“La demagogia encuentra su sustancia en la estupidez del electorado”

 Los leones del Congreso están atónitos por la demagogia que durante dos días los diputados, desde el presidente Sánchez hasta el partido más pequeño, ha esparcido sin el más mínimo rubor por el hemiciclo del Congreso; demagogia que ha pasado como un rodillo por encima del millón de contagiados y de los más de 50.000 muertos.

 Los ciudadanos deberían saber antes de votar lo que puede acontecer en un país gobernado por demagogos, deberían grabarse en la mente que el más vil espécimen que en toda su historia ha dado la especie humana es el demagogo, y que este se alimenta intoxicando el raciocinio del ciudadano para conducirlo hasta la estupidez. El progreso ha traído muchas cosas y ha eliminado otras, pero la demagogia está presente en el mundo desde sus albores y la estupidez, no solo no ha sido eliminada, sino que, con el progreso ha aumentado exponencialmente para desgracia de los hombres y de los países donde está instalada mediante la explotación de los miedos de los ciudadanos. El demagogo se vale de la masa idiotizada para, mediante promesas difíciles de cumplir, pero populares y que suenan bien a los oídos de quienes oyen solo lo que quieren oír, no la verdad porque esta molesta, convence al pueblo para convertirlo en el principal instrumento que utiliza para alcanzar el poder. Aristóteles denominó a la demagogia como “La forma más corrupta y degenerada de la democracia” Pues bien, los dos días que ha durado la moción de censura presentada por Vox, han sido la muestra más transparente de lo que es la demagogia: una retahíla de falsedades y de enfrentamientos que le sirven como savia para su vida, una ristra de promesas falsas, una lista interminable de elogios para si mismo y admoniciones para los otros, y una falta absoluta de soluciones porque el demagogo no busca soluciones, sino que aprovecha las crisis, sean de lo que sea, para sacar de ellas los réditos que le permitan alcanzar el poder y mantenerlo.

España está gobernada por demagogos a los que los ciudadanos les han entregado el poder dejándose embaucar por la demagogia más burda, vomitiva y repugnante, la misma que durante dos días ha esparcido su insoportable y nauseabundo olor a lo largo y ancho del Congreso mientras más de un millón de contagiados y decenas de miles de muertos sobrevolaban el hemiciclo.