ARTÍCULO DE CARLOS J. GARCÍA

La declaración emitida por TV de la Ministra de Igualdad del gobierno de España, Irene Montero, acerca de la sexualidad infantil hace pocos días, es la siguiente:

«Todos los niños, las niñas, les niñes (sic) de este país, tienen derecho a conocer su propio cuerpo, a saber que ningún adulto puede tocar su cuerpo si ellos no quieren, si ellos no quieren, y que eso es una forma de violencia. Tienen derecho a conocer que pueden amar o tener relaciones sexuales con quien les dé la gana, basadas eso sí en el consentimiento».

¿Tener relaciones sexuales con quien les dé la gana?

¿Consentimiento?

El abuso, se define por tratar mal, excesiva, injusta, impropia o indebidamente a alguien.

La corrupción puede ser constitutiva o degenerativa. En el caso que nos ocupa es constitutiva, ya que se caracteriza por implantar en otra persona criterios de acción contrarios a su propio bien o al de terceras personas y por hacerle creer que todo vale para satisfacer intereses propios o de obtención de placer.

Los niños son seres inocentes. No conocen la distinción moral entre el bien y el mal. Ignoran la existencia de operaciones de manipulación, seducción, corrupción, abusos, hipocresías, utilización, y tantas otras que solo se van conociendo a lo largo de la vida. Su voluntad casi nunca es propia, sino asumida de la voluntad de sus mayores e, incluso, de la recepción de propaganda que reciben de los grandes medios de comunicación, internet y redes sociales, a la que, cada vez más, se encuentran expuestos.

Mutatis mutandis, ¿acaso no dicen, la ministra y sus camarillas, que las mujeres, incluso adultas, pueden ser obligadas a prostituirse  por terceros, mediante coacciones y amenazas? Es decir, reconocen abiertamente que la voluntad de una persona, sea de la edad que sea, puede ser impuesta por otros y que, por lo tanto, puede no ser su propia voluntad la que la impulsa a tener relaciones sexuales consentidas.

Si los niños conocieran los terribles efectos a los que se expondrían si fueran objeto de abusos sexuales (efectos que ni siquiera se pueden imaginar), jamás los consentirían.

Además, las condiciones en las que se podrían ver obligados a dar su consentimiento, pueden ser tan amenazantes como para que consideren que ser abusados es un mal menor, lo cual es un factor implicado en la implantación de actitudes masoquistas o de autosacrificio, que les acompañarán el resto de su vida.

Las implicaciones de dicha parafilia y sus efectos psicológicos pueden ser devastadores para el desarrollo personal de quien los padezca.

Todo adulto que interacciona sexualmente con un menor está cometiendo un abuso grave y se suele ubicar dentro de un perfil psicológico de psicópata integrado.

Los denominados IMP son los indicadores de maltrato psicológico y/o mecanismos encubiertos y manifiestos de abuso emocional, que conciernen, por ejemplo, según Taverniers (2001), citado en Psicópatas integrados/subclínicos en las relaciones de pareja: perfil, maltrato psicológico y factores de riesgo[i], a siete categorías:

Desvalorización.

Hostilidad.

Indiferencia.

Intimidación.

Imposición de conductas.

Culpabilización.

Bondad aparente.

Tales indicadores son congruentes con un subconjunto de modalidades de agresión, y no parece que puedan circunscribirse al ámbito de las relaciones de pareja entre adultos. De hecho, tales modalidades de agresión no parecen de naturaleza diferente a las que concurren en una variedad de abusos y formas de maltrato en la infancia, no seguidos de signos físicos evidentes, pero que causan graves problemas psicológicos.

La acomodación extrema en la infancia a un psicópata, progenitor o exterior a la familia, que impone unas restricciones existenciales específicas, y somete al niño a condiciones de pasibilidad ¾bajo amenazas, explícitas o implícitas, de poner en riesgo su supervivencia, o, incluso aceptando diversas formas de seducción¾, puede conllevar por parte del niño una valoración «costo-beneficio» por la que acabe por juzgar de modo favorable su propio sacrificio esencial o existencial, si el perjuicio, en caso contrario, fuera su abandono o su muerte. Tales condiciones genéricas, bastarían para agregar al resto de problemas que produzcan las experiencias de aprendizaje específicas en cada caso, el componente de la actitud favorable al auto-sacrificio, e, incluso, su valoración como algo neutro o positivo.

No obstante, cabe la posibilidad de que la mayor parte de los abusos a menores, tanto intrafamiliares como en centros de acogida de menores, se efectúen empleando la seducción con mayor frecuencia que la intimidación y la imposición, lo cual puede generar la adquisición de actitudes favorables a la promiscuidad en el futuro y una suerte de alianza con la figura agresora.

En cualquier caso, cuanto antes comiencen los niños o adolescentes a tener relaciones sexuales, más probabilidad tendrán de adquirir actitudes favorables a la promiscuidad en el futuro.

Veamos a continuación los problemas psicológicos que pueden causar los abusos a menores.

