Frecuentemente, a lo largo de nuestra vida, nos enfrentamos a situaciones que nos resultan paradójicas, por su carácter contradictorio y su incoherencia con la realidad esperada. Para intentar entender tales situaciones no basta con una mera aproximación superficial, ya que ello no nos permite encontrar explicaciones de carácter lógico o racional que den cuenta de lo ocurrido, tendiendo, de esta forma, a pensar que la paradoja es algo anecdótico y, por tanto, contingente y puntual. Sin embargo, si abordamos la cuestión en profundidad mediante una análisis pormenorizado del conjunto de fenómenos y procesos que subyacen ocultos bajo el manto de la incongruencia, en no pocas ocasiones hallamos una cadena causal que explica de manera convincente lo sucedido, resolviéndose así la paradoja.

Es precisamente este tipo de situación aparentemente paradójica lo que ha acontecido a propósito de la negociación de los presupuestos para el ejercicio 2022 en las comunidades autónomas de Madrid y Andalucía. Así, a pesar de que en ambas comunidades estaban implicados en la negociación los mismos partidos políticos, esto es Vox y PP, lo cierto es que el resultado final no ha podido ser más dispar, ya que mientras que en la comunidad madrileña se ha llegado sin problema alguno a un acuerdo final, en la comunidad andaluza el desacuerdo ha sido total.

Son diversas las causas que explican el porqué de esta insólita situación, algunas de ellas tienen que ver con la naturaleza política intrínseca de Vox y el PP y otras con las características personales de los actuales líderes nacionales y regionales de ambas formaciones.

Así, desde su formación hasta el día de hoy, Vox se ha mostrado como un partido político vertebrado por una serie de valores innegociables, los cuales ha sabido trasmitir nítidamente mediante un discurso unívoco y coherente, fortalecido además por la virtud de ser el mismo en todos los rincones de la nación española. Ello no solo le ha proporcionado solidez interna, sino también buenos dividendos en términos de credibilidad. Con este proceder, Vox ha demostrado que si algo le caracteriza es la lealtad a unos valores, la lealtad a un proyecto político y la lealtad a los españoles, ya que -a pesar de los permanentes e injustificados intentos de demonización por parte de la izquierda política, amplificados mediante un malévolo ejercicio de manipulación informativa por parte de la izquierda mediática- ha sabido en todo momento mantener el rumbo, sin desdibujar su mensaje.  

Esta fidelidad a sus ideas y a sus electores se ha puesto de manifiesto de manera inequívoca cuando ha dado su apoyo al PP para desalojar a los socialcomunistas del poder allí donde sus votos han sido necesarios. Si ello no fuera suficiente demostración de su férreo compromiso con la lucha contra la amenaza totalitaria que la izquierda española representa, se da la particularidad de que su apoyo al PP ha sido absolutamente desinteresado, pues a cambio de ello no ha solicitado ningún cargo ni prebenda.

En función de lo expuesto parece razonable pensar que Vox se ha comportado en ambas comunidades de manera honesta, intentando ver plasmadas en los presupuestos el conjunto de medidas acordadas con los populares en los respectivos pactos de investidura. Por lo tanto, todo indica que la manzana de la discordia que ha impedido que los presupuestos andaluces salieran adelante se halla en el huerto de la formación azul.

A este respecto, en primer lugar, es necesario puntualizar que en la actualidad coexisten en el PP dos sensibilidades bien diferentes. Así, en una situación de continuo enfrentamiento, tenemos, por un lado, a la dirección del partido con Pablo Casado al frente y, por otro lado, a la presidenta de la Comunidad de Madrid (CAM), Isabel Díaz Ayuso.

Si bien el acceso de P. Casado a la presidencia del PP supuso inicialmente un soplo de esperanza para el votante de centroderecha, pronto demostró con su comportamiento que no era un hombre llamado a protagonizar grandes gestas. Así, en total concordancia con el ADN del PP, P. Casado a lo largo de su andadura presidencial no ha hecho otra cosa que rendir permanente pleitesía a los postulados del pensamiento “progre”, llegando al punto de relegar al ostracismo a una persona como Cayetana Álvarez de Toledo, particularmente capacitada desde el punto de vista intelectual, por el mero hecho de afrontar con determinación la batalla cultural contra la asfixiante intolerancia ideológica propia del socialcomunismo.

