducen cada vez más delitos de opinión o “delitos de odio” como si los sentimientos se pudieran, o debieran, fiscalizar por parte de la magistratura. Los “delitos de odio” y el “discurso de odio” son expresiones en clave para indicar las ideas prohibidas, que se salen del rango que el sistema ha acotado como aceptable. Y es que el sistema de control del pensamiento en las sociedades democráticas actuales consiste en limitar el rango de opiniones admitidas, para dentro de este rango permitir el debate y la confrontación, aparentemente vivos pero totalmente insignificantes.

En cuanto a las opiniones que caen fuera son reprimidas, por las buenas o por las malas. Esto se ha practicado siempre, por supuesto, pero hoy se disfraza mejor que en otras épocas. De cualquier manera, hoy en día la fabricación por los medios de la “realidad percibida” hace casi innecesaria la censura abierta.

De esta manera, el control del pensamiento y de la opinión es perfectamente compatible con un régimen de libertades formales y se obtiene una masa contenta de esclavos enjaulados que no ven ni siquiera la propia jaula.