Las conexiones causales entre el abuso en la infancia y los trastornos mentales, no se limitan a la producción de trastornos de severidad reducida.

Se han reconocido explícitamente tales relaciones por un conjunto significativo de profesionales que parecen oponerse a la línea más institucional que tiende a minusvalorar el papel causal del abuso y el maltrato en la producción de trastornos severos.

Los psiquiatras Read, et al.[ii] exponen las siguientes consecuencias del abuso:

«Se ha demostrado que el abuso en la infancia tiene un papel causal en la depresión, los trastornos de ansiedad, el trastorno por estrés postraumático, los trastornos alimenticios, el abuso de sustancias intoxicantes, las disfunciones sexuales, los trastornos de personalidad y los trastornos disociativos (Boney-McCoy y Finkelhor 1996; Kendler et al. 2000). Cuanto más severo ha sido el abuso, mayor es la probabilidad de que surjan tales problemas durante la edad adulta (Mullen et al. 1993). Sin embargo, a menudo se presupone que el abuso en la infancia está menos relacionado con los trastornos psiquiátricos más severos, como la psicosis, en general, y la esquizofrenia, en particular. Sin embargo, demostraremos que la relación entre el trauma infantil y los síntomas de la esquizofrenia es igual de fuerte, o más, que las relaciones entre el trauma infantil y trastornos psiquiátricos menos severos.» (ibíd., p. 271)

Dichos autores efectúan una revisión pormenorizada de múltiples estudios e investigaciones existentes, que respaldan tal afirmación, y, a la vista de la gran cantidad de datos aportados, caben pocas dudas de que efectivamente llegan a respaldarla.

Por otra parte, dichos autores también indagaron si el pronóstico psiquiátrico empeora cuando los niños que han sufrido abusos en la infancia, también los siguen padeciendo pasada dicha etapa. En tal sentido, afirman que:

«Las personas que han sufrido abusos en la infancia tienen una probabilidad mayor de sufrir abusos de adultos (Muenzenmaier et al. 1993; Cloitre et al. 1996). Si, como resultado de un trauma temprano, uno ya es hipersensible a las amenazas, puede ser devastador cuando la amenaza se hace realidad. Anteriormente hemos visto que el abuso en la infancia está relacionado con las alucinaciones y, de una manera menos directa con los delirios. Cuando se analizó la capacidad del abuso en la infancia y el abuso en adultos de predecir estos síntomas en relación con cada uno (por regresión logística), sólo las voces que comentan y las alucinaciones táctiles se vieron predichas por el abuso en la infancia, si no le siguió un abuso en la edad adulta. Hasta el trastorno del pensamiento y los delirios ostentosos se predicen por el abuso en la infancia y en la edad adulta juntos (Read et al. 2003).» (ibíd., p. 290)

Ahora bien, volviendo a la cultura de la paidofilia, la ministra no ha sido muy original. El 30/09/2022, Ramiro Grau Morancho publicó un artículo[iii] en el que cita unas declaraciones recientes de la comunista chilena Camila Vallejo, actual ministra secretaria del gobierno chileno, en las que afirma: «la pedofilia es un derecho a recuperar», y «el feto es un parásito en el vientre de la mujer», entre otras barbaridades…

Además, mucho antes que esta última, Simone de Beauvoir[iv] defendió la plena libertad sexual que incluye la pedofilia en la atmósfera ideológica de la Revolución de 1968. Obviamente, en concomitancia con su allegado Jean Paul Sartre que dejó sin límite alguno la libertad, ni siquiera del propio ser que la ejerce y cuya existencia niega.

Empieza a parecer evidente que la pedofilia se implantará más pronto que tarde por el activismo que genera la basura ideológica de la contra-cultura imperante en la actualidad. Además, como todas sus ideas, se materializarán sin el más mínimo soporte racional, ni sabiduría alguna que las respalde.

A todo esto de la sexualidad infantil, aparte de los usos y costumbres precristianos de la cultura grecorromana, también se añadió en el siglo XIX la teoría de la sexualidad infantil como parte esencial de psicoanálisis, que vincula el desarrollo y todo el aparato psicológico a los “instintos sexuales y agresivos” de los niños desde prácticamente su nacimiento.

Para no extenderme en este tema, solo haré mención de los famosos complejos de Edipo (en varones) y el de Electra (en mujeres). Según Freud lo niños pasan por la etapa de querer sustituir al padre como pareja de la madre y, viceversa en al caso de las niñas. Además, si no superan esa fase padecerán neurosis o alteraciones semejantes. Por otra parte, dice Freud que el modo de superarlo consiste en percatarse de que no pueden hacerlo debido al mayor poder del padre, lo cual sería algo así como el cambio de una fantasía por una realidad.

Si esto lo vemos como algo simétrico a la paidofilia, no solo es que padres o madres pueden caer en esa parafilia, sino que los niños vendrían al mundo con una clara inclinación a una especie de adulto-filia, lo cual encajaría con la tesis de la ministra de que los niños pueden desear tener relaciones sexuales con adultos, lo cual incluye las de tipo incestuoso. Obviamente, todo esto es producto de imaginaciones que carecen de cualquier respaldo científico pero que emplean argumentos cientificistas.

