Eurovision Song Contest, he aquí su nombre oficial, en inglés, por supuesto, pues no faltaría más, en un idioma que no es el más hablado de Europa, sino el cuarto, por detrás del ruso, del alemán y del francés. Ni tampoco el más hablado de América, pues el español es el que más se habla en aquel continente. Únicamente es el idioma más hablado en Oceanía, ¿por dónde queda eso?

En el último campeonato mundial de fútbol, por poner este verbigracia, participaban ocho selecciones de países de habla española, por tan sólo dos de habla inglesa, ¿y cuál creen ustedes que fue el idioma oficial del campeonato? Excuso decir.

En la Vuelta Ciclista a Francia, valga este otro ejemplo, antes a los corredores se les entrevistaba en francés, ya fueran francoparlante (franceses, belgas, suizos), o no lo fueran, pues para eso estábamos en Francia. Hoy en día, asómbrense, en la televisión francesa se les entrevista en inglés, el idioma oficial del Tour, lo veo y no lo creo.

¿Por qué todo tiene que ser en inglés en los países en los que no se habla ese idioma? Eso habrá que preguntárselo a los que fundan empresas u organizan eventos con nombres en inglés, o a los que ponen anuncios en ese mismo idioma, pues un servidor se reconoce incapaz de encontrar el motivo de despreciar el propio idioma para ensalzar el ajeno.

España ya no es España, ahora es Spain según los mismos españoles, no hay más que ver las etiquetas de los productos en esta nuestra nación fabricados. Y si nos metemos en un hipermercado, veremos que en España ya no hay hombre ni mujeres, sino que ahora son Men y Women según los nombres de las diferentes secciones. Ya no hay zapatos, ibídem, sino que ahora son Shoes. Las barberías de toda la vida hoy ya son Barber Shops nada menos. Y así podríamos estar citando ejemplos hasta mañana, para verecundia de los españoles verdaderos que todavía quedamos.

Allá por los tiempos antiguos, así decía Elio Antonio de Nebrija: “El que latín non sabe, asno se puede llamar de dos pies.” Hoy no erraría quien dijera que por muy ignorante se le podría tener al que no sepa algo de inglés, el idioma obligado, el idioma de la globalización y del gobierno mundial. “They are stupid, they don’t speak English.” Así decían unas viejas inglesas en el banco cuando el empleado que las atendía no las entendía, a quién se le ocurre, miren que no entender el idioma oficial del mundo...

Antes, y volviendo al festival de Eurovisión, era de obligado cumplimiento la norma según la cual cada cantante debía cantar en un idioma oficial del país al que representaba, hasta que esa norma, cómo no, fue abolida por los partidarios de la gran fraternidad universal, y desde entonces, salvo honrosas excepciones, los cantantes cantan sus canciones en inglés.

Salvo países como Francia, Italia, nosotros mismos, si bien no siempre, y alguno más, como Portugal, y algún otro caso aislado, todos los demás se han rendido al inglés, hasta los alemanes y los rusos, cuyos idiomas propios son en toda Europa más hablados que el omnipresente inglés. De tal manera que, en vez de Eurovisión, la televisión de toda Europa, yo a ese festival le llamo de Anglovisión, la televisión de los angloparlantes, ya insulares, ya continentales.

Hasta nuestros cantantes, que representan en teoría al país donde se habla el segundo idioma del mundo en importancia, han cedido a la tentación de cantar en ese aborrecido inglés. Primero, aquella cantante con su “meidinespéin”, vergüenza me daba oírla, y luego aquélla otra con su “yuroslivinselebreision”, ídem de ídem, pero el colmo de los colmos fue ya cuando uno de los que se dicen representantes de España cantó toda la canción en puro inglés. ¡Vergüenza nacional! Hasta nuestra ilustre Real Academia, en un comunicado, pidió que se cantase en español. “Es que en inglés –le contestaron– llega a más gente.” Valiente estupidez. Que no les llegue a los mismos españoles el significado de la letra, pero que no les deje de llegar los ingleses y a los irlandeses, como si a ésos les importase gran cosa. Como si el español fuera un idioma de andar por casa, que nadie entendiese fuera de nuestras fronteras. Y aunque así fuese, cada país deberá cantar en su idioma, es lo natural, lo contrario resulta absurdo y de lo más opuesto al orgullo nacional. ¿De verdad un holandés se sentirá identificado con cuatro negros americanos cantando en inglés, y representado por ellos? Yo no lo concibo, vergüenza ajena me daba verlos.

¿Conque en inglés para que así pueda llegar a más gente? Nuestra canción en inglés a tanta gente llegó, que quedó de las últimas en la clasificación final, como siempre, de lo cual harto me complací.

Los jurados de cada país deben hablar, al expresar sus puntuaciones, en inglés o en francés, que son los idiomas oficiales de la Eurovisión, a pesar de que el alemán y el ruso son más hablados. Spein, zri points. Lespañ, trua puan. Antes, hace años, recuerdo que los jurados desde sus países respectivos hablaban, unos en francés, en inglés otros. Hoy nadie habla en francés, sino todos en inglés, de tal manera que el francés prácticamente ha desaparecido, devorado por el inglés.

En los últimos años, ver el festival de los países europeos ha sido como ver un certamen de la canción inglesa, pocos cantantes se atreven ya a cantar en idioma distinto al inglés.

De las decisiones de los jurados, mejor no hablar. Si canta un travesti, a ése hay que votarle, no vaya a ser que nos llamen homófobos y nos tenga por gente atrasada y reacia la apertura y la modernidad. Si no damos ni un voto a Israel, nos podrían llamar antisemitas y nazis, y eso sí que no, cualquier cosa antes que eso. Y si canta un mongólico, a los que no le den votos les pondrán de despiadados y faltos de sensibilidad, y qué sé yo. Ya no gana, en definitiva la mejor canción, y no ya porque no se ha inventado todavía el cancionómetro, el aparato que sirve para medir canciones, sino que las votaciones se dan o se dejan de dar por motivos políticos, más que puramente artísticos, eso ya es sabido de todos, no descubrirá nada nuevo quien así lo consiguiere demostrar.

Este año, no hay mal que por bien no venga, no hay Festival de Eurovisión, a causa del virus chino. En otras ocasiones no he querido verlo, pero tampoco he podido impedir que lo vean los demás. Este año, ni lo veré yo, ni lo verá nadie. ¡Mucho mejor así!