El jefe de la oposición de derechas en 1936, José Calvo Sotelo, pronunció una frase antes de ser asesinado por los escoltas de Prieto: “prefiero una España roja a una España rota".

En el día de ayer Casado, el jefe de la actual oposición de derechas, ha dejado bien claro que el PP no tiene ninguna intención de cambiar y va a seguir como siempre, sin plantar cara a la izquierda, dejando que ideológica y culturalmente siga campando por sus respetos. Su objetivo no es destruir al PSOE, su objetivo es que VOX desaparezca, el hecho de que emplee más beligerancia contra Abascal que contra Pedro Sánchez  deja meridianamente claro a quien considera enemigo político.

El PP de Casado quiere resucitar el consenso del 78. Ignorando dos cuestiones fundamentales. La primera, que la vía del régimen del 78 está muerta. La izquierda no está en reeditar ese consenso, sino en cambiar el régimen, construir una España federal, más bien confederal, “una nación de naciones”, a ser posible bajo la etiqueta de Unión de Repúblicas Ibéricas (o Españolas para que cuele mejor).  La segunda, que ese régimen del 78 encerraba en su génesis el cáncer que nos corroe: Dotaba a los separatistas de los instrumentos que precisaban para avanzar en la destrucción de España, a través de las autonomías y el concepto de nacionalidad consagrado en la Constitución. Aunque proclamaba la intención de reconciliación de los bandos de la guerra civil, en la realidad de su día a día ha deslegitimado y denigrado al bando nacional, mientras ha otorgado la superioridad moral al bando rojo. El estercolero de corrupción en que partidos, sindicatos y los grandes capitalistas del Ibex35 han convertido el país bajo la cobertura del régimen del 78, con Juan Carlos I como su máximo representante, ha contribuido a la desintegración nacional. Por supuesto, Casado y los suyos jamás reconocerán esta última cuestión. El PP ha sido participe y responsable junto al PSOE del fracaso del régimen del 78.

Sabiendo lo anterior, es fácil comprender porque VOX molesta tanto al PP. No tanto porque en VOX defiendan principios que en el PP han abandonado ya desde sus primeros tiempos, la conciencia de los del PP reside en sus bolsillos. Lo que duele es perder 4 millones de votos y el poder que otorgan.

Con el paso que ha dado Casado, declarando enemigo a VOX, la salida lógica para el PP sería la que pedían a Rivera desde el Ibex35, respaldar al gobierno de Pedro Sánchez a cambio de sacar a comunistas y separatistas de la ecuación de poder. Inés Arrimadas estaría encantada con la operación, incluso podría deshacer Ciudadanos para integrarse en el PP centrista. Con que la derechita moderadita consiguiese sacar a los separatistas del poder ya nos daríamos con un canto en los dientes. ¡Ánimo Casado¡ España antes roja que rota. Al menos ganaremos tiempo y Pablo Casado servirá para algo antes de desparecer de la escena política. 

Tendrán que ser otras fuerzas políticas las que lideren y propugnen las reformas radicales que consigan la profunda transformación que necesita nuestra realidad política para conseguir salvaguardar la unidad de España, acabar con la corrupción del Estado de partidos y garantizar la libertad y bienestar de todos los españoles.

Esperemos que en VOX se den cuenta de que lo que necesita España es un cambio de régimen, no reeditar el consenso ni el pasteleo partidista que nos ha colocado al borde la extinción de España como Nación y de paso ha enriquecido a una oligarquía traidora, mientras se empobrecía nuestra clase media y se endeudaba a las generaciones futuras. En estos momentos se vuelve imprescindible tener claro que el enemigo político no puede pensarse en términos de competidor en votos, como hace el PP en la más pura tradición liberal, si no, en la línea sostenida por Carl Schmitt, como aquel que pone en peligro los principios esenciales en que se concibe la convivencia social, en nuestro caso la Nación Española.