Un ejemplo de paidofilia que generó bastante ruido hace alrededor de 30 años lo encontramos en el caso de Woody Allen y Mia Farrow que formaron pareja y vivieron en domicilios diferentes desde 1980 hasta 1992.

Ambos se separaron al saberse que Woody Allen se casó con Soon-Yi-Previn, hija adoptiva de Mia Farrow (adoptada en su matrimonio anterior con André Previn).

Además, en 1993 Mia Farrow y su hijo Ronan denunciaron a Woody Allen por abusos sexuales cometidos contra la hija adoptiva Dylan O´Sullivan cuando esta contaba 7 años de edad.

Además, en 2014 Ronan Farrow envió una carta al The New York Times disculpándose por haber guardado silencio ante tales abusos de su padre contra su hermana, que fue publicada sin relevancia alguna.

Previamente Ronan Farrow «había escrito una columna  en la revista The Hollywood Reporter refiriéndose a la doble moral de algunos grandes medios de comunicación y la protección que figuras poderosas –como su padre y Bill Cosby- tienen respecto a las denuncias de violación y abuso sexual.»[v]

Obviamente, aquellos abusos de Woody Allen quedaron impunes como ocurre en tantas ocasiones de violencia intrafamiliar.

Cito este caso para ejemplificar otro efecto que se da con cierta frecuencia y que debería ser considerado, también, por el feminismo.

Pensemos en un padre pedófilo incestuoso que mantiene relaciones con una hija manejando tácticas de seducción y que consigue que la hija se enamore de él. En este tipo de casos la madre es dejada de lado, su posición en la familia usurpado por la hija y acaba en un limbo en el que, traicionada por su marido y por su hija, no pinta nada en la estructura familiar.

Se trata de casos de desestructuración familiar no tan infrecuentes como se pueda creer y producen, no solo daño a la familia, sino también, a la madre que, como mujer es objeto de maltrato, tanto por un varón como por una mujer, que la desvalorizan hasta el punto de convertirla en un cero a la izquierda.

Pensemos en cómo se sintió Mia Farrow, pareja de Woody Allen, al enterarse de que éste se había casado con su hija Soon-Yi-Previn, tras lo cual, lógicamente Allen y Farrow dejaron de ser pareja.

Tampoco debemos olvidar los casos de abuso de menores que ocurren en ámbitos familiares o de protección social que son preteridos por los correspondientes cónyuges de los abusadores, o, en su caso, por algunos trabajadores, encargados o dirigentes de tales centros públicos.

Por otro lado, si nos atenemos a los datos que emiten las fuerzas de seguridad españolas acerca de la expansión de la pornografía infantil en internet, nos podremos hacer una idea de la importante presencia de esta forma de parafilia en la sociedad actual.

Todo esto es propio de la disolución de la actual civilización cuya clave es la decadencia moral ocurrida desde hace décadas, decadencia que se ha puesto de manifiesto una vez más por la reacción que ha tenido la Conferencia Episcopal de aceptación y defensa de las declaraciones de la ministra en cuestión (que por cierto es titulada en Psicología).

Tales declaraciones de aceptación de la pederastia («eso sí», consentida por los niños), ¿tendrá algo que ver con las demandas  legales de reparación de los abusos detectados dentro de la Iglesia?

Por último debemos recordar que, como se implante la pederastia como un derecho legal, significa que adquirir o detentar un derecho no puede hacerse sin el consentimiento de toda o la mayoría de la población.

La razón es sencilla. Cualquier cosa que sea la implantación institucional de un derecho concierne automáticamente al Estado de Derecho, el cual obliga a toda la población a respetarlo y respaldarlo, incluyendo a quien escribe esto. Este es el estado de cosas en el que nos encontramos.

[i] POZUECO ROMERO, J.M., MORENO MANSO, J.M., BLÁZQUEZ ALONSO, M, y GARCÍA BAAMONDE, E. (2013). Psicópatas integrados/subclínicos en las relaciones de pareja: perfil, maltrato psicológico y factores de riesgo. PAPELES DEL COLEGIO. VOL. 34. ENERO-ABRIL. 32-48

[ii] READ JOHN, GOODMAN, LISA, MORRISON, ANTHONY P., ROSS, COLIN A.  y ADERHOLD, VOLKMAR: “Trauma infantil pérdida y estrés”, en READ, J. MOSHER, LOREN R. y BENTALL, RICHARD P. (eds.), Op. Cit., ML

[iii] https://www.xn--elespaoldigital-3qb.com/irene-montero-es-la-camila-vallejo-espanola/

[iv] DE BEAUVOIR, SIMONE; El Segundo Sexo ; trad. del original Le deuxième sexe; de 1949;  Ediciones Cátedra; Madrid, 2005

[v] https://www.infobae.com/2016/05/12/1811007-abusos-y-silencios-la-dura-carta-ronan-farrow-el-hijo-woody-allen/