Asimismo, como la mediocridad no admite a la excelencia como compañero de viaje, tras la emergencia por méritos propios de Isabel Díaz Ayuso como estrella indiscutible del centroderecha español, un desbordado P. Casado -con la perniciosa influencia de un ser minúsculo en todos los sentidos, como Teodoro García Egea- en lugar de aprovechar el enorme potencial político de la presidenta de la CAM, no ha hecho otra cosa que intentar minimizar su inevitable protagonismo, generando una crisis innecesaria y enormemente perjudicial para sus propios intereses electorales.

Después de su miserable actuación contra Santiago Abascal en la moción de censura contra Pedro Sánchez, sabíamos que, a P. Casado le ocurre lo mismo que a Groucho Marx, es decir, que tiene unos principios, pero si es necesario los cambia. Lo que desconocíamos era su grado de estupidez, pero, a la vista de su comportamiento, comenzamos a sospechar que es elevado. Así, mientras todos y cada uno de los sondeos electorales realizados hasta la fecha ponen de manifiesto que el PP solo podrá gobernar con la ayuda de Vox, P. Casado no hace otra cosa que atacar a la formación verde, poniendo, así, en riesgo la creación de una gran coalición de centroderecha capaz de alcanzar la victoria en las próximas elecciones generales.

Por lo que respecta a la Comunidad de Andalucía, cuando Juanma Moreno alcanzó la presidencia del gobierno regional -con la inestimable colaboración de Vox- se encontró con que, tras más de 4 décadas de cleptocracia socialista, la Junta de Andalucía se había convertido en un “patio de Monipodio” en el que los políticos instalados en el poder y sus amigos sindicalistas se enriquecían progresivamente, mientras el pueblo no hacía otra cosa que empobrecerse. Con tan nefasto punto de partida, no es de extrañar que las medidas adoptadas por el Gobierno de J. Moreno, más pronto que tarde, dieran lugar a una notable mejoría económica. Sin embargo, en lugar de proseguir por la senda de la recuperación económica y acometer junto a Vox un decidido desmantelamiento del corrupto entramado ideológico-empresarial socialista, el presidente andaluz, siguiendo la senda marcada por el dúo dinámico genovés, ha optado por dinamitar cualquier posibilidad de acuerdo presupuestario con Vox. De esta forma, J. Moreno, además de mostrarnos su hipocresía al morder la mano que le ha dado de comer, lo que realmente ha conseguido es comprometer la viabilidad de ese gran proyecto de futuro que necesita Andalucía y que irremediablemente pasa por el entendimiento entre Vox y el PP.

Todo lo contrario que en Andalucía ha sucedido en la CAM. Así, Isabel D. Ayuso, demostrando una vez más su enorme inteligencia política y su extraordinaria capacidad de liderazgo, no ha tenido reparo alguno, por carecer de complejos y estar sobrada de valores, en sentarse con absoluta naturalidad con Rocío Monasterio, otra mujer sin duda enormemente valiosa, para negociar punto por punto cada partida presupuestaria. De esta forma, se ha conseguido llegar a un acuerdo entre el PP y Vox que asegura la aprobación de unos presupuestos de espíritu liberal y vocación social, que vienen a garantizar el que Madrid siga siendo la comunidad autónoma líder en crecimiento económico, inversión de capital extranjero, creación de empleo, desarrollo de programas sociales orientados a los más desfavorecidos y todo ello sobre la base de una política impositiva razonablemente baja. En consecuencia, Isabel D. Ayuso y R. Monasterio han sentado las bases de ese gran pacto nacional entre Vox y el PP que los españoles de bien están demandando a gritos, con la finalidad de dejar atrás de una vez por todas la barbarie socialcomunista que amenaza con llevar a España al infierno sin retorno de la opresión y la miseria.

Decía Abraham Lincoln que “La probabilidad de perder en la lucha no debe disuadirnos de apoyar una causa que creemos justa”. Tanto Santiago Abascal como Isabel D. Ayuso lo tienen claro, por lo que solo hace falta que P. Casado y los barones regionales del PP dejen atrás sus complejos y temores para consolidar una gran alternativa liberal, constitucionalista, democrática y social, con la esperanza puesta en competir con posibilidades de éxito ante esa diabólica coalición formada por socialsanchistas, comunistas, golpistas catalanes y bilduetarras vascos. En ello nos va el futuro